Por María Guadalupe Serna

La ruptura del tejido social en México no es un asunto nuevo, esta situación lleva varios años y parece haber empeorado en años recientes debido al incremento de la inseguridad y la violencia, lo que ha llevado a un cierto aislamiento de las personas, a ser poco participativas y a mostrar desinterés en involucrarse en organizaciones sociales. Desde los inicios del nuevo milenio era evidente que esta situación nos colocaba como un país poco solidario y participativo. Sin embargo, la vorágine de cambios y situaciones por las que ha atravesado nuestro país en este último cuarto de siglo parece estar configurando un país distinto al que teníamos a inicios del siglo y por ende también una sociedad distinta.

Me enfoco en el ultimo quinquenio dado el conjunto de eventos que, al parecer, han tenido como consecuencia abrir nuevas rutas para la participación de la población en nuestro país, o por lo menos a formas de participación más activas y con respuestas más rápidas.  Aunque por ahora sería difícil afirmar si también como sociedad nos interesamos ahora un poco más en los otros, si la solidaridad se fortaleció. Parecería que sí, pero que como había sucedido en otros momentos, esta surgió actuó y paró cuando se consideró que no se requería de más apoyo.

Apunto tres elementos que considero han propiciado estas rutas de involucramientos y participación que ahora vemos.  A fines de 2018 tuvimos de nueva cuenta en México un nuevo partido en el poder, ahora de izquierda, lo que generó amplias expectativas entre la población. En segundo lugar, recién iniciado 2020 se esparció en China un virus, el COVID19, que se extendió rápidamente propiciando una pandemia global y con ella el cierre de fronteras, el colapso de la economía y el aislamiento de la población, lo que en México se extendió por casi dos años. En este caso el número de muertes por COVID19 colocaron a México en el quinto lugar de número de fallecidos, de acuerdo con la Universidad Johns Hopkins, lo que sin duda ha sido muy grave.  Frente al aislamiento surgió la necesidad de comunicación y de estar en contacto con familiares, amigos y servicios. Esto derivó en un incremento de manera importante del uso del internet, la compra de celulares, el uso de las redes y las distintas opciones de contacto como fb, tweet, ahora xeet, zoom, o Instagram, abriéndose de inmediato la comunicación a todos los niveles.

Estos tres eventos parecen haberse enlazado y propiciado que se generaran nuevas formas de agrupamiento para la movilización, para todo tipo de acciones. Por las redes nos llegaron noticias de nuestras familias y seres queridos. Estas herramientas digitales se volvieron valiosas para la comunicación y por ende para generar redes de apoyo para quienes lo necesitaran. Todo pasó por la pantalla, los cursos, las discusiones, las reuniones, la conversación familiar y con amigos. Pero también los intercambios con los clientes, con los maestros, con los jefes, con los colegas, ya que se continuó trabajando y comunicándose vía plataformas.  Surgieron nuevas relaciones, otros intereses, otras preocupaciones. Asimismo, por la pantalla pasaron las nuevas propuestas desde el gobierno con relación a las instituciones con que contaba el país y la forma en que se desempeñaban.

Esto parece haber llevado a un intercambio de opiniones, por parte de la población en las redes, a reforzar sus posturas, hacia un lado o hacia otro y con muy poca variación, pero con gran insistencia. La confrontación se ha evidenciado expresándose, de manera inusitada en tres ocasiones entre 2022 y 2024 en todo México y en algunas ciudades del mundo. Es decir, grandes contingentes en todo el país de manera simultánea. Pero ello no implica que la población participante sea integrante de alguna organización. Desde mi perspectiva, comparten posturas afines y les interesa mostrarlo. ¿Estamos frente a nuevas formas de asociación? Tal vez, será necesario analizarlo.

Las tensiones en el tejido social han producido grandes cambios. Uno de ellos claramente está asociado al valor que asignamos a las herramientas de comunicación digital que permiten intercambios rápidos, relativamente seguros y con gran agilidad para el alcance de grandes números de personas. Es posible que la adopción de estas herramientas esté influyendo en la forma en que nos organizamos. Es un tema que será necesario explorar, pero las grandes manifestaciones coordinadas en diversas partes del país y las campañas políticas nos dan indicios de que es un problema relevante para el futuro.

María Guadalupe Serna

Es Socióloga egresada de la UAA, Maestra en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Texas en Austin, Estados Unidos y Doctora en Ciencias Sociales, con especialidad en Antropología Social, por el CIESAS, México.

Es profesora-investigadora en el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora desde el 2000, fue Coordinadora General de Posgrado y Directora de Investigación. Se ha especializado en temas como la formación y consolidación de empresas con jefatura femenina, redes empresariales, cooperación económica y responsabilidad social empresarial. Nuevos actores económicos femeninos, jerarquía corporativa y trayectorias laborales en el ámbito de la dirección, entre otros. Voluntariado, procesos de solidaridad y organizaciones no lucrativas. En el campo metodológico se ha especializado en estudios de caso y trayectorias de vida, como herramientas para la investigación cualitativa.

Es autora de capítulos en libro y artículos en revistas especializadas en los temas de los que se ha ocupado.

María Guadalupe Serna
María Guadalupe Serna
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