En la 4T, el deporte no es prioridad

Hussein Forzán R.

No veo a Ana Gabriela Guevara defender los intereses de los deportistas; se volvió un fantasma del sistema

Esta semana, se dieron algunas noticias en cuanto al equipo olímpico mexicano. Algunos atletas están sin apoyos, otros no tienen respuestas de sus federaciones, otros más han logrado el pase a Tokio con sus propios recursos económicos; sin duda alguna, es un desastre poco difundido, no veo a los medios de comunicación darle salida a estas penosas noticias y estamos enfrascados en la paupérrima gira de la Selección en Estados Unidos.

En la agenda del Gobierno Federal, no está el deporte. Aunque entiendo que existen prioridades mayores, tales como el programa de vacunación o intentar recuperar la economía, la cual —por cierto— está en estado de coma, sin saber cuál será el futuro inmediato del país, el deporte debe ser siempre de las más grandes prioridades, porque tiene valores fundamentales para el desarrollo de una sociedad sana en todos los aspectos, pero hoy está metido en el cajón. No veo a la revolucionaria Ana Gabriela Guevara defender los intereses de los deportistas; tristemente, se volvió un fantasma, un zombie del sistema.

Estamos a pocos días de la justa veraniega y el deporte amateur mexicano está colapsando. Siempre he mencionado que no podemos aspirar a ser una potencia mundial cuando nuestros niños están vendiendo o pidiendo dinero en los semáforos, cuando no existe un programa deportivo en las escuelas privadas o públicas, cuando los espacios públicos son precarios —e incluso un lugar como el CDOM está en ruinas—, cuando no existe un programa de salud lo suficientemente robusto para evitar el sedentarismo, obesidad, drogadicción, alcoholismo y violencia. El deporte es una plataforma que ayuda a mantener al ser humano alejado de todos esos escenarios.

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Después de tantos problemas de salud en el mundo, los JJOO de Tokio están por comenzar, pero es increíble ver cómo los atletas mexicanos de disciplinas acuáticas denunciaron no tener certeza de su estatus para los clasificatorios y estar en el olvido por parte de los dirigentes de la Federación Mexicana de Natación; es algo inexplicable, penoso, precario. Es muy común ver en la redes sociales cómo los deportistas presumen sus logros, sus resultados; sin duda, al leerlos causa una gran satisfacción, pero —al mismo tiempo— impotencia, tristeza de ver cómo van luchando solos ante el mundo y —a su vez— los medios de comunicación presumiendo las próximas transmisiones, sin importar si el deportista mexicano tendrá una buena o mala participación.

Si no es el Gobierno, tendría que ser la iniciativa privada la que lance ese salvavidas para la delegación mexicana. Es, sin duda, una gran oportunidad para unirse como industria y poner el recurso en estos deportistas, quienes se rompen el alma cuatro años, para una prueba que puede durar segundos. Seamos empáticos, sumemos a la industria deportiva, porque la agenda del Gobierno está ocupada en dividir y polarizar al país.

@husseinforzan

 

 
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