Tratado elemental de fantasmas

Javier García-Galiano

“El origen del bosque es un fantasma”, está escrito en El Evangelio de Damasco. “También el desierto es un fantasma”. No se sabe de la existencia del fantasma de Adán, pero en Irlanda un monje copto predicaba que “el fantasma de la serpiente no deja de acechar”... Los fantasmas de Caín y Abel no han dejado de recorrer el mundo...

Entre las formas que pueden adoptar los fantasmas, la de la música no parece la menos misteriosa. No se trata de un eco perpetuo. No pocos marineros refieren que en ciertas noches todavía puede oírse el canto de las sirenas en el Mediterráneo. En Bahía de Magdalena, en Baja California Sur, se oye el canto de ballenas aunque no haya ni una ballena. En el santuario y monasterio austriaco de Mariazell, en el valle Erlafy, suele advertirse el rumor de un arrollo de los Alpes que desapareció antes del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo. Álvaro Cunqueiro recordaba que Arenhim, el rey de los gnomos, que emigraba del bosque germánico en estío y regresaba hasta primavera, era un flautista prodigioso que un año decidió quedarse en ese bosque para ser testigo del otoño y del invierno. Su pueblo de gnomos y su prometida se negaron a acompañarlo. “Cuando el bosque comenzó a dar hojas secas, don Arenhim se maravilló. Caían ocres y rojizas, amarillas, sobre su colorado gorro puntiagudo, y si Arenhim tocaba, se quedaban un instante en el aire, escuchándolo” y “cuando Arenhim terminaba de tocar, el viento emprendía su eterno viaje, y llevando en sus manos las tonadas de Arenhim, las dejaba caer aquí y allá, en Francia, en Cataluña o en Portugal y en el mar”.

Un libro puede importar también un fantasma. Quevedo, se sabe, declaró en verso:

Retirado en la paz de estos desiertos,

con pocos, pero doctos libros juntos,

vivo en conversación con los difuntos,

y escucho con mis ojos a los muertos.

Hay quien sospecha que una biblioteca cultiva una conjura de fantasmas que no pocas veces se pelean, como lo refirió Jonathan Swift en el Relato de la batalla de los libros antiguos y modernos en la Biblioteca Saint James, a pesar de que advertía que “se guarde de aplicar a las personas lo que aquí se da a entender de los libros en el sentido más literal. Así que cuando se menciona a Virgilio, no hemos de ver la persona del famoso poeta llamada con ese nombre, sino ciertas hojas de papel, encuadernadas en cuero, que contienen las obras del susodicho poeta”.

Karina Sosa Castañeda evoca una biblioteca que “huele a clavo y naftalina. Las estanterías tienen algo de polvo. Un hombre con el cabello alborotado está trepado en una escalera. El hombre mueve un libro y luego otro. Busca algo en las Cartas de relación, y pide a un bibliotecario que traiga el Popol Vuh”.

En esa biblioteca se halla el origen de Caballo fantasma, el libro de Karina Sosa Castañeda que recientemente editó Almadía, y que no se encontraba entre sus 13 mil libros, casi todos “donados por ese hombre que ahora lee allí. Lo observo y quiero darle un abrazo, contarle la historia de mis fantasmas”.

Se trata de una lectora aguzada, que conduce su curiosidad sagazmente, que un descubrimiento la conduce a otro hasta comprender que, como muchos lectores, el placer de la lectura la ha conducido al placer de la escritura.

Naturalmente, sin afectaciones eruditas ni presuntuosas, algunas de las lecturas de Karina Sosa Castañeda conforman la trama de Caballo fantasma, que no prescinde de la historia de su escritura. Ha hallado asimismo un género propio, íntimo, derivado de las viñetas, del diario, de los apuntes, de la remembranza.

La literatura la induce a descubrir fantasmas. No aquellos a los que se recurre para incitar el terror como un entretenimiento, sino a los fantasmas cotidianos; en principio, el de la madre recién muerta, que deja también un rastro de objetos. “Ojalá con los muertos se esfumaran de la tierra cada uno de los objetos que los acompañaron en vida”, escribió Karina Sosa Castañeda en la primera página de su primer libro y que un par de páginas después se pregunta: “¿Alguien que te habita brevemente apenas un segundo, puede existir en ti eternamente?”

Los fantasmas de Karina Sosa Castañeda son consuetudinarios, adquieren la forma del recuerdo y la evocación y parecen sugerir que todos somos, en realidad, fantasmas contenidos a veces en un libro.

Leo Caballo fantasma de Karina Sosa Castañeda en una ciudad que el miedo a un virus ha convertido en una ciudad fantasma y advierto que yo también soy un fantasma.

TEMAS RELACIONADOS

Comentarios