Por Citlali Ayala Martínez
En los últimos dos años hemos atestiguado cambios importantes en la cooperación internacional para el desarrollo. Pareciera que cada vez hay más frentes que atender en los problemas del desarrollo. La desinversión de la cooperación en una cuarta parte de su presupuesto global, ocasionada por la retirada de Estados Unidos, el replanteamiento de presupuestos y políticas de otros donantes, a la par de un multilateralismo en crisis, han ocasionado la necesidad de colectivos de diferentes países y naturaleza para hacer frente a una realidad fragmentada, incierta y en conflicto. Un escenario de antítesis a la cooperación donde los aliados ya no lo son, donde la concertación política está dejando de ser el paso número uno para lograr agendas comunes.
Es innegable que la ayuda al desarrollo ha servido desde sus orígenes a los intereses hegemónicos de los donantes tradicionales; sin embargo, en los años recientes es posible identificar una tendencia a transitar hacia la economía y la geopolítica. La ayuda oficial al desarrollo se orientó tradicionalmente a objetivos humanitarios, la reducción de la pobreza y, en este siglo, a coadyuvar al cumplimiento de los objetivos de desarrollo en la agenda global. Los países de renta media se fortalecieron en políticas, instituciones y presupuestos; otros más tuvieron su auge y su propia caída. Los conflictos bélicos en Ucrania, Palestina, y actualmente entre Irán, Israel y Estados Unidos, han significado cambios sustantivos en la cooperación internacional, a raíz del cambio de prioridades financieras, del impacto económico en la economía, la energía y el transporte.
En un entorno de interdependencia compleja y de hallazgos de minerales y yacimientos no convencionales, la geopolítica de la cooperación se vincula estrechamente a la economía, con el propósito de reducir la dependencia de los socios comerciales involucrados en los conflictos bélicos, así como de las decisiones de reducción de oficinas técnicas, presupuestos a la cooperación y un mayor ejercicio de las responsabilidades compartidas pero diferenciadas. El informe más reciente de la ayuda oficial al desarrollo de la OCDE señala que la ayuda aportada por los países del Comité de Ayuda al Desarrollo en 2025 bajó en un 32.1% con respecto a la de 2024, colocando el compromiso global al que se tuvo al inicio de la Agenda 2030 en 2015.
Hoy, es posible visualizar con más evidencia las tendencias de la cooperación de poner su foco de atención, metodologías de ejecución e instrumentos en la inversión, el comercio, la infraestructura digital, y dar continuidad a la cooperación técnica. A la par, se han sofisticado la cooperación Sur-Sur y triangular, democratizando el uso de sus métodos, fortaleciendo las alianzas público-privadas con el uso de insumos tecnológicos y digitales.
La ampliación de la cobertura de la cooperación para el desarrollo hacia la agenda de cuidados, la migración y la seguridad, la economía, la tecnología y el clima, atiende ámbitos sin duda necesarios para el desarrollo humano; pero, a su vez, se enfrenta a la necesidad de crear políticas decoloniales y feministas, mecanismos financieros incluyentes y representativos, donde los desafíos se abren para la coordinación inter agencial. El reto actual sigue siendo el combate a la pobreza y las desigualdades, mismas que se extrapolan a la brecha digital.
La comunidad internacional, incluyendo a donantes tradicionales, proveedores emergentes, banca multilateral de desarrollo del Sur global, y alianzas público-privadas, se enfrentan al reto de proponer y construir un nuevo sistema de cooperación para el desarrollo conscientes del entorno conflictivo, la crisis climática, la muerte del liberalismo, las ausencias e incertidumbres, pero también con ayuda de la digitalización y procesos de decisiones democráticos. La geopolitización de la cooperación internacional para el desarrollo requiere ver el bosque completo. Es una gran oportunidad para que México se coloque del lado correcto de la reconstrucción de la cooperación. Ojalá se aproveche.
Citlali Ayala Martínez
Es profesora investigadora del Instituto Mora desde 2002. Trabajó en la Dirección General de Cooperación Técnica y Científica de la SRE y ha realizado consultoría en materia de cooperación para GIZ, AECID, AMEXID, PNUD México y Oxfam, entre otros. Sus áreas de investigación son la cooperación sur-sur y triangular, cooperación en educación superior, Agenda 2030 para el desarrollo sostenible y digitalización vinculada a desarrollo. Es coordinadora del Diplomado en Cooperación internacional para el desarrollo y sus instrumentos de gestión, impartido en el Instituto Mora desde 2010.
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