México sin esperanza educativa

Hugo Alfredo Hinojosa

1. A las siete cuarenta y cinco de la mañana la mayoría de los niños y jóvenes del país iniciaron sus respectivos ciclos escolares apenas hace una semana. Lo que se extraña en principio es el leve frío de la mañana, el ruido del tráfico que no cesa y la prisa a raudales de familias que intentan llegar a tiempo a las puertas de la escuela, esto en el caso de los estudiantes citadinos. En las extensas zonas rurales y marginales del país anidan otros contextos nada loables para los estudiantes que buscan, a partir del conocimiento, una ruta de escape de la espiral de la pobreza. Entre las clases menos privilegiadas la educación es una herencia, la única, si es que los padres pueden costearla. Ambas realidades dan rostro e identidad a la educación básica e intelectual en México.

A las ocho de la mañana los niños y jóvenes encendieron las computadoras, televisores o tabletas para iniciar sus ciclos de aprendizaje frente a la pantalla, ese espejo profundo y oráculo contemporáneo de nuestros hijos. El ruido de la nueva realidad educativa es castrante. Lo es, olvidemos la falsa cortesía. Las voces de los padres de familia, de los niños y de los profesores relegadas con la intermitencia de las transmisiones digitales hace de la tecnología un infierno que asumimos como Sísifos. El carácter y la metodología de los profesores está en juego. Desde el otro lado de la pantalla deben domar su instinto porque ahora no sólo los estudiantes son testigos de sus errores sino que los padres acechan el error. Así pues, la dulzura y amabilidad extrema, la repetición perenne de los ejercicios vuelve tormentosa la pasarela del conocimiento que se antoja nulo.

Los padres reviven su infancia obligados, negocian con sus labores cotidianas para mantenerse en pie ante la pandemia. Toman las clases e izan también el título de profesores de sus hijos; y al igual que los educadores deben controlar su carácter ante el televidente del desgraciado reality show del conocimiento. Los estudiantes, sin embargo, viven un momento extremo. Aprenden el juego del distanciamiento social, de la pérdida de la autoridad del profesorado, de la irrelevancia del aprendizaje por el menoscabo de los retos intelectuales. La extrema amabilidad convierte al educador en un personaje de opciones múltiples cual programa interactivo y a los padres en censores en la cómoda escenografía de su hogar. Todos espectadores de sí mismos frente a la pantalla.

La pandemia nos ha desnudado. El mundo laboral se desploma. Las instituciones públicas intentan justificar su existencia como la Secretaría de Educación Pública que preside Esteban Moctezuma. A la Secretaría de Salud de Jorge Alcocer Varela y Hugo López-Gatell vale la pena dejarlos descansar en sus laureles. Nuestra desesperación se acentúa conforme la debacle económica se torna trágica; y la soledad, amarga amiga para muchos, reposa en cama como fiel amante. La furia es latente por el atroz cambio a las rutinas cotidianas y duele en la médula que nuestra burbuja del bienestar haya reventado. No somos candidatos a ese primer mundo soñado desde hace décadas y nuestra actual posición geopolítica e intelectual está devaluada debido a las ideologías tan modernas en su arcaísmo que nos gobiernan.

2. Hay bastante que decir al respecto del sistema de educación en México, pero las páginas del día de hoy serían insuficientes. Un breve repaso histórico me lleva a suponer que el proyecto de educación de José Vasconcelos, ideólogo fundador de la Secretaría de Educación Pública, que contó con el apoyo del presidente Álvaro Obregón para sentar las bases del gran programa intelectual del país, fracasó en su intento idealista de impulsar las escuelas rurales, eliminar el analfabetismo y fortalecer las redes de bibliotecas que continúan a la deriva, sin libros ni lectores. Hoy, por cierto, las bibliotecas se hunden bajo la capitanía de Max Arriaga. Vasconcelos palidecería frente al nuevo rol de las bellas artes en este periodo gubernativo cuando el artesanado y el barro se ubican por encima de la abstracción y el mármol. José Vasconcelos fue la piedra angular de un proyecto educativo nacional y republicano, esperanzador, que permanece hasta la fecha sin cristalizarse.

Durante el segundo periodo al frente de la Secretaría de Educación Pública hacia finales de los años 50, Jaime Torres Bodet, retomó el sueño de José Vasconcelos que consistía en el derecho de todos los estudiantes del país a recibir libros de texto sin costo y gracias a esto fundó la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos, además impulsó la profesionalización de los docentes; logro educativo que la oposición política interpretó como un acto de proselitismo del gobierno de Adolfo López Mateos, además se cuestionó con ahínco la calidad educativa y sus contenidos por considerárseles propaganda ideológica y subversiva. La presión política así como los intereses serviles de los hombres en el poder no permitieron el desarrollo educativo nacional.

Una década más tarde, en el gobierno de Luis Echeverría se impulsó un cambio en torno a los programas de la educación que ponderaron las ciencias sociales, la educación científica e histórica. Se abrían así nuevas rutas al conocimiento de los estudiantes mexicanos, nuevas posibilidades de exploración intelectual. Sin embargo, fue también durante ese sexenio que hizo su aparición en el mapa político Elba Esther Gordillo que con el paso de los años se convirtió en una lideresa sindicalista temida, la mujer que controlaba a millones de profesores que, en su mayoría, impartían clases sin programas definidos y sin objetivos que ayudaron a destruir más el sistema educativo nacional. Para cerrar la revisión histórica, no perdamos de vista que tanto Porfirio Muñoz Ledo como Manuel Bartlett estuvieron al frente de la SEP en diferentes momentos. De la renovación generacional política ni hablamos, son el presente una vez más y a quienes debemos los modelos educativos de los últimos 50 años.

3. La historia de la educación en México nos confronta con el hecho innegable de no tener la capacidad estratégica ni intelectual para solucionar el problema educativo del presente, que atenta contra el futuro de las nuevas generaciones de estudiantes. Según la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares del INEGI de 2018, que contempla por completo las mediciones de los estados de la federación, existen al menos 9.3 millones de familias que carecen de todo tipo de soporte tecnológico en casa. Además, 6.8 millones de hogares no cuentan con acceso a internet. 7.5 millones de familias no tienen tabletas, computadoras portátiles o de escritorio, y sólo 354 mil de estas familias acceden a internet gracias a un teléfono celular.

Así pues, ¿cómo accederán los estudiantes a la educación de calidad que brinda el Estado ante la emergencia sanitaria si no cuentan con las herramientas básicas para participar del fenómeno educativo? Hasta hoy, apenas a una semana del inicio del ciclo escolar, profesores de diversos estados de la república se han expresado en contra de la estrategia ineficaz y antipedagógica del secretario Esteban Moctezuma que no se retracta de sus decisiones. El destino de la estrategia nacional de educación será uno: los alumnos aprobarán, todos. Porque en el ánimo de no aceptar un fracaso ante el presidente se actuará con la condescendencia habitual del populismo ramplón que apoya la mediocridad y a la “esperanza” como rasgo conformista del mexicano.

4. Pensar que, a lo largo de nuestra historia, el gobierno ha fomentado programas educativos mediocres con pleno conocimiento de causa es demasiado fácil. Me rehúso a creerlo, deseo encontrar otra respuesta al dilema, pero no la tengo. El juego del dominio político es bastante básico y desearía descubrir una agenda oculta en su simplismo; no obstante tengo claro que todo movimiento político necesita de clientes en potencia que no cuestionen y se limiten a recibir las dádivas sin esfuerzos. Aclaro que no menosprecio el trabajo de los profesores, conozco a un sinfín que me han tendido la mano y enseñado la ruta para escapar justo de la barriada; y me inculcaron el valor de las ideas y a eliminar el conformismo.

Theodor W. Adorno, el maestro de Frankfurt, declaró en diferentes momentos que la única forma de abandonar el velo personal [de la ignorancia] es a través de la educación, esa que te brinda autonomía, que te hace reflexionar y ser determinante; esa educación que permite a los individuos ser resistentes hacia las tendencias autoritarias. Con todo dolor debo decir que nuestra cultura antes de pelear por la calidad y la excelencia, por el liderato, siempre abre la posibilidad a la “esperanza” en su conceptualización religiosa para solventar la nula capacidad crítica del pueblo.

La Varkey Foundation, que otorga el Global Teachers Price, publicó en 2017 un estudio que analizó los comicios presidenciales que llevaron a la victoria a Donald Trump. El estudio demuestra que más del 40% de los votantes que apoyaron al presidente electo no concluyeron sus estudios de secundaria y preparatoria; y debido a esto no ejercieron un voto crítico sino que su decisión se basó en corazonadas y sentimientos. Lo mismo podríamos decir acerca de los comicios de 2018 cuando se votó por “la esperanza de México” y no por un proyecto político de valor real.

5. Veo hoy frente a la pantalla negra de la computadora, o la tableta, a la educación como una liturgia, una nueva religión plagada de ídolos, reglas como salmos. Y como toda religión se iniciarán cruzadas para defender puntos de vista y estilos que acerquen a los niños a la educación como si ésta fuera una deidad. Como toda religión pronto la escuela virtual será arcaica, perderá relevancia. Durante el tiempo que la pandemia nos asedie, la ignorancia continuará con su ritmo tradicional, hallará entre los estudiantes a sus mejores aliados.

La tecnología en todo caso no es la culpable de nuestra tragedia educativa. La tienen los gobernantes, en verdad lo creo, esos que llevan más de 50 años en el poder y que no han permitido que el individuo logre por completo la autonomía para perseguir a esos mismos que cierran la puerta al conocimiento. No tengamos más esperanzas en nada ni en nadie. La primera regla para lograr el conocimiento es dudar… así pues… eduquémonos a dudar de todo aquel que quiera levantar la voz por encima de nosotros.


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