Las artes marciales orientales llegaron a México en la primera década del siglo XX, gracias al jiu-jitsu, un sistema de combate japonés que, como muestran las publicaciones de la prensa, llamó la atención de los occidentales por su efectividad como sistema de defensa personal. Poco tiempo después llegó el judo, un sistema creado a partir del jiu-jitsu por Kano Jigoro, quien entre otras cosas sistematizó su enseñanza e implementó el uso de uniformes, la realización de exámenes y un protocolo a seguir durante las clases—. Pasaron unas décadas y el karate do comenzó a practicarse en la ciudad de México (1959), gracias a que la exhibición que Murata Nobuyoshi dio en la inauguración de las nuevas instalaciones de Club Japonés llamó la atención de un grupo de jóvenes que le pidió que les enseñara la —en ese momento—desconocida disciplina.
Entre estos jóvenes se encontraba un médico que tenía la cinta café en judo, Manuel Mondragón y Kalb, quien recuerda a Murata como un “samurái moderno porque bastaba tomar relación con él para contemplar su reciedumbre, formalidad, disciplina interior y comportamiento social”, mientras que de las clases resalta que “en cada una de ellas se nos recordaba a los alumnos, las obligaciones de conducta hacia nuestra colectividad, comenzando con la familia, los maestros, los amigos, compañeros y la sociedad en general”. Mondragón y Kalb tuvo una destacada trayectoria en la administración pública que le llevó a ocupar los cargos de secretario de Salud y secretario de Seguridad Pública en el Gobierno del Distrito Federal, además de subsecretario del Deporte (SEP), coordinador nacional de Participación Social (PGR), comisionado nacional de Seguridad y comisionado nacional contra las adicciones del Gobierno Federal. Gracias a buena posición económica y sus contactos políticos y en los medios de comunicación, fue un personaje fundamental para la popularización no solo del karate do, sino también del tae kwon do en nuestro país.
A pesar de haber llegado a la capital de nuestra nación hace más de 120 años, poco se ha escrito sobre la historia de las artes marciales en México, sobresaliendo en este campo diversos artículos en revistas de artes marciales y de divulgación histórica, biografías, libros de memorias, algunas tesis y memorias. Por ello, considero un gran acierto que Mondragón haya escrito y publicado su Historia del karate en México (2025), un libro en el que plasma sus vivencias practicando artes marciales; y aunque se enfoca principalmente en el karate, también dedica espacio al comienzo de la práctica del karate coreano —como entonces se llamaba al tae kwon do y el tang soo do— en su mítica escuela de las calles de Insurgentes y Hermosillo.
Para dimensionar la importancia de Manuel Mondragón y Kalb en las artes marciales, basta mencionar que cuando alguien escribe sobre su historia en México, invariablemente busca una entrevista con él; algo que para muchos es muy difícil conseguir. Por ello el libro que acaba de publicar permitirá que cualquier persona conozca su versión del comienzo de la práctica de estas disciplinas en nuestro país. Ya les informaré sobre la presentación de Historia del karate en México, por si les interesa asistir; mientras tanto, felicito calurosamente al doctor y contralmirante médico naval por enriquecer el corpus documental sobre el desarrollo de las artes marciales en nuestro país.
Facebook y Twitter: Iván Lópezgallo

