La política puede tirar aviones

Irene Levy

El gobierno de AMLO está repleto de símbolos; uno de los más representativos es el recién inaugurado aeropuerto

La politización de los temas técnicos es muy grave, porque genera posiciones y propuestas políticas y no técnicas; además, provoca empantanamiento de los problemas, originando que no se resuelvan o que se agudicen, y esto es exactamente lo que puede suceder con relación a los incidentes aéreos ocurridos en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), dados a conocer recientemente.

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) está repleto de símbolos; uno de los más representativos es el recién inaugurado aeropuerto de Santa Lucía: el AIFA. La existencia de otro aeropuerto que atienda el tráfico de la CDMX es una buena noticia per se, pero lo cierto es que actualmente no existen condiciones ni incentivos suficientes para que aerolíneas y usuarios lo prefieran sobre el AICM, eso es un hecho. Otro hecho es que la combinación de ambos aeropuertos no suma el número de operaciones que cada uno admite de forma individual debido a las condiciones existentes: si el AICM admite 60 operaciones por hora y el AIFA 30, su operación simultánea no permite 90, sino alrededor de 75.

Es evidente que el estado en que se encuentran las instalaciones del AICM es lamentable, pero todo eso quedaría sólo en una incomodidad para el viajero si no se sumara, además, el tema de la seguridad -que va mucho más allá de un asunto de tlayudas-, y que ahora nos tiene preocupados a todos.

La salida de Víctor Hernández del Seneam en realidad ya se cocinaba desde antes del episodio de acercamiento peligroso entre dos aeronaves; era sabido en el sector que no tenía la capacidad para desempeñar el cargo y, a pesar de ello, ahí lo mantuvieron. Su renuncia no soluciona el problema de fondo, pues existen ya varios incidentes que originaron incluso que IFALPA (la Federación Internacional de Pilotos de Aerolíneas) emitiera un boletín alertando sobre la falta de adiestramiento de los controladores aéreos para gestionar el tráfico de la nueva configuración del espacio a partir del inicio de operaciones del AIFA. En dicho comunicado se sugiere, entre otras cuestiones, que las aeronaves cuenten con más combustible, en previsión de posibles retrasos en el aterrizaje.

Otro tema que también tiene ocupada y preocupada a la Agencia Federal de Aviación Civil, que dirige el General de la Fuerza Aérea Mexicana, Carlos Rodríguez Munguía (o sea que de civil ya no tiene mucho), es la degradación de México a categoría 2 por la FAA (Agencia Federal de Aviación de Estados Unidos), lugar que compartimos junto con países como Venezuela, Ghana, Paquistán o Bangladesh. Y aunque este asunto es distinto y tiene que ver con la operación de las aerolíneas mexicanas en el espacio aéreo de Estados Unidos, lo cierto es que ambos tienen como común denominador la falta de capacidad del personal en relación con la seguridad operacional. De hecho, la AFAC está ya presentando a la FAA un “Corrected Action Plan (CAP)”, que es lo que se requiere para regresar a México a categoría 1; el problema, nos dicen, es que ha existido una barrera de entendimiento, pues en la AFAC no hablan bien inglés.

Aunque la Subsecretaría de Transporte ya anunció la instalación de una mesa permanente con IATA, IFALPA, ASPA y Sinacta, me parece indispensable que la OACI (Organización de Aviación Civil Internacional), cuyo secretario general es Juan Carlos Salazar, inicie una investigación antes de que ocurra un lamentable accidente. La política obnubila, mancha y confunde.

 

Presidenta de Observatel y comentarista de Radio Educación
Twitter: @soyirenelevy

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