El 8 y 9 de marzo son nuestros, de las mujeres, de todas

Instituto Mora

Por: Fausta Gantús

 

La violencia de género no se constriñe al feminicidio, éste es el suceso extremo de la misma, es su expresión más brutal. La violencia de género son las prácticas de acoso, dominio, control e intimidación que se ejercen de manera cotidiana mediante acciones que van desde simples gestos o palabras hasta los golpes y la violación sexual, recorriendo un amplio abanico, a las que todas estamos expuestas sin importar la edad.

Es necesario entender que vivimos en una cultura machista y patriarcal –que, por cierto, no son sinónimos,– que es el origen del problema. Esa cultura dominada por formas de pensar y de proceder definidas a lo largo de los siglos, nos ha convencido que hay maneras de relacionarse –en los diferentes ámbitos privados y públicos en que nos movemos (domésticos, laborales, de sociabilidad, políticos, culturales, recreativos, artísticos, etc.) que son “naturales”. Pero no, nos equivoquemos, no son naturales –como no era natural la esclavitud, aunque así se considerara por siglos–, se naturalizaron a fuerza de repetirse, pero cada uno de ellos implica violencia de género en diferentes grados. Usemos algunos ejemplos muy comunes para ilustrar el punto.

Primer ejemplo: Una pareja compuesta por un hombre y una mujer están en un restaurante. La mujer solicita al mesero la cuenta. El mesero vuelve con la cuenta y se la entrega al hombre. El hombre la recibe, la pasa a la mujer. La mujer saca la cartera, paga y entrega la carpeta con la cuenta y el dinero al mesero. El mesero se marcha y regresa con el cambio, que entrega, de nuevo, al hombre que lo recibe.

Esto le parece a la mayoría “perfectamente” normal. Y no, es un signo machista y patriarcal, ejercido por ambos hombres (me parece que no tengo que explicar cuál sería el procedimiento que corresponde). Tal comportamiento implica una carga grande de subvaloración, desprecio, descrédito y tutelaje (esto es, la supeditación de la figura femenina a la masculina) que resultan profundamente incómodos pero que son más que eso, son ofensivos y constituyen una forma sutil de violencia de género.

Segundo ejemplo: Una mujer entra sola a una sala de cine. Detrás de ella se sienta un hombre. Las luces se apagan. El hombre pone la yema de sus dedos sobre el hombro de la mujer. La mujer se paraliza un momento, pero luego reacciona y se hace un poco hacia adelante sacudiéndose los dedos del hombre. La mujer permanece unos minutos sin tocar el respaldo de su asiento, hasta que de nuevo descansa la espalda en él. Pasan unos minutos, el hombre ahora pone su mano completa sobre el hombro de la mujer que de nuevo se echa hacia adelante para sacudirse la mano del individuo. La escena se repite una vez más y la mujer tiene que abandonar la sala de cine. No tengo que decir los sentimientos de inquietud, temor, de angustia, etc., que invaden a la mujer durante el tiempo que dura la situación. Esto es acoso, es violencia de género.

Podría continuar enumerando ejemplos en escala ascendente de violencia, pero lo que me interesa es que mujeres y hombres nos hagamos conscientes de esas, aparentemente, pequeñas violencias de género, que están en la base de las otras; porque si permitimos que ocurran éstas, estamos cultivando el terreno para que ocurran las otras. En efecto, estoy escuchando ahora mismo el reclamos de muchas voces masculinas, y alguna que otra femenina, diciendo: “pero no es para tanto”, lo de la cuenta, lo de la mano, no es para tanto. Pero sí, si lo es, sí es para tanto. El machismo y el patriarcado generan permisiones, alianzas, solidaridades, encubrimientos que, en una escala mayor, se traducen en falta de aplicación de la justicia, en franca impunidad de los hombres que violentan mujeres.

Esas expresiones de violencia de género, aparentemente menores, están en todos lados, hasta en los salones de Palacio Nacional. En efecto, una clara expresión del machismo patriarcal en términos políticos lo encarna el Presidente de México. En una de sus conferencias matutinas dijo que ya se dejara de hablar de los feminicidios y mejor se hablara de la rifa del avión presidencial; en otra, señaló que detrás del movimiento feminista hay mano negra, que la derecha está metida en el asunto y que con todo esto –las acciones convocadas para el 8 y 9 de marzo– lo único que se busca es atacarlo a él y a su gobierno. Dejando de lado el evidente egocentrismo, obviando la falta de empatía, disimulando el limitado alcance de miras, lo que ese tipo de expresiones exhiben es indiferencia, condescendencia, descreimiento, desprecio... Lo que traslucen, para decirlo claramente, es violencia de género.

Por eso, le guste a quien le guste y le incomode a quien le incomode, empezando por #AMLO y terminando por el marido o el novio abusadores, tanto como aquellos que sin serlo no son capaces de mostrarse empáticos porque, en realidad, no alcanzan a comprender el fondo y la dimensión del problema social que enfrentamos, las mujeres de todas las edades, preocupadas por las violencias que nos afectan directa o indirectamente, en todos los lugares de este país lastimado y dolido, saldremos hoy a tomar las calles para que la sociedad toda vea y sienta el peso de nuestra presencia, y nos quedaremos el 9 en casa para que vivan las consecuencias de nuestra ausencia.

La razón, lo que está en la base de ambas estrategias es mostrar la fuerza del reclamo, de nuestro reclamo, un contundente basta a la violencia de género. Visibilizar mostrándonos; visibilizar ausentándonos.

Quizá así esta sociedad machista y patriarcal, esa clase política sorda a las denuncias y a las demandas de las mujeres, tome consciencia de lo que las mujeres representamos. Hasta ahora somos sólo cifras en censos, estadísticas, proyecciones, informes: Las mujeres representan el 51% de la población... Se mata en promedio a diez mujeres por día... 60% de las mujeres adultas trabajan fuera de casa y constituyen el 40% de la fuerza laboral... Y, claro, quizá lo más preocupante: el paro del 9 de marzo tendrá un costo para la economía mexicana de entre los 25 mil y los 37 mil millones de pesos. Podría seguir con las cifras, pero me parece que no es necesario, que ya quedó claro que, justo, por lo que damos la batalla todos los días y la daremos el 8 y 9 de marzo y la seguiremos dando, es para hacerles entender que somos personas de carne y hueso (como los migrantes, como los indígenas, como los enfermos sin medicamentos...), con derechos, en particular con derecho a la vida, con derecho a una vida libre de violencia, con voluntad propia, capaces de tomar nuestras propias decisiones.

Entérese señor Presidente, entérense gobernadores y alcaldes, entérense todos los políticos y políticas, organismos y partidos que buscan deslegitimar o aprovechar el movimiento: las mujeres no estamos manipuladas por la derecha, ni por nadie; las mujeres no estamos en contra del gobierno sino exigiéndole al gobierno, a todos los gobiernos, de todos los sellos y colores, que nos vean, que nos oigan, que nos

respeten y que nos garanticen seguridad y justicia. Las mujeres no necesitamos el permiso de ningún hombre (padres, maridos, amantes, hermanos, hijos, sobrinos, amigos; tampoco el del jefe) para existir y actuar. Las mujeres somos y nadie podrá callar nuestra voz.

#BeatrizGutiérrezMüller tuvo una oportunidad histórica, se dio cuenta, fuera por legítima convicción, fuera por cálculo político, la quiso aprovechar, avanzó en ese sentido... Este solo gesto pudo hacer la diferencia en su actuación como “no primera dama”. Pero poco después se retractó. Es difícil saber los motivos que la llevaron a echarse para atrás, es cierto, pero no habiendo explicaciones públicas entonces sólo nos queda especular que esa decisión fue producto de algún tipo de presión. Lástima, por ella.

#OlgaSánchezCordero, como no había sucedido en lo que va del sexenio, tomó una ligera distancia de su jefe y pronunció un discurso reconociendo la legitimidad del reclamo de las mujeres y de los movimientos convocados. Aunque no parece que vaya a sumarse a la marcha, ni al paro, según sus propias declaraciones. Y las palabras deben acompañarse de las acciones o corren el riesgo de quedar sólo en buenos propósitos.

Necesitamos que en nuestro país desarrollemos una doble estrategia de acción, por un lado, hacer efectivas leyes, protocolos, acuerdos –nacionales e internacionales– que se traduzcan en y garanticen una efectiva aplicación de la justicia (no necesitamos ni condenas más largas ni pena de muerte, sino que se aplique la ley y acciones para combatir la violencia) y en mayor seguridad para las mujeres en todos los espacios. Por el otro, necesitamos modificar de fondo estructuras culturales y él único camino para lograrlo es la educación, en todas sus formas y niveles, desde la circulación de campañas promocionales hasta la impartición de cursos, desde la creación de programas televisivos y radiofónicos hasta la exigencia de un comportamiento sensible y empáticos por parte de los hombres que tienen presencia pública, desde periodistas y empresarios hasta profesores y políticos (especialmente quienes ocupan cargos de elección).

Las derechas y las izquierdas, así como los centros, en términos de idearios políticos, hace mucho que se desdibujaron en este país. Lo que mueve a los partidos políticos, en su mayoría, no es una ideología, no son convicciones, no son principios éticos... En la coyuntura actual respecto del feminismo, los partidos políticos y buena parte de sus integrantes, hombres y mujeres, buscan montarse sobre el movimiento para ganar un poco de la credibilidad, para brillar por efecto del reflejo de la luz que no poseen, O, del otro lado, no faltan quienes buscan desprestigiarlo y deslegitimarlo. Así que, detengámonos un momento para precisar aquí lo que estamos diciendo, de múltiples formas, cada una con sus palabras y a su estilo, en todas las plataformas y soportes posibles: el movimiento feministas es de las mujeres y las acciones convocadas para los días 8 y 9 de marzo, están promovidas, alentadas y serán ejecutadas por mujeres.

Lo importante para todas nosotras es no dejarnos influenciar y estar claras en que la toma de la calle del 8 de marzo, el paro nacional del 9 de marzo, no son de la derecha ni de la izquierda, no pertenecen a ningún partido ni a ningún político ni a ninguna política... Estos movimientos #SonPorNosotras, por todas las mujeres, por las que estamos y las que no, porque #VivasNosQueremos, porque no queremos #NiUnaMenos,porque no estamos dispuestas a soportar que desaparezca #NiUnaMás. Porque somos solidarias y #YoSiTeCreo. Por el derecho a vivir con justicia y sin miedo #UnDiaSinNosotras, #UnDiaSinMujeres

@fgantus
Escritora e historiadora.

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