En Hollywood nadie sabe nada y cuando creen saberlo, aparece un algoritmo para recordarles que el guión siempre puede reescribirse. La semana pasada ocurrió uno de esos giros inesperados cuando Sam Altman y OpenAI decidieron desconectar a Sora, cancelar su acuerdo con The Walt Disney Company y salir discretamente del set de Hollywood.

Los guionistas celebraron como si hubieran derrotado al villano digital de la temporada. Durante meses Sora había sido el meme favorito del miedo tecnológico. La idea de que un modelo de inteligencia artificial pudiera dirigir, fotografiar y editar al mismo tiempo sonaba, para algunos, como el principio del fin de la industria.

Pero la celebración podría ser prematura. En tecnología los vacíos se llenan pronto. Hoy se va Sora y mañana llega otro laboratorio con un generador de video más barato, más rápido y probablemente más difícil de detener.

La cancelación de Sora no se debió a un drama artístico, fue una decisión financiera. Los costos para generar video realista eran enormes, la rentabilidad era baja y el debate sobre deepfakes empezó a incomodar incluso a los inversionistas. En el mundo de la inteligencia artificial todo debe justificar el pago del recibo de la luz.

Habrá quienes lo extrañen, como los creadores de contenido que producían videos virales en minutos, artistas que exploraban la beta cerrada y algunos investigadores fascinados con la posibilidad de construir mundos sintéticos. Para ellos, Sora era un laboratorio visual.

Pero también hay quienes no derramarán una lágrima. En particular los más jóvenes. Paradójicamente, aquellos que crecieron rodeados de efectos digitales, no extrañarán la aplicación porque cuando todo es posible en pantalla, la fantasía pierde misterio. Si cualquier escena puede generarse en segundos, la sorpresa se diluye.

No obstante, tal vez Sora solo era el espejo incómodo de Hollywood. Si una máquina puede generar miles de escenas, entonces el negocio ya no está en producir imágenes sino en imaginar lo que realmente valga la pena ver. Ahí es donde los magnates de la industria pueden revivir o matar a la gallina de los huevos de oro.

CIBERCRIMEN S.A.

En el mundo del cibercrimen ya no hay hackers románticos encerrados en un sótano, ahora son algo mucho más parecido a una empresa multinacional.

Eso es lo que encontró Hewlett Packard Enterprise (HPE) en su informe In the Wild, un estudio que analiza 1,186 campañas reales de ciberataques observadas durante 2025. El diagnóstico es que el cibercrimen se volvió industrial, automatizado, organizado y con una lógica empresarial que haría sonreír a cualquier MBA.

Los atacantes operan con jerarquías, equipos especializados y una coordinación que recuerda más a un corporativo que a un grupo de niños rata. En ese ecosistema se desplegaron más de 147 mil dominios maliciosos, casi 58 mil archivos de malware y se explotaron 549 vulnerabilidades conocidas.

Los gobiernos fueron el blanco favorito con 274 campañas registradas. Detrás aparecen los sectores financiero y tecnológico, dos industrias donde los datos y el dinero suelen viajar juntos.

Pero la parte más inquietante es el uso de tecnología emergente. Los atacantes utilizan automatización y hasta inteligencia artificial para acelerar operaciones. Algunas bandas ya emplean voces sintéticas y videos deepfake para suplantar ejecutivos en fraudes corporativos, mientras otras montan auténticas líneas de ensamblaje de datos robados usando plataformas como Telegram.

El problema ya no es solo tener más herramientas de seguridad. El reto real es coordinar defensas, compartir inteligencia y cerrar las puertas más obvias, como VPN mal configuradas o accesos innecesarios. En la economía digital el crimen también aprendió a escalar y lo hizo con una eficiencia que muchos negocios todavía envidiarían.

FALLAS EN LA DISPERSIÓN

La digitalización de apoyos sociales exige fricción mínima y alta disponibilidad en los sistemas de pago. Sin embargo, errores en la validación de operaciones en Jalisco, sumados a fallas en la lógica de dispersión en Nuevo León, han encendido alertas técnicas sobre la infraestructura de Servicios Broxel. El incidente más reciente, donde un error de código provocó depósitos de hasta 15 veces el monto real, obligó a bloqueos masivos y ajustes manuales que evidencian una falta crítica de controles preventivos. Preocupa que este historial se replique en el programa Mujeres con Bienestar del Estado de México, bajo la licitación LPNP-005-2026. Entregar 700 mil tarjetas en 10 días tras el fallo no es logística, es magia o prefabricación. Si el sistema que administrará los mil 750 millones de pesos carece de robustez en sus capas de validación, el impacto recaerá en la bancarización de las beneficiarias. Ojo…

Columnista y comentarista

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