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Prensa y gobierno, una larga historia de dis/con...cordancias

Las relaciones gobiernos-prensa en cada época de México han estado marcadas por las avenencias y desavenencias, se trata siempre de relaciones complejas. Gustavo Madero no fue el primero en aludir a la prensa como un perro
17/11/2019
03:36
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Fausta Gantús

La prensa ha sido representada, una parte de ella, o al menos algunos de sus integrantes, como asnos, borregos, bichos, alimañas, cerdos, gatos, gallos de pelea, cotorras, limpiabotas..., la lista es larga; y los periodistas como monos, charlatanes, equilibristas, besamanos y “besapatas”, zalameros, sinvergüenzas, oportunistas..., la lista es tan larga como la anterior. La caricatura política generada por los distintos grupos y partidos durante la segunda mitad del siglo XIX se dieron a la tarea de desacreditar a los periódicos de los opositores, o de los que asumían como opositores utilizando tales recursos. Pero, en contraparte, también valiéndose de la sátira visual, se pintaban a ellos mismos y a aquellos que consideraban sus aliados como baluartes de la opinión pública, la voz del pueblo, como guerreros defensores de principios y derechos, como especie de héroes o mártires...

No fue Gustavo Madero el primero en aludir a la prensa como un perro, las caricaturas decimonónicas así lo habían hecho para acusarse entre grupos de servir al poder político. Así lo vemos en varias imágenes, pero me detendré especialmente en una de El Hijo del Ahuizote (12 junio 1892: “¡Sus! ¡A ellos! Proezas reeleccionistas”), en la que se representa a la prensa gobiernista como los siervos del Poder Ejecutivo, convencidos por el estímulo –bien fuera monetario o de otra índole– que los transforma en sus fieles adictos, en sus promotores y aún en sus fieros “sabuesos” que amenazan con sus ladridos y se lanzan a destrozar con sus dientes y garras a los anti-reeleccionistas. ¿Será que algo similar es lo que espera o desea AMLO; que para eso “les quitó el bozal”?

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Caricatura publicada en El Hijo del Ahuizote, en 1892

De esta suerte una manada de galgos, identificados en su collar con el nombre del periódico que representan, azuzados por el látigo y por la recompensa que se esconde en el costal de la “subvención”, ambos bajo el poder de Porfirio Díaz, ladran ferozmente ante los muros de la “Bastilla tuxtepecana” en la cual se encuentran presos los miembros del club de obreros y estudiantes anti reeleccionistas. La ironía sobre el régimen porfirista se hace patente en la asociación de Díaz con el rey francés Luis xiv quien usaba la prisión de la Bastilla para recluir a sus opositores o a quienes despertaban sus antipatías. En este caso Díaz la usa en contra de quienes se oponían a su reelección.

Los impresos adictos al gobierno eran encantadores o temibles, según a quien se dirigieran, y desempañaban esa doble labor; por un lado, celebrar y ensalzar las acciones y decisiones de las autoridades a quienes estaban ligados; por el otro, atacar y destruir a todo aquel y todo aquello que francamente se opusiera al Presidente o que siquiera se alejara de las pretensiones oficiales. Cualquier parecido con ciertos medios y programas actuales, o con ciertos deseos del primer mandatario, no son pura coincidencia. Por el contrario, lo que nos dejan ver es la reiteración de una práctica propagandística de la que se valen la mayor parte de los grupos en el poder.

Para ilustrar el otro extremo nos sirve otra imagen del mismo semanario (24 de enero de 1892: “Excitativas al sufragio”), que se ocupa de presentar su visión sobre los impresos oposicionistas y anti-reeleccionistas, de los cuales asume él forma parte. Así dibujaban a los miembros de periódicos críticos (Filomeno Mata, Victoriano Agüeros y Vicente García Torres), como los hombres que pese a lo difícil de la labor, harían frente al gobierno y sus pretensiones. Son ellos los defensores del libre sufragio y para sostenerlo tenían que enfrentar al poder de las autoridades y de sus aliados, de ese gran y poderoso “círculo reeleccionista”, y sobreponerse a las temores y las tentaciones. Pero no era fácil perseverar cuando se estaba frente a la “torre del terror” desde la cual se les excitaba a sumarse a la causa reeleccionista, teniendo que elegir entre recibir el “pan” o el “palo”. La decisión no era sencilla, pero los periodistas parecen no dudar de sus convicciones y aunque un tanto intimidados por la fuerza del enemigo, pero firmes, empuñan sus plumas dispuestos al combate. Aunque la oposición se asume a sí misma como la defensora de ciertos ideales y principios, en contraparte, sus contrarios la presentaran como manipuladora, mentirosa o revoltosa, por decir lo menos.

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Caricatura de El Hijo del Ahuizote (1892)

Así pues las relaciones entre los gobiernos y los integrantes de la prensa, y entre los propios miembros de la prensa, de cada época en México han estado marcadas por las avenencias y desavenencias, se trata siempre de relaciones complejas. En cada lado, si queremos la alternativa facilista de seguir usando oficialista y opositora (en realidad el escenario es mucho más complejo que esas etiquetas), encontramos periodismo serio y comprometido realizado por algunos, pero también defensa de intereses de otros miembros, para lo cual se recurre al rumor, la mentira y la intimidación, cuando no francamente a la violencia. De ambos hay ejemplos varios en nuestra historia.

Pero, a pesar de todo, lo que no hay que perder de vista es que la libertad de expresión y de imprenta, además de estar garantizadas por la Constitución, no son una dádiva graciosa que el poder político otorga a los periodistas. No, se trata de un derecho por el que muchos miembros de ese gremio han luchado por años y que ejercen con responsabilidad y profesionalismo. No se equivoque, señor Presidente, no es usted quien concede a los medios libertad (como tampoco fue el caso de Francisco I. Madero), son los medios los que se la ganan y la ejercen o no; los que deciden estar al servicio de la veracidad o ser acólitos y panegiristas de las autoridades o de cualquier otro personaje o causa, de todo hay. Pero el papel de la prensa no es estar siempre de acuerdo y aplaudir los actos de gobierno, su papel es la de críticos, ejerciendo esa crítica con seriedad y compromiso. La prensa no está para complacerlo, está para evaluarlo permanentemente. Y el derecho a disentir de su parecer no supone que sea su enemiga.

@fgantus
Investigadora del Instituto Mora (CONACYT) y profesora de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Especialista en historia política, electoral, de la prensa y de las imágenes. Es autora de una importante obra publicada en México y el extranjero, entre la que destaca su libro Caricatura y poder político. Crítica, censura y represión en la ciudad de México, 1876-1888. Ha coordinado varios libros sobre las elecciones en el México del siglo XIX.

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