Desde ayer y hasta el 28 de febrero la Ciudad de México se convirtió en pasarela financiera con la FinTech México Week 2026. Más de 50 eventos y el FinTech México Festival tomarán distintos foros para reunir a fundadores, inversionistas, bancos, reguladores y líderes tecnológicos. El objetivo es impulsar la innovación digital y colaboración tecnológica en el sistema financiero. Y no, no la cancelaron porque las fuerzas de seguridad del país están haciendo su trabajo. No se acobardan.

En la agenda organizada por FinTech México, aparecen temas como tendencias en pagos, infraestructura fintech, inclusión financiera y modelos disruptivos. Es decir, encontrar la manera de cómo mover dinero más rápido, cómo prestar mejor y cómo no quedarse fuera de la fiesta digital.

Y en ese contexto platiqué con Diego Rodríguez, director general en México de Ubimia, firma española convencida de que el negocio bancario todavía tiene margen para optimizarse. La empresa ofrece soluciones de software para gestión bancaria y se especializa en procesos de crédito apoyados en inteligencia de datos.

Rodríguez insistió en algo que suena contraintuitivo en plena fiebre de Inteligencia Artificial (IA). Dice que la ventaja competitiva no está en presumir el algoritmo más vistoso, sino en conocer a fondo el proceso de negocio del cliente, incluyendo la compra, servicio, facturación, cobranza, otorgamiento de crédito.

Ubimia no presume un modelo de autoservicio donde el banco se conecta, descarga y listo. Su enfoque es de “delivery” de software. Eso implica meses de trabajo conjunto, adaptación al modelo de negocio del cliente y ajustes finos.

Ellos no creen en las cuotas fijas porque su pago está ligado al desempeño. Si el software mejora la capacidad de otorgamiento de crédito, la cobranza o la administración, el cliente paga más. Si el desempeño baja, paga menos. Una apuesta arriesgada pero alineada con resultados.

En sus modelos de cobranza, la IA no se usa para asustar al deudor con bots agresivos, sino para optimizar la experiencia del cliente. El sistema aprende el comportamiento del cliente final y define el mejor canal y momento para contactarlo. La personalización reduce costos al enviar menos mensajes y mejora la experiencia de pago.

Curiosamente, Ubimia también evita usar IA generativa para la calificación de riesgo crediticio. La razón es para prevenir alucinaciones o calificaciones erróneas. Para ese proceso crítico mejor emplean modelos de machine learning entrenados con datos del propio cliente, del buró o fuentes públicas. Esos modelos no “inventan” información y ayudan a reducir sesgos, falsos negativos o discriminación por sexo, raza o edad.

La IA generativa solo se usa en análisis documental, sobre todo en originación de banca empresarial. El sistema lee actas constitutivas o estados de cuenta y extrae información relevante. Ahí la flexibilidad juega a favor. Además, desarrollaron un agente virtual con IA capaz de mantener conversaciones educadas, guiar pagos y escalar casos complejos a un humano.

El discurso de Ubimia suena menos disruptivo, pero es muy efectivo. Su IA no busca reemplazar todo el proceso, sino automatizar las partes de menor valor en la cobranza. Los humanos siguen siendo lo primordial. En plena Semana Fintech, esa combinación de datos y sentido común parece más negocio rentable que moda.

MAZATLÁN AUTOMATIZADO

Si todos los mexicanos nos arrugáramos por “lo que puede pasar”, no abriríamos empresas, no lanzaríamos startups y mucho menos construiríamos parques industriales en estados que llevan décadas operando en entornos retadores.

Por eso resulta interesante lo que ocurre en Sinaloa. Mientras algunos esperan a que el clima político, económico y social sea perfecto (nunca lo será), otros invierten. Ahí está el arranque del Mazatlán Logistics Center, conocido como MLC, impulsado por Grupo ArHe bajo el mando de Juan José Arellano Hernández. En lugar de cancelar eventos o bajar cortinas, ellos decidieron levantar infraestructura.

El MLC es un parque industrial y logístico diseñado desde el ADN para jugar en la liga del nearshoring. La inversión anunciada apuesta por montar tecnología para la construcción de naves industriales de nueva generación con espacios inteligentes, sostenibles y flexibles. La idea es optimizar costos operativos y soportar automatización avanzada mediante Internet de las Cosas. El proyecto contempla alcanzar 22 mil 500 millones de pesos de inversión al concluir sus tres etapas en un espacio de 197 hectáreas.

En el caso del MLC, la automatización incluye un Recinto Fiscalizado Estratégico (RFE) con aduana propia y un área proyectada de 23 hectáreas al concluir sus etapas. Con ello, las compañías podrán almacenar, transformar o reparar mercancías sin pagar impuestos durante 60 meses, operando con sistemas de gestión de almacenes de alta tecnología.

Un RFE bien implementado se convierte en ventaja competitiva frente a otros nodos logísticos del país que todavía operan con procesos fragmentados y dependientes de múltiples ventanillas.

Además, el parque incorpora sistemas avanzados de seguridad 24/7/365, con cámaras de inspección fija en piso a lo largo de las vialidades internas. La infraestructura inteligente incluye accesos automatizados y control digital para agilizar el flujo del transporte de carga.

También integra luminarias solares, red subterránea de gas natural y conectividad directa con un puente propio de retorno hacia la autopista Mazatlán-Culiacán. Esa decisión evita el tráfico urbano y facilita la entrada y salida de mercancías hacia los principales corredores del país; Pacífico, Bajío y Estados Unidos. No es casualidad que esté a 25 minutos del puerto de Mazatlán y a 32 del aeropuerto internacional.

La interconexión con Durango, Sonora y Chihuahua, además de su vínculo natural con Texas y California, lo coloca en el radar de empresas que buscan reconfigurar su manufactura más cerca del mercado estadounidense. Todo muy alineado con el llamado Plan México.

La automatización del MLC no consiste solo en poner sensores y cámaras; se trata de integrar infraestructura física con sistemas digitales de gestión que reduzcan la fricción operativa.

Por este proyecto, el Comité de la Hispanic Prosperity Gala en EU otorgó el Premio al Mejor Empresario del Año a Juan José Arellano Hernández, presidente del Consejo de Administración de Grupo ArHe. Más allá del galardón, lo importante es saber que hay empresarios que no esperan a que el entorno sea perfecto para invertir en infraestructura de largo plazo.

En México solemos debatir si conviene o no arriesgar, pero proyectos como el Mazatlán Logistics Center plantean otra narrativa. No se trata de negar los retos de Sinaloa ni de romantizar el riesgo. Se trata de asumir que, si la apuesta es quedarnos inmóviles hasta que todo sea seguro, el nearshoring se irá a otra parte. Y entonces sí, no habrá nada que inaugurar.

MOVILIDAD QUE TRASCIENDE

Cumplir 100 años en la industria automotriz mexicana no es solo un asunto de nostalgia, es una prueba de adaptación tecnológica. Grupo Andrade, que comanda Ángel Mieres Zimmermann, sumará en 2026 más de 60 distribuidoras, más de 35 marcas y ventas superiores a 45 mil unidades al año, pero el giro interesante está en cómo entendió que la movilidad ya no se limita a vender autos. Con una flota administrada de más de 100 mil vehículos, más de 2 mil talleres conectados a nivel nacional y soluciones que van del financiamiento al arrendamiento y la logística, el grupo opera hoy como un integrador de servicios apoyado en procesos digitalizados y gestión de datos. Es aquí donde la eficiencia, el mantenimiento predictivo y la trazabilidad pesan más que el discurso comercial, y demuestra que la ventaja competitiva está en la capacidad de convertir cada vehículo en parte de un ecosistema inteligente.

Columnista y comentarista

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