Videoescándalos ¿Quién gana y quién pierde?

Irene Levy

Una imagen vale más que mil palabras. Diversos antropólogos, sociólogos, comunicadores y politólogos que estudian el marketing político insisten en el poder que tienen en la política, las imágenes y los vídeos que vemos en televisión y redes sociales, de tal suerte que incluso se han acuñado términos como “vídeopolítica” y “visibilidad mediatizada” (como la llamaría Thomson). Lo cierto es que política y comunicación son inseparables y constituyen aspectos de un mismo proceso, tratar de visualizarlos como independientes uno del otro nos llevaría a un resultado falaz. Adicionalmente, hay que tomar en cuenta que los medios son creadores de realidad. Las personas no actúan según lo que creen que sucede en la realidad, sino basándose en lo que ellos creen que ha sucedido a partir de las representaciones que encuentran en la prensa y redes sociales, aunque no tengan mucho que ver con lo que ha ocurrido realmente (Lippman).

Así, la influencia de lo mediático en la realidad política, por ello vale la pena revisar el nuevo episodio de vídeoescándalos que vivimos en México. Hasta este momento hemos conocido dos vídeos: llamaremos al primero el “vídeo de Lozoya” y al segundo el “vídeo de Pío”. Ambos tienen elementos distintos.

1. Vídeo de Lozoya: vemos a dos hombres cuyos nombres y fisonomía no son del dominio público recibiendo, contando y guardando dinero en efectivo en maletas; no se sabe quién entrega el dinero, incluso la voz de quien lo entrega está distorsionada. De los diálogos que se escuchan, no podemos desprender ni de quién provienen los recursos, ni el propósito de la entrega, así que resulta necesaria una historia que “explique” qué pasa en el vídeo, lo que lo hace perder fuerza propia.

2. Vídeo de Pío: a diferencia del vídeo de Lozoya, en este vemos a dos personajes que tienen mayor visibilidad, uno es Pío López Obrador, el hermano del actual presidente de México, y el otro es David León Romero, recientemente nombrado por el propio Andrés Manuel López Obrador como director general de la empresa que comprará todos los medicamentos del país. En este vídeo sí podemos escuchar diálogos que nos permiten conocer mayor contexto, y en él sí se menciona como objetivo de la entrega de los recursos el apoyo al movimiento de Morena y del propio López Obrador en 2015.

Pero hay que tener claro que esta “guerra” de vídeos la inició el actual gobierno, específicamente López Obrador, y no cabe duda de que la divulgación del segundo vídeo se trató de una respuesta al primero y quizás también de una advertencia que parece dejar claro que López Obrador está entrando en juegos no pactados. Es obvio que hay más vídeos.

Así, la crisis política provocada por esta “guerra de vídeos” ha estado muy mal manejada por el gobierno desde el inicio: 1) la prematura respuesta de David León en Twitter (quizás deliberadamente) admitiendo la recolección y entrega de recursos a Morena, dejó mucho menos margen de maniobra al gobierno en términos de alternativas argumentales; 2) hay un innecesario desgaste de la figura presidencial al ser el propio López Obrador el que salió a dar explicaciones; 3) los argumentos con que el propio presidente ha explicado el contenido del vídeo son inocuos y, peor aún, entrañan en sí mismos una confesión de hechos antijurídicos difíciles de justificar incluso desde lo moral; 4) la denuncia de Lozoya se ha reducido, desde la percepción pública, al vídeo de Lozoya, y este vídeo ahora es difícil de desasociar del vídeo de Pío, así que insistir en el tema Lozoya ahora puede ser contraproducente para la causa que busca Andrés Manuel López Obrador, pues cada vez que mencione el tema Lozoya, inmediatamente evocaremos también el escándalo de la entrega de dinero a su hermano. Esto es algo que quien lanzó el vídeo de Pío calculó estupendamente bien.

Como ve usted, el control de daños que se ha hecho —o que se ha intentado hacer— desde la cúpula oficial, ha dejado en desventaja la imagen presidencial y la de Morena porque, lo que buscaba López Obrador con la difusión del vídeo de Lozoya no era desgastar la imagen de los funcionarios de gobiernos anteriores sino, más bien, encumbrar su propia imagen como la antítesis de los demonios neoliberales y corrupto. En ese sentido, su estrategia quedó neutralizada con el vídeo de Pío, y quien pierde, al menos este round, es el gobierno de López Obrador y Morena.

Presidenta de Observatel y profesora de la Universidad Iberoamericana en México. Este artículo refleja la posición personal de la autora twitter @soyirenelevy
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