Pandemia y complejidad

Instituto Mora

Por: Francisco Porras

“La pandemia global de la COVID-19 es un problema muy complejo”. Cuando afirmamos esto usualmente queremos decir que el problema está compuesto de muchos elementos mutuamente dependientes que cambian nuestros entornos de manera profunda, haciendo que nuestros diagnósticos y soluciones -que funcionaban en el pasado- dejen de hacerlo. Las ciencias sociales han estudiado los problemas complejos, produciendo distintos cuerpos de literatura académica, entre los que destaca el de los “problemas retorcidos”.

Los problemas retorcidos (wicked problems) son distintos a los problemas “domados”, fundamentalmente por la enorme dificultad para definirlos. Los problemas retorcidos requieren información de alta calidad para determinar su naturaleza; pero esa misma información influye -y a veces determina- el tipo de soluciones que se buscarán e implementarán. De la misma manera, dado que existen muy diversos enfoques y actores(as) compitiendo entre sí para obtener la “mejor” definición, nunca es del todo claro cuándo se ha resuelto el problema; por lo que nunca existen respuestas correctas o incorrectas, sino solamente buenas o malas dependiendo de las circunstancias. Los problemas retorcidos se dan en ambientes de información insuficiente y controversial, lo que puede empeorar las problemáticas mismas y disminuir las capacidades para atenderlas. Por estas razones, algunos(as) autores(as) los han llamado “problemas diabólicos” (Véase a Rittel y Weber, 1973).

¿Cómo se resuelven los problemas retorcidos? Alford y Head (2017) -junto con otros(as) autores(as)- han observado que, a pesar de su gran complejidad, es posible avanzar en la atención de este tipo de problemas si se trabaja en tres estrategias de manera conjunta:

a) Fomentar comprensiones compartidas de los problemas. Un problema complejo es insoluble si no podemos ponernos de acuerdo, aunque sea de manera muy general, en qué consiste. Esto implica reconocer sus múltiples causas, dimensiones e implicaciones. La pandemia de la COVID-19 no es un problema solamente de salud, económico, político, social o cultural: es todo eso al mismo tiempo. De la misma manera, la pandemia no puede atenuarse solamente con los recursos gubernamentales; también es necesario que la sociedad civil -organizada y no organizada- y el sector privado participen. La diversidad de actores(as) e instituciones debe generar categorías que definan nuestras afectaciones de una manera compatible con los(as) demás. Por eso es indispensable que las autoridades, la sociedad y las empresas usemos información de alta calidad. La ciencia y la investigación de punta, de muy diversas disciplinas, son los árbitros naturales que permiten desechar posiciones parciales y polarizantes.

b) Premiar la cooperación entre distintos sectores. Las soluciones a los problemas complejos son resultado de la cooperación entre diferentes actores(as) e instituciones. Dado que todos(as) dependemos de todos(as) para atender la pandemia, todos(as) somos co-responsables de ella; todos(as) tenemos parte de la solución. La única manera de atender problemas retorcidos es aceptar que ningún(a) actor(a) o institución es capaz de resolverlos de manera individual; que la información, expertise, dinero, legitimidad, presencia en campo, tecnología, capital social y capacidad de intervención son recursos que están distribuidos entre muchos(as), aunque el Estado tiene un lugar central en numerosos ámbitos y lugares. Tratar de atender la pandemia sin ponerse de acuerdo con otros poderes y niveles de gobierno, y con el sector social y empresarial -o incluso en contra de ellos- es una locura. En tiempos de pandemia, todos(as) debemos reconocer, fomentar y proteger las buenas prácticas de cooperación sostenida que son capaces de ir más allá de las divisiones políticas. Son bienes públicos que nos enseñan cómo ser sustentables.

c) Disminuir el conflicto. Sabiendo, como sabemos, que la gestión de los problemas retorcidos depende de tener comprensiones compartidas de los problemas y de la co-construcción de soluciones, es indispensable disminuir la polarización política y social. Los entornos en los que los valores y discursos entran en conflicto dificultan el paso que cada actor(a) debe dar: superar su propia auto-referencialidad. Los esfuerzos de cooperación intersectorial fallan porque no somos capaces de aceptar que el(la) opositor(a) político(a), así como otros balances y contrapesos institucionales, desempeñan una labor indispensable en las sociedades democráticas para la co-construcción de soluciones. En este sentido, el verdadero poder frente a los problemas retorcidos es la capacidad de acordar objetivos comunes y estimular su cumplimiento; es decir, incluir al mayor número posible de actores(as) del más amplio espectro político y social.

Estas tres estrategias son necesarias para disminuir la complejidad de la pandemia y de sus efectos. Tratar de “resolverla” desde la polarización política o social, usándola como un medio para aumentar los votos o afectar a los(as) opositores(as), no solamente es ineficaz; también destruye valores, capitales y prácticas que necesitamos para sobrevivir como sociedad. Quien, usando a la pandemia, trata de destruir a la oposición, termina por destruir al país.

Referencias

Alford, J. y Head, B. W. (2017). Wicked and less Wicked Problems: A Typology and a Contingency Framework. Policy and Society 36(3), 397-413. Recuperado de https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/14494035.2017.1361634

Rittel, H. W. J. y Webber, M. M. (1973). Dilemmas in a General Theory of Planning. Policy Sciences, 4(2): 155-169. Recuperado de https://link.springer.com/article/10.1007/BF01405730

@PorrasFrancisco
Doctor en Política y Estudios Internacionales por la Universidad de Warwick (Reino Unido). Profesor-investigador en el Instituto Mora.

TEMAS RELACIONADOS

Comentarios