Para encausarse por la ruta del desarrollo y la prosperidad, nuestro país debe superar retos formidables. Ante el fenómeno de expansión de la educación superior en el mundo, México tiene un bajo nivel de cobertura de educación superior (39.7%), lo que nos coloca 12 puntos porcentuales por debajo del promedio de América Latina y el Caribe (51.8%), y la diferencia es significativamente mayor con países como Costa Rica (55.2%), Colombia (55.3%), Chile (88.5%) y Argentina (90%).

Para un amplio segmento de jóvenes, las expectativas de movilidad social se ven limitadas por la incertidumbre y el limitado crecimiento económico.

Para impulsar una mayor actividad económica, mejorar el bienestar de los mexicanos e incrementar la competitividad internacional será necesario fortalecer en los próximos años el desarrollo científico, tecnológico y de innovación.

Desde la ANUIES hemos señalado reiteradamente que, en un contexto global en constante transformación, los países que han logrado integrar una agenda educativa para formar recursos altamente capacitados y para generar y aplicar de manera innovadora el conocimiento son los que pueden ofrecer a su población mayor movilidad social y altos niveles de desarrollo humano.

Por fortuna contamos con instituciones de educación superior comprometidas con el cumplimiento cabal de la misión que la sociedad les ha encomendado, lo que las convierte en organizaciones estratégicas para la transformación y el desarrollo de nuestra nación, ya que progresivamente contraen mayores responsabilidades con la sociedad, se obligan a rendir cuentas sobre la utilización de los recursos públicos, se transforman para atender las ingentes necesidades sociales, fomentan la solidaridad y la equidad, mantienen un nivel indispensable de calidad en sus servicios, y colocan a los estudiantes en el primer plano de sus preocupaciones en la perspectiva de una educación a lo largo de toda la vida.

De esta manera, estas instituciones han fortalecido sus funciones de servicio a la sociedad, y más concretamente sus actividades encaminadas a erradicar la pobreza, la intolerancia, la violencia, el analfabetismo, el hambre y el deterioro del medio ambiente. Esta situación la pudimos constatar mediante un estudio llevado a cabo hace dos años, mediante el cual hicimos un levantamiento de más de 3 mil proyectos que llevan a cabo las instituciones de educación superior y verificamos que éstos tienen una alta incidencia en las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 de la Organización de las Naciones Unidas.

Ante estas responsabilidades, un reto importante para estas casas de estudio es su adaptación a los cambios en el entorno y el fortalecimiento de sus capacidades para contribuir a la atención de los requerimientos de la sociedad a través de las funciones sustantivas que realizan: la formación de profesionistas competentes conscientes de su compromiso con la sociedad; el desarrollo de líneas de generación, aplicación y transferencia del conocimiento con un sentido social; la preservación y la difusión de la cultura; así como la extensión de los servicios para contribuir al desarrollo nacional y al bienestar de la población.

En esta ocasión me referiré específicamente a la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad de la Nación. Por su cobertura territorial y los frutos de su quehacer cotidiano, resultados del trabajo comprometido de toda la comunidad universitaria, se convierte en una institución emblemática que atiende estudiantes desde el bachillerato hasta el doctorado con una amplia proyección y reconocimiento internacional. Ante la oportunidad de reflexionar sobre la contribución de la UNAM al desarrollo de México, debo mencionar que de esta institución egresan cada año cerca de 32 mil alumnos de licenciatura, prácticamente 80% de su matrícula de licenciatura está inscrita en programas reconocidos por su excelencia mediante la evaluación y acreditación llevada a cabo por organismos externos. Respecto a la matrícula de posgrado, la UNAM atiende a 30 mil 89 alumnos, lo que la convierte en la institución con la mayor matrícula en este nivel educativo, además, 77% de estos alumnos son atendidos en programas inscritos en el Programa Nacional de Posgrados de Calidad del Conacyt.

En materia de investigación científica, en 2019 la UNAM contó con 4 mil 812 investigadores adscritos al Sistema Nacional de Investigadores, 41% de ellos en los niveles II y III, incorporados a sus Institutos y Facultades. Del total de artículos científicos publicados por académicos mexicanos, 26% corresponde a investigadores de la UNAM. Durante 2018, su producción editorial alcanzó la publicación de 2 mil 264 libros; para darnos una idea de lo que esto significa, en promedio la UNAM publica seis libros por día.

Por otro lado, esta institución atiende proyectos de importancia estratégica para la nación, como el Servicio Sismológico Nacional, el Observatorio Astronómico Nacional, la Red Mareográfica Nacional y el monitoreo de la actividad vulcanológica, particularmente del Popocatépetl, entre otros proyectos de Estado.

Una institución tan compleja requiere muchos apoyos, por ello, cuenta desde 1993 con la Fundación UNAM, una asociación civil sin fines de lucro creada para apoyar la docencia, la investigación, la difusión de la cultura y la vinculación institucional con los sectores público, privado y social mediante aportaciones de diverso tipo. De esta manera contribuye a ampliar las capacidades institucionales para responder a las demandas sociales.

Entre sus actividades destaca el esfuerzo que realiza para apoyar a estudiantes provenientes de familias de escasos recursos, mediante apoyos económicos, el aprendizaje de un segundo idioma y la realización de cursos en el extranjero, lo que les permite mejorar su desempeño, propiciar su permanencia en las aulas y concluir con éxito su formación profesional. Muchos de ellos son los primeros de su familia en cursar estudios superiores.

Desde la ANUIES vemos con enorme interés el trabajo de Fundación UNAM. Sería muy conveniente que todas las instituciones contaran con una Fundación que realizara esfuerzos similares. De hecho nos gustaría invitarla a que expusieran ante otras instituciones de nuestra Asociación sus logros y sus retos para impulsar a otros a organizar un esfuerzo equivalente.

Ésta es una noble tarea focalizada en la construcción de un mejor futuro mediante la inclusión y la atención del recurso más valioso que tiene nuestro país: nuestros jóvenes. Cada apoyo otorgado abre nuevas posibilidades y nuevos horizontes a nuestros estudiantes universitarios.

Como dicen en la Fundación UNAM: Ayudan a materializar sus sueños, a cambiar sus historias de vida. Un objetivo al que todos debemos sumarnos.

Secretario General Ejecutivo de la ANUIES

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