El sábado pasado, el presidente Donald Trump recibió en Florida a doce líderes latinoamericanos en la llamada Cumbre Escudo de las Américas, con el objetivo de impulsar una coalición para combatir el crimen organizado en la región. El encuentro tuvo dos rasgos llamativos: los invitados compartían una orientación política cercana a la derecha y la reunión no se celebró en la Casa Blanca ni en otra sede oficial del gobierno estadounidense, sino en uno de los clubes de golf del propio mandatario republicano.
Entre los grandes ausentes estuvieron México, Colombia y Brasil. Aun así, Trump se refirió directamente a nuestro país. “El epicentro de los cárteles es México”, afirmó. También aseguró que Estados Unidos hará “lo necesario para detenerlos”, en alusión a las organizaciones criminales que operan en territorio mexicano.
Al mismo tiempo, buscó matizar sus declaraciones al referirse a la presidenta Claudia Sheinbaum. “Me gusta Sheinbaum, es una persona muy buena, tiene una hermosa voz”, dijo. Pero enseguida agregó: “Los cárteles están manejando México y no podemos permitir eso. Estamos demasiado cerca”.
Sus palabras se suman a las reiteradas advertencias que ha hecho en los últimos meses sobre la posibilidad de una intervención militar en México bajo el argumento de combatir el narcotráfico.
México no fue el único tema de la cumbre. Trump también habló sobre Cuba y afirmó que el régimen “está en sus últimos momentos de vida”. “No tienen dinero, no tienen combustible. Es un mal régimen que ha sido malo por mucho tiempo”, dijo, al tiempo que aseguró que un gran cambio llegará pronto a la isla.
El cierre del evento también dejó un momento peculiar. Trump afirmó que le gustaría visitar todos los países latinoamericanos, aunque aclaró que no aprendería “su maldito idioma”, en referencia al español. Añadió que para ello bastaría con tener un buen traductor. En ese momento intervino el secretario de Estado, Marco Rubio, quien dirigió unas palabras en español.
Más allá de las anécdotas, la cumbre deja entrever dos señales claras. Primero, la visión de Trump sobre la lucha contra el narcotráfico en la región y la insistencia en la posibilidad de una intervención directa en México. Segundo, una estrategia de cooperación selectiva basada en afinidades ideológicas.
Los países presentes no representan ni la mitad del PIB de América Latina. Pero en esta cumbre el criterio no parecía ser el peso económico, sino la cercanía política. En algunos casos, esa cercanía vino acompañada de beneficios visibles: respaldo electoral para Nasry Asfura en Honduras, apoyo financiero para la economía de Javier Milei en Argentina y elogios constantes a la estrategia de seguridad de Nayib Bukele en El Salvador.
La Cumbre Escudo de las Américas, más que una plataforma regional contra el crimen organizado, terminó pareciendo un espacio de alineamiento político alrededor de la agenda de Trump.

