Aunque se atribuye al escritor griego del siglo sexto Damascius el uso más antiguo de la palabra que devino biografía, el artículo Biography del tercer volumen de la eleven edition de The Encyclopaedia Britannica, firmado con las iniciales E. G., sostiene que la diferencia entre historia y biografía es un asunto moderno. “Hablamos de ‘biografía antigua’, pero es de dudarse si algún escritor de la antigüedad, también Plutarco, advertía con claridad su existencia posible como una rama de la literatura. Todos ellos, y ciertamente Plutarco, consideraban la escritura de la vida de un hombre como la ocasión para celebrar en la persona ciertas cualidades morales definidas”.

El artículo de The Encyclopaedia Britannica afirma que “el ejemplo más interesante de biografía que existe en inglés o quizá en cualquier idioma” es Vida del Dr. Samuel Johnson, de James Boswell. No menciona, sin embargo, a Thomas Carlyle, que el martes 5 de mayo de 1840, al principio de la primera conferencia que sostuvo acerca de Los héroes, aseguraba que la Historia Universal, “el relato de lo que hizo el hombre en el mundo, es en el fondo la historia de los Grandes Hombres”. Tampoco se detiene en Vidas imaginarias de Marcel Schwob, que, según José Emilio Pacheco, Le Journal de París comenzó a publicar el viernes 20 de julio de 1894 y los editores Charpentier y Frasquelle imprimieron como libro en 1896. A pesar de que esas biografías conjeturales han propiciado otras, como las que Borges recreó en Historia Universal de la Infamia, la de Marcel Schwob todavía no se ha convertido en una biografía “imaginaria”.

Con naturalidad, durante su jornada terrestre, Joseph Roth no dejaba de imaginarse autobiografías imaginarias; desde niño conjeturó historias posibles de su vida, que no prescindían de un padre rabino visionario y de una ascendencia bastarda que convergía con los Habsburgo.

No pocos lectores han sospechado que su biografía también se halla no sólo en sus sucesivos reportajes, a veces “sentimentales”, sino en sus relatos y novelas. Algunos han creído que La leyenda del Santo Bebedor importa uno de sus autorretratos más fieles.

No parece extraño que un personaje como Joseph Roth incite a ensayar una biografía. La editorial de la Universidad Veracruzana acaba de editar una de ellas: La fuga sin fin. Genio y tragedia de Joseph Roth, de Keiron Pim, traducida por Jorge Brash.

Desde el título, el de una de las primeras novelas de Roth, Kim halla sus rastros en sus libros y reportajes. No prescinde de otras biografías, sobre todo la de David Bromsen, ni de testimonios como los de Soma Morgenstern y Geza von Czifra, pero también comporta una historia personal: viaja y reconstruye Galitzia Oriental, donde nació Roth porque de ahí también proceden sus ancestros y su relato le depara al lector los lugares y las circunstancias del Imperio Austrohúngaro de muchos relatos de Roth, recorre Viena, donde también vivieron sus familiares, concibe una historia de aquellos años, menos idílicos de lo que sugieren sus evocaciones; su familia, como la de Roth, es judía y su destino también fue el exilio.

Paradójicamente la biografía de un escritor como Roth puede ser también la del tiempo en el que vivió.

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