Las políticas de identidad y la teoría queer

Instituto Mora

Edgar Iván Zazueta Luzanilla
    
Desde un entendimiento sencillo podemos comprender a la identidad como un conjunto de rasgos o características que hacen de una persona distinguirla de otras en una generalidad. Y si, hablo de generalidades, porque la identidad no es el único eje que se requiere para tener claridad de lo que se dice de nuestra sexualidad. Otro eje fundamental del eros lo marca la preferencia sexual, orientación sexual o preferencia sexo-genérica, estos tres conceptos van encaminados a describir (en mayor o menor medida) el segundo eje el cual se describe como una atracción física, erótica y/o afectiva-emocional a personas del mismo, diferente o de ambos sexos, es decir; se vive como el deseo heterosexual (hombre que le gustan mujeres y viceversa), el deseo homosexual (hombre que le gustan hombres o mujeres que le gustan mujeres) y el deseo bisexual (hombres que le gustan mujeres y hombres y mujeres que le gustan hombres y mujeres). Pero para que esta atracción esté presente como una verdadera opción de vida, se ha pensado durante mucho tiempo (desde un punto de vista reduccionista y genitalizado de la sexualidad) que sólo importa la actividad física y/o sexual, sin embargo; la sexualidad es más dinámica, holística y compleja y, además de intervenir la actividad física y sexual como un componente clave de la definición de este segundo eje de lo diverso que es nuestra sexualidad, lo cierto es que no sólo esta interviene o no en nuestro deseo, sino también se considera la expresión y vivencia del afecto, entendido esta como la expresión del amor, los cuidados y la comunicación externa e interna de sentimientos y emociones,  inclusive, como un tercer componente de la atracción, intervienen nuestras fantasías eróticas entendidas como el aspecto más íntimo de nuestra sexualidad y el erotismo, lo que también repercuten en una parte de nuestro cuerpo, coexistiendo en nuestra mente, nuestros sueños y en sí, como un aspecto inconsciente, pero actuante en nuestra vida cotidiana. Pero veamos, ¿en qué se diferencia la preferencia, la orientación y la preferencia sexo-genérica? Según el debate, la preferencia puede significar que la atracción es entendida como una elección de vida y en la orientación, la atracción estaría más indefinida. Álvarez Gayou es quien desarrolla el concepto de preferencia sexo-genérica para centrarse no sólo en la atracción por un sexo determinado de las personas sino en la atracción por la expresión de un cierto tipo de género en las personas.

Los últimos ejes de la diversidad lo constituyen el sexo y el género. El sexo, aunque está limitado en un tiempo social y está entendido en una lógica médica e histórica, su significado está mayormente determinado por su constitución biológica, es decir; por sus características anatómicas, hormonales, genéticas, físicas, cromosómicas, que diferencian el cuerpo macho al de una hembra, o el cuerpo de un varón al cuerpo de una mujer, o el cuerpo que no pertenece a ninguno de los dos sexos biológicamente tradicionales. Tal es el caso de la intersexualidad que, por su constitución biológica, no corresponde al sexo hombre o al sexo mujer sino a estados intersexuales que se dan al momento de nacer y que han sido llamados por el modelo médico dominante como: pseudohermafroditismo masculino, pseudohermafroditismo  femenino, hermafroditismo verdadero y la disgenecia gonadal (Síndrome de Turner y Síndrome de Klinefelter). Aunque se ha avanzado en el reconocimiento de esta diversidad de sexos aún faltan controversias médicas y jurídicas por resolver, lo cual será tema de otro artículo en esta sección más adelante.

Por su parte, el género sería otro elemento de estos ejes de la diversidad que constituyen la comprensión de nuestra sexualidad humana. Este concepto y categoría nos remite a una construcción social de una sociedad dada en un momento particular que asigna, impone, controla, sugiere, coacciona y/o promueve ideas, normas, deberes, comportamientos, acciones, valores, concepcionesy/o leyes que tienen que ver con nuestra forma de ser hombres, mujeres o no serlo, es decir; tiene que ver con expresiones del sexo, de nuestra diferencia sexual, diría Marta Lamas, y de las masculinidades, lo femenino y la androginia (características masculinas y femeninas presentes en una persona).

Finalmente, la identidad puede ser autopercibida, individual y no necesariamente puede corresponder con nuestro sexo al momento del nacimiento, y a esta identidad se le llama identidad de género. Aunque cabe señalar que la identidad de género no sólo es individualista, también puede adquirirse de manera colectiva, en México tenemos una identidad de género étnica llamada Muxe en la región zapoteca del istmo de Tehuantepec, se denomina muxe al género que define a una persona nacida con genitales de varón, pero que asume roles femeninos en cualquiera de los ámbitos social, sexual y/o personal, a este tipo de identidad de género, se le denomina identidad de género cultural.

De tal manera que, la identidad de género (individual y cultural), la preferencia sexo-genérica (atracción o deseo heterosexual, homosexual y bisexual), el género (femenino, masculino y andrógino) y el sexo (mujer, hombre e intersexual) son los 4 principales ejes de la comprensión de la diversidad sexual.

Este concepto de la diversidad sexual no siempre ha existido, surge en la década de los noventa en donde la globalización y el paradigma de los derechos humanos desde el discurso de la diversidad social, étnica e indígena empieza a ser más visible en lo político y en lo jurídico-social. Estos conceptos, su influencia y aplicación, aunque exitosos, crea una política de identidades a la que denominamos Lésbico Gay Bisexual, el acrónimo LGB, primero en los países ricos como Estados Unidos, la cual sirvió para empoderar a estos grupos en su lucha por los derechos humanos y por vivir una sexualidad más plena, no tanto así por luchar contra el capitalismo y las desigualdades sociales (como lo venían haciendo las generaciones de activistas homosexuales previos a la generación de activistas gay), de denominarse anteriormente como homosexuales, marimachas, jotos, maricones, mayates, chichifos (aunque diferentes entre sí, todos ellos, adjetivos cargados de connotaciones sociales y médicas peyorativas), ahora simplemente existía el adjetivo gay, que denotaba “alegría” para referirse a la homosexualidad y, además implicaba una reinvindicación de derechos e identidad. El cambio generacional fue progresivo, paulatino y efectivo en la organización y el impacto mediático que se ha visto reflejado en un avance legislativo a favor de los derechos de la también llamada comunidad Lesbico Gay Bisexual Transgenero Transexual Travesti Intersexual LGBTTTI, la política de identidades.

Pero,  ¿qué significan estas expresiones?

Lésbico, Gay y Bisexual son preferencias sexuales, Transgénero y Transexual son identidades de género, aunque cabe señalar que en lo transexual hay una transición sexual (física, biológica, del cuerpo) para cambiar el sexo del nacimiento) y en lo transgénero, la transición puede estar en el campo del género más no en el del sexo. El Travestismo es considerado más como un performance, es decir; como aquella persona que le gusta vestirse de distintos géneros (en contextos artísticos puede tener parecidos con lo que se llama “drag queen”, título usado para referirse a hombres que personifican mujeres y “drag king”, referido para mujeres que personifican hombres. Finalmente, la Intersexualidad es la disposición con la que las personas nacen sin adscribirse de manera estricta en la biología tradicional del sexo del hombre o del sexo de la mujer. En los últimos años han surgido nuevas categorías tales como la pansexualidad (personas que se sienten atraídas a otras sin importar el género), demisexual (personas que se sienten atraídas a otras si sólo hay vínculos emocionales), asexuales (personas que no sienten atracción sexual hacia ninguna persona pero tienen su propia sexualidad), antrosexual (personas que sienten atracción sexual, pero no tienen definido hacia qué género o sexo), cisgenero (personas cuyo sexo de nacimiento coincide con el género impuesto y su identidad de género), polisexual (personas que se sienten atraídas por dos o más deseos), más las que surjan en años venideros, pero que aún siguen silenciadas por la política de identidades dominante, la injusticia de género y las desigualdades que imperan en las pobrezas y la marginación…Y quizás el reto de lo queer es profundizar en estas identidades culturales como la muxe que no logra estar representada en una política de identidad global, el reto de lo queer sería reflejar más de nuestra historia como pueblo y cultura, porque la sexualidad también es cultura, desarrollo y bienestar.

Investigador del Instituto Mora

 

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