Esta mañana, Donald Trump se convirtió en el primer presidente de Estados Unidos en acudir a una audiencia de la Corte Suprema. Colocado en la primera fila, justo frente a las y los ministros, escuchó los alegatos orales de un caso que podría limitar el derecho a la ciudadanía estadounidense por nacimiento.

El asunto se remonta al primer día de la segunda administración de Trump, cuando firmó una orden ejecutiva para restringir la ciudadanía por nacimiento en territorio estadounidense. La medida establecía que solo serían considerados ciudadanos quienes tuvieran al menos un padre ciudadano o con residencia permanente. En consecuencia, los bebés nacidos en Estados Unidos de padres que se encontraran en el país, ya fuera de manera legal o irregular, no serían reconocidos como ciudadanos estadounidenses. Sin embargo, esta orden nunca ha entrado en vigor, ya que diversos tribunales federales han bloqueado su aplicación, incluso después de que la propia Corte Suprema limitara el alcance de estas suspensiones.

La medida desafía directamente la cláusula de ciudadanía contenida en la Decimocuarta Enmienda de la Constitución estadounidense: “Todas las personas nacidas o naturalizadas en los Estados Unidos, y sujetas a su jurisdicción, son ciudadanos de los Estados Unidos”. Esta enmienda surgió en el contexto de la Guerra Civil y de la lucha de las personas afroamericanas por abolir la esclavitud y obtener el reconocimiento pleno de su ciudadanía. Se trata, por tanto, de un pilar histórico que refleja la identidad y los valores fundamentales de la nación.

Con el paso del tiempo, se han reconocido ciertas excepciones a la ciudadanía por nacimiento a través de la legislación y la interpretación judicial. Estas incluyen a los hijos de diplomáticos, a personas nacidas en contextos de invasión militar y, en determinados momentos históricos, a integrantes de pueblos indígenas.

Durante la audiencia, el fiscal John Sauer argumentó que la Decimocuarta Enmienda fue concebida originalmente para otorgar ciudadanía a personas que habían vivido en la esclavitud y que, posteriormente, se entendió que no debía extenderse a los hijos de personas que se encontraban temporalmente en el país. Asimismo, sostuvo que la mayoría de los países del mundo no reconocen la ciudadanía por nacimiento y que esta práctica incentiva la inmigración irregular. Finalmente, afirmó que Estados Unidos enfrenta un fenómeno de “turismo de nacimiento”, mediante el cual mujeres viajan al país con el propósito específico de dar a luz y asegurar la ciudadanía de sus hijos.

En contraste, Cecilia Wang, representante de la American Civil Liberties Union (ACLU), subrayó que existe un consenso ampliamente arraigado en la sociedad estadounidense: todas las personas que nacen en el país son ciudadanos. Argumentó que la Decimocuarta Enmienda establece una regla clara, funcional y resistente a manipulaciones interpretativas.

La discusión también giró en torno a un precedente clave de la Corte Suprema de 1898: el caso Wong Kim Ark. En este asunto, la Corte determinó que un hombre nacido en San Francisco, hijo de padres chinos, era ciudadano estadounidense, pese a que las autoridades habían cuestionado su nacionalidad al intentar reingresar al país tras un viaje a China. Este precedente ha sido, desde entonces, un punto de referencia central en la interpretación de la ciudadanía por nacimiento.

A lo largo de la sesión, que se extendió por dos horas y quince minutos, las y los ministros parecieron inclinarse en contra de la medida que busca limitar este derecho. Destacaron, en particular, las intervenciones de la jueza Amy Coney Barrett y del presidente de la Corte, John Roberts, quien cuestionó el argumento de Sauer sobre el supuesto “turismo de nacimiento”. Ante la afirmación de que el mundo ha cambiado desde la ratificación de la enmienda, Roberts respondió con una frase contundente: “el mundo ha cambiado, la Constitución es la misma”.

Más allá de la presencia de Trump, el caso es fundamental por al menos dos razones. En primer lugar, pone a prueba la independencia y la credibilidad de una Corte que, en años recientes, ha sido percibida como deferente al Poder Ejecutivo. En segundo lugar, el asunto toca una de las cuestiones más profundas del orden constitucional estadounidense: quién pertenece a este país.

La Decimocuarta Enmienda no solo cerró un periodo histórico marcado por la violencia y la esclavitud, sino que también abrió la puerta a que millones de personas pudieran formar parte de Estados Unidos. A lo largo del tiempo, esta disposición ha permitido que generaciones enteras crezcan, contribuyan y transformen la sociedad. En ese sentido, la grandeza estadounidense no radica únicamente en sus instituciones, sino en la diversidad y pluralidad de quienes creen en su Constitución y deciden formar parte de ese experimento democrático.

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