Selección Mexicana de Futbol, una marca en tonos grises

Hussein Forzán R.

No siento esa identificación de la afición con este equipo, el cual no comunica algo, sumando a que ir al Estadio Azteca dejó de ser una experiencia para los fans, y más en este tipo de partidos eliminatorios

Intentaré que esta colaboración esté alejada de cualquier comentario sobre los resultados deportivos o desenvolvimiento de los jugadores de la Selección Mexicana. La única intención es expresar mi sentimiento para el equipo tricolor y hacer un pequeño análisis de cómo creo se encuentra el conjunto nacional. Lo primero que siento es una falta de identificación de la afición con el equipo mexicano.

Es obvio que, conforme se acerque el Mundial e incluso con la clasificación del Tri, la afición se volcará a Qatar, pero ¿es necesario esperar esas instancias? No veo que las marcas estén calentando el terreno, a tan sólo un año de la Copa del Mundo, pero sostengo que no siento esa identificación de la afición con este equipo, el cual no comunica algo, sumando a que ir al Estadio Azteca dejó de ser una experiencia para los fans, y más en este tipo de partidos eliminatorios.

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La comunicación en la redes sociales del Tricolor es demasiado institucional, los patrocinadores haciendo lo mismo de siempre; no salen de lo cotidiano del futbol mexicano. Es una oportunidad increíble para sentarse, analizar y darle la vuelta a un estilo ya caduco de llevar a la Selección Mexicana, en el que la gran impulsora se vuelve la televisión, pero siempre bajo sus intereses. Los comerciales y la creatividad para comunicar un patrocinio oficial sigue con el estilo de los últimos 25 años.

Otro factor fundamental es la falta de ídolos. Es cierto que Memo Ochoa y —tal vez— un par más (no sé quiénes podrían ser) tienen un gran arrastre, pero están lejos de ser una figura del pueblo, cuando ponemos en la mesa a Hugo Sánchez, Cuauhtémoc Blanco y otros. La comunicación actual de los jugadores del Tri es muy selectiva, no está conectada con la base de la pirámide y esto genera que los mensajes que puedan dar los jugadores se diluyan y no tengan el impacto en el vox populi.
 

Esto no tiene nada que ver si son buenos o malos, si ganan o pierden. Estamos hablando de comunicación y arquitectura de marca. Los resultados siempre incentivarán la pasión del aficionado, pero la mercadotecnia deportiva no debe estar supeditada a esos resultados. La obligación del sports marketing es que el fan tenga una experiencia, que tenga un retorno de inversión por el valor del boleto que está pagando. En palabras coloquiales, que se la pase bien y disfrute, más allá del funcionamiento y resultados de su equipo favorito.

@husseinforzan

 

 

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