Ya volví. No porque alguien me estuviera esperando, sino porque ya se me acabó la excusa de la pereza mental. Gracias por recuperar tu interés en este espacio, pero creo que tenía cuatro o cinco años sin desconectarme totalmente de mis responsabilidades.
Este año sí me valió. Me desconecté como a 95%, que en el mundo corporativo ya es casi una herejía. Dejé de escribir, pero no de observar. Y cuando uno observa sin la presión de un cierre editorial, ve cosas que normalmente pasan como ruido de fondo.
En ese descanso neuronal reaparecieron mis pendientes y propósitos de vida. El inglés fue uno de ellos. Lo leo sin problema, lo escucho con comprensión, lo hablo con mucha pena y no me gusta escribirlo. Esa es la combinación perfecta para convertirme en cliente ideal de cualquier plataforma digital de aprendizaje que prometa fluidez sin dolor.
En estos tiempos el aprendizaje del inglés ocupa un lugar central, y las plataformas de educación en línea se han posicionado como una solución eficiente para profesionales con agendas saturadas como este reportero. Sin embargo, no todos los modelos cumplen de manera consistente la promesa que comunican. El caso de Open English ofrece una oportunidad para analizar esta brecha desde una óptica estrictamente de negocios.
He vagado de plataforma en plataforma pues no creo en las escuelas de inglés. He probado desde Lora hasta Praktika, sin omitir al búho verde que ya me aburre. Las primeras apps me parecen muy intuitivas y adaptables, pero cuando quieres avanzar más viene el sablazo del costo que me parece excesivo. Duolingo, por su parte, se volvió una rutina mecánica, más cercana a un juego de celular que a un proceso serio de aprendizaje. La escuelita, definitivamente, ya la dejé atrás.
Buscaba algo distinto. Una plataforma con la flexibilidad tecnológica de las apps, pero con costos menos manchados y, sobre todo, compatible con el entorno empresarial actual. Hoy la capacitación ya no es un beneficio para poner en el post de reclutamiento en LinkedIn. Es una inversión estratégica, o debería serlo. En ese contexto, alguien mencionó Open English, pero alguien con más conocimiento, soltó un “piénsalo dos veces”.
Uno de Mis Amigos Chismosos (MACH) me explicó el modelo. Open English se presenta como una plataforma pensada para adultos trabajadores, con horarios flexibles, clases en línea y una garantía que, en teoría, reduce el riesgo. Por eso, no es casual que muchas empresas la incluyan en su catálogo de prestaciones. Tecnología, discurso corporativo y la promesa de resultados se presentan como un combo muy atractivo.
Mi amigo me explicó que la experiencia inicial suele ser funcional. La plataforma es intuitiva, el acceso es sencillo y el alumno avanza según su disponibilidad. Todo fluye. El problema aparece cuando entra una variable absolutamente predecible en cualquier organización: el aumento de la carga laboral. Menos tiempo, menos conexiones, más pendientes. Algo normal pues creo que el abandono parcial no es una anomalía, es parte natural de la capacitación adulta.
Ahí es donde se separan los modelos serios de los improvisados. Las mejores prácticas en educación corporativa contemplan seguimiento académico, contacto humano y estrategias de reincorporación. No para regañar, sino para entender qué pasó y cómo retomar el camino. En Open English, ese acompañamiento con mi amigo simplemente no existió. No hubo llamadas académicas, ni correos pedagógicos, ni intención de entender al alumno.
Según mi colega, lo que sí existe, y con puntualidad admirable, es la comunicación comercial. Llamadas para extender licencias, ofrecer productos adicionales, planes “mejorados” y esquemas de referidos. La relación con el usuario se gestiona desde ventas y no desde la academia. El alumno deja de ser un profesional en formación y se convierte en un cliente al que hay que seguirle cobrando.
Ese desequilibrio no es menor. Revela una falla estructural en el modelo de negocio. Open English invierte con disciplina en su aparato comercial, pero muestra una debilidad evidente en su estructura académica. Cuando el uso baja, la respuesta no es educativa, es transaccional. El abandono no se analiza como un problema de aprendizaje, sino como una oportunidad de monetización.
Mi amigo me dijo que cuando se acercó el vencimiento de la licencia, se intentó activar la famosa garantía de aprendizaje. Nada extravagante. Una extensión limitada para retomar el curso en un momento laboral más estable. La respuesta fue automática. Sólo con el pago adicional mi rey. No hubo revisión del historial, no hubo análisis del caso, no hubo coherencia con la promesa original. Los intentos de contacto con niveles directivos quedaron en silencio administrativo.
Desde la óptica de negocios, esto es torpe. Las empresas no pagan plataformas por caridad. Pagan por impacto y retorno de inversión. Un modelo que abandona al alumno cuando más apoyo necesita y refuerza sólo la presión comercial erosiona la confianza. Y sin confianza, no hay marca que aguante.
Aprender un idioma exige disciplina, obvio; pero en educación corporativa la responsabilidad es compartida. Las plataformas que quieren ser socios estratégicos del talento deben equilibrar ventas con pedagogía. Cuando confunden educación con suscripción recurrente, dejan de formar y empiezan a desgastar. Y en un entorno donde la capacitación es clave para competir, ese desgaste sale caro.
Para empresas y profesionales que evalúan a Open English como opción de capacitación, la recomendación es clara: Analizar con detalle su modelo de seguimiento académico, preguntar qué ocurre cuando el alumno se desconecta y evaluar si la garantía de aprendizaje es una herramienta real o solo un argumento comercial.
LOGÍSTICA COMO SOFTWARE
En el segundo año consecutivo con 1.5 millones de TEUs operados por Hutchison Ports LCT en el puerto de Lázaro Cárdenas habla menos de grúas y más de sistemas. En la logística moderna, los récords ya no se explican sólo por metros de muelle, sino por automatización, analítica y decisiones en tiempo real. En la logística moderna, los récords ya no dependen solo de metros de muelle, sino de sistemas de gestión portuaria, automatización de procesos y control digital de operaciones. La terminal ha venido incorporando plataformas para administración de patios, monitoreo de flujos y coordinación intermodal, elementos clave para sostener volúmenes altos de manera consistente. Que la terminal alcance la misma cifra por segundo año seguido confirma que la tecnología dejó de ser un accesorio y se convirtió en la columna vertebral del puerto.
Columnista y comentarista

