El miércoles pasado, cuatro periodistas del New York Times ingresaron a la Oficina Oval para sostener una conversación poco usual con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. La entrevista se dio en el marco del primer año de su gobierno y después de la operación militar en Venezuela que derivó en la captura del presidente Nicolás Maduro, un hecho que algunos expertos consideran uno de los momentos más relevantes de la historia contemporánea de Estados Unidos. Sin embargo, más allá del acontecimiento en sí, la charla reveló una serie de reflexiones que permiten conocer con mayor profundidad la mente detrás del movimiento Make America Great Again.
El primer tema abordado fue la situación actual de Venezuela. Trump justificó el ataque militar como parte de la lucha contra el narcotráfico y la migración irregular. Además, aseguró que el petróleo venezolano fue únicamente una consecuencia colateral de la operación. Asimismo, afirmó que Estados Unidos gobernaría el país latinoamericano el tiempo que fuera necesario, hasta que la intervención se tradujera en un resultado rentable.
Posteriormente, la conversación giró en torno a los planes del Presidente para adquirir el territorio de Groenlandia. Los periodistas le preguntaron si prefería Groenlandia o conservar la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), a lo que Trump respondió que ni Rusia ni China le temen a la OTAN. Quizá lo más llamativo ocurrió al afirmar que prefiere realizar una transacción pacífica que le permita obtener la propiedad del territorio, en lugar de invadirlo por la fuerza. Acto seguido, el presidente comenzó a hablar de cómo, según él, ha puesto fin a ocho guerras sin recibir el crédito correspondiente. Criticó al comité del Premio Nobel por haber reconocido al expresidente Barack Obama y no a él. Además, al ser cuestionado sobre el derecho internacional como un posible límite a sus acciones, aseguró que el único límite que reconoce es su propia moral y su forma de pensar.
Estas declaraciones permiten observar a una persona que no le tiene respeto a las instituciones ni a las leyes: un presidente guiado por un único compás moral, él mismo. Aquí surge la primera gran contradicción. Trump se presenta como un defensor de la paz, un mandatario que desea ser recordado por terminar conflictos bélicos y por realizar transacciones justas. Sin embargo, cuando se le plantea la disyuntiva entre la diplomacia, la negociación y el respeto a las normas, opta reiteradamente por las intervenciones militares y las operaciones violentas.
Durante la segunda mitad de la entrevista se abordaron asuntos de política interna. En particular, los hechos ocurridos en Minneapolis, donde agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) asesinaron a una mujer durante una redada. Al respecto, Trump defendió a los agentes de la institución y sostuvo que la sociedad los ha tratado injustamente, pese a que desempeñan una labor que considera fundamental. Al mismo tiempo, afirmó que no desea ver más muertes, pero insistió en que ICE debe hacer su trabajo. El Presidente pidió que se reprodujera el video de los hechos, una decisión que le resultó costosa, pues los periodistas comenzaron a señalar la violencia y la falta de previsión del agente responsable. Trump se mostró visiblemente incómodo y tuvo que reconocer que se trató de un hecho lamentable, aunque intentó deslindarse rápidamente afirmando que ama a los inmigrantes que llegan de manera regular a Estados Unidos y contribuyen a la economía del país.
Al referirse a los efectos de las redadas de ICE en distintos sectores industriales, Trump señaló que Estados Unidos necesita una política migratoria integral que funcione para todos. Cuando se le pidió que explicara a qué se refería, el presidente adoptó un tono evasivo y comenzó a divagar, argumentando que no podía profundizar en el tema porque ello interferiría con las negociaciones en el Congreso.
Aquí aparece otra de las contradicciones centrales de Trump. Una política migratoria integral implica construir vías para que las personas migrantes que se encuentran en situación irregular puedan regularizar su estatus y eventualmente acceder a la ciudadanía. Si Trump dice defender ese objetivo y estar dispuesto a trabajar en él, ¿por qué ha optado por implementar políticas hostiles y radicales contra la migración? ¿Por qué ha llevado a Estados Unidos al borde de una crisis constitucional mediante deportaciones masivas?
Es común que los presidentes utilicen su segundo mandato para consolidar su legado en la arena internacional. No obstante, esta entrevista muestra a un Trump dispuesto a hacer lo que sea necesario para obtener crédito y reconocimiento global, incluso a costa del derecho internacional. Al mismo tiempo, deja en claro un elemento esencial para comprender al movimiento Make America Great Again: Donald Trump es, ante todo, una figura profundamente contradictoria.

