No, no es una broma rezagada del Fools Day en EU. Tampoco es un intento forzado de subirse al trend pero efectivamente, hay un vínculo entre el éxito de las próximas misiones lunares y una empresa mexicana.

La misión Artemis II despegó desde Florida y marcó el inicio de la primera misión tripulada del programa Artemis de la NASA. No es un vuelo cualquiera. Es el primer viaje humano hacia el entorno lunar desde 1972, cuando el programa Apollo cerró su ciclo con Apollo 17. Medio siglo después, la humanidad decidió regresar y a algunos mexicanos les interesa mucho que todo sea un éxito.

El objetivo inmediato de Artemis II no es aterrizar en la Luna, sino algo más técnico: completar un sobrevuelo lunar para probar sistemas de navegación, soporte vital y operaciones de la nave Orion con tripulación. Los astronautas viajarán aproximadamente 7 mil 400 kilómetros más allá del lado oculto de la Luna, la mayor distancia alcanzada por humanos en el espacio profundo.

Este ensayo resulta clave porque abre la puerta a Artemis III y Artemis IV, misiones que buscan regresar a la superficie lunar y comenzar la construcción de infraestructura permanente en ese entorno. En otras palabras, no se trata de un paseo espacial, se trata de preparar el terreno para instalar presencia humana sostenida fuera de la Tierra.

Aquí es donde la ciencia se topa con el negocio tecnológico y se fusionan las metas humanitarias con la rentabilidad empresarial. SpaceX (la empresa de Elon Musk) y su sistema Starship HLS, fue elegido como el vehículo de aterrizaje para los astronautas que viajarán al polo sur lunar. Antes de que eso ocurra, la compañía debe demostrar capacidades críticas en aterrizajes no tripulados y transferencia de combustible en órbita.

En ese punto, la exploración espacial deja de ser únicamente una aventura científica y se convierte en un negocio tecnológico de gran escala. El éxito de Artemis II también funciona como una señal para el mercado financiero, porque si todo sale bien, SpaceX podría cristalizar uno de los debuts bursátiles más grandes de la historia reciente.

Durante meses circularon rumores sobre la salida a bolsa de la compañía. Sin embargo, ayer se supo que la empresa aeroespacial inició de forma confidencial los trámites para su oferta pública inicial. El documento preliminar no revela aún el número de acciones ni el precio objetivo, pero sí sugiere comenzar a cotizar en junio.

Según reportes de Bloomberg, el plan contempla ofrecer dos clases de acciones y si las estimaciones del mercado se mantienen, SpaceX podría debutar con una valuación cercana a 1.75 billones de dólares y recaudar alrededor de 75 mil millones en su primer día de cotización.

Detrás de esa expectativa bursátil existe una apuesta que va mucho más allá de lanzar cohetes. Musk quiere dominar el mercado de transporte espacial, sí, pero también busca convertirse en el mayor operador de centros de datos fuera de la Tierra. Y ese negocio, aunque suene a ciencia ficción, ya está tomando forma. En esa conversación aparece México.

En septiembre pasado, la empresa mexicana Kio Data Centers, dirigida por Octavio Camarena, anunció una alianza con Lonestar Data Holdings para desarrollar un modelo de almacenamiento de información en el espacio. La idea combina infraestructura terrestre con nodos de almacenamiento orbital.

La lógica es ambiciosa pues los centros de datos de Kio en la Tierra funcionarían como consulados digitales, mientras que las instalaciones en el espacio operarían como embajadas de información. Los datacenters de Kio servirían como puente tecnológico entre la infraestructura terrestre y los repositorios de datos instalados fuera del planeta.

La primera etapa del proyecto consiste en instalar una antena terrestre conectada con un satélite en órbita lunar. Ese enlace permitirá transmitir datos de forma continua hacia sistemas de almacenamiento ubicados en el espacio.

La segunda etapa suena todavía más futurista pues se trata de construir instalaciones de almacenamiento en tubos de lava o cráteres naturales de la superficie lunar. La geología del satélite podría ofrecer protección natural contra radiación, impactos y variaciones térmicas, lo que convertiría a la Luna en un refugio inesperado para la información digital.

Lonestar ya probó parte de este modelo. Entre 2021 y 2022 realizó experimentos en la Estación Espacial Internacional. Posteriormente, en febrero de 2025, logró instalar el primer centro de datos comercial en la superficie lunar utilizando hardware compacto de almacenamiento.

El sistema incluyó unidades SSD de 8 terabytes y componentes FPGA de Microchip, todo integrado en un diseño exterior impreso en 3D y con almacenamiento de alto rendimiento desarrollado por Phison. La misión se envió a bordo de Athena, el módulo lunar de Intuitive Machines.

El aterrizaje no fue precisamente elegante, pero la compañía confirmó que la tecnología de almacenamiento permaneció funcional en la superficie lunar. En términos simples, ya existe un centro de datos trabajando fuera del planeta.

El plan ahora es escalar la capacidad. Lonestar proyecta pasar de 15 petabytes de almacenamiento en 2027 a 400 petabytes en 2032, con la mira puesta en unidades aún mayores como exabytes y yottabytes. Para lograrlo necesitará lanzamientos constantes y ahí vuelve a aparecer SpaceX.

La empresa de Musk participará en el despliegue de los próximos módulos que ampliarán la infraestructura de almacenamiento en la Luna. Cada lanzamiento agregará capacidad y redundancia a una red que busca ofrecer servicios de respaldo y recuperación de datos fuera de la Tierra.

El volumen de información global crece a una velocidad que presiona la infraestructura digital existente. Al mismo tiempo, gobiernos y empresas buscan proteger datos críticos frente a desastres naturales, conflictos o ciberataques. Bajo ese contexto, el espacio y particularmente la Luna, empieza a verse como un sitio alternativo para almacenar información estratégica.

Ahí entra nuevamente Kio. La misión de la empresa mexicana consiste en proteger los datos de sus clientes y conectar esa nueva infraestructura orbital con centros de datos en la Tierra.

Así que no, esto no es una broma tardía del 1 de abril. Es la convergencia de exploración espacial, capital financiero y almacenamiento de datos. Y en medio de ese experimento aparece una empresa mexicana que decidió no quedarse mirando el cielo, sino conectarlo.

*Columnista y comentarista

¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Comentarios