La reunión anual del Foro Económico Mundial funciona como laboratorio donde se ensayan las narrativas que posteriormente circularán por ministerios, salas de prensa, comentaristas, académicos y organismos internacionales a lo largo del año; este espacio opera como un grupo coordinado entre quienes ejercen poder económico efectivo y quienes administran formalmente los Estados. Más de sesenta mandatarios convergieron no para debatir soluciones a problemas reales, sino para ajustar el lenguaje con el que se presentarán decisiones ya tomadas en otros lugares, por otros medios, y no es exageración. Es común escuchar de estos personajes declaraciones absurdas que van en detrimento de las sociedades, y sobre todo que los ideales del FEM coquetean con el control absoluto de las masas, so pretexto del bienestar generalizado. Los invito a escuchar las ponencias de años pasados para corroborar lo que afirmo.

El supuesto “espíritu de diálogo” que publicitó el evento encubre su función real: fabricar la apariencia de legitimidad para políticas diseñadas sin participación de quienes las padecerán. Cuando Donald Trump, Emmanuel Macron, Mark Carney y Javier Milei ocupan el mismo escenario durante días consecutivos, no presenciamos confrontación de visiones antagónicas sino ajustes tácticos dentro de un proyecto compartido. Las diferencias retóricas entre ellos resultan secundarias frente al acuerdo fundamental sobre cómo debe organizarse la producción, quién controla los recursos estratégicos y qué papel deben jugar las mayorías en las decisiones que determinan sus condiciones materiales de existencia.

Por ejemplo, Donald Trump llegó a Davos con su arsenal de proclamas sobre la grandeza estadounidense y liderazgo indispensable. Su discurso celebró reducciones impositivas que beneficiaron fundamentalmente a corporaciones de su país, su proyecto actual de gobierno pretende reforzar la capacidad extractiva del capital estadounidense tanto doméstica como internacionalmente. Las amenazas arancelarias y las declaraciones sobre Groenlandia no son exabruptos de personalidad sino expresiones coherentes de una lógica imperial que evalúa cada territorio según su utilidad para la acumulación… es la naturaleza de todo imperio querer más.

La tensión de Donald Trump con Europa que exhibió el foro no refleja conflicto entre modelos civilizatorios diferentes. Ursula Von der Leyen objetó los aranceles estadounidenses no por preocupación hacia los posibles trabajadores afectados sino porque perjudican los márgenes de empresas europeas. El teatro de aliados ofendidos del viejo mundo oculta que ambos bloques comparten una idéntica concepción sobre cómo deben funcionar los mercados globales, quién debe controlar las cadenas de suministro y qué territorios conviene mantener bajo tutela mediante deuda o presencia militar. Ambos frentes discuten cuotas de mercado, no fundamentos del sistema. En lo personal pienso que Europa se encuentra al borde de una probable insurgencia islamista, es impresionante la actitud de auto sobajamiento de cara a la migración que han aceptado por “humanismo”; la migración en Europa es un problema disfrazado bondad.

El caso de Mark Carney es interesante, por no decir divertido, ofreció el discurso que muchos comentaristas calificaron como el más potente del evento, y lo fue porque intentó ser políticamente no correcto, no por su originalidad. Su metáfora sobre estar en la mesa o en el menú capturó titulares y generó aplausos. Analizada con frialdad, su intervención revela precisamente la lógica que pretendía criticar. Lamenta que las grandes potencias utilicen aranceles como armas económicas, pero no cuestiona el sistema de cadenas globales de suministro que permite a corporaciones maximizar ganancias enfrentando trabajadores de distintas geografías en competencia permanente por salarios cada vez más bajos. Su propuesta de que potencias medianas se agrupen para defenderse reproduce exactamente el esquema de bloques en pugna que describió como problemático.

El aumento de su popularidad doméstica tras el discurso ilustra cómo el nacionalismo opera como válvula de escape que canaliza frustraciones legítimas hacia rivalidades entre Estados sin tocar las estructuras que generan esas frustraciones. La soberanía que Carney defiende se limita a la capacidad del Estado canadiense para negociar mejores términos en acuerdos comerciales, por ejemplo, con China, no a la capacidad de ciudadanos para decidir democráticamente sobre la organización económica; por ejemplo, en Canadá la población está limitada y controlada al acceso total de sus cuentas de banco, ese es un totalitarismo escandaloso y nada democrático. En lo personal, considero que el discurso de Carney estuvo bien armado por efectista, pero habría sido magistral si días más tarde hubiera firmado un tratado comercial con China y no salir a anunciar que Canadá no estaba en condiciones de hacerlo por “respeto” al T-MEC. El espectáculo de la visita del canadiense a China días antes del FEM solo sirvió para posicionarlo como un agente de rompimiento que termina por ser tibio y nada admirable, fiel a la herencia de Justin Trudeau. El acierto del canadiense fue hablar como ningún europeo se atrevió a hacerlo. Pero en tiempos de ciegos…

El tema real del Foro fue la Inteligencia Artificial allende el conflicto geopolítico y comercial. La presencia de figuras como Elon Musk promocionando la automatización masiva reveló otra dimensión del proyecto que se articula en estos espacios. La Inteligencia Artificial se presenta como proceso industrial y tecnológico natural e inevitable que traerá prosperidad automática, lejana de la realidad por el momento. Esta narrativa oculta decisiones políticas concretas sobre cómo se desarrollan, implementan y distribuyen los beneficios de estas tecnologías. Se dice que la automatización podría reducir trabajo repetitivo y peligroso, liberando tiempo humano para actividades creativas y comunitarias. En el marco actual, se utiliza primordialmente para reducir costos laborales, intensificar control sobre trabajadores remanentes y concentrar poder en quienes controlan estas tecnologías. Empero, el resultado no es la liberación sino desempleo estructural, precarización intensificada y nuevas modalidades de vigilancia. No obstante, sugiero que existe una urgencia por acelerar el uso de la IA, su aplicación es lenta y su desarrollo costoso, por tanto, hay que imprimir urgencia, necesidad cuasi inherente.

Así pues, los debates sobre inteligencia artificial en Davos giraron obsesivamente alrededor de liderazgo tecnológico entre potencias y marcos regulatorios que no obstaculicen la innovación. Completamente ausente estuvo cualquier discusión sobre control democrático de estas tecnologías, distribución de sus beneficios o sistemas de gobernanza que garanticen que sirvan para necesidades colectivas en lugar de la acumulación privada. Esta ausencia no es descuido sino función estructural: el Foro existe precisamente para prevenir que estas preguntas se formulen porque las compañías privadas son las dueñas de las grandes cantidades de datos que sirven para alimentar a la IA que no es otra cosa que herramientas avanzadas de predicción.

Por otra parte, y al hacer una revisión de las exposiciones, este Foro reveló con claridad la ausencia de legitimidad democrática en la formulación de políticas que afectan a miles de millones de personas. Las decisiones sobre comercio, regulación financiera, desarrollo tecnológico y prioridades económicas se toman en espacios donde la participación está limitada a élites que no rinden cuentas significativas. Los ciudadanos carecen de voz en estos procesos, sus necesidades resultan irrelevantes para quienes diseñan las políticas, y los mecanismos formales de democracia representativa se vacían mediante acuerdos internacionales, presiones financieras y condicionalidades de instituciones supranacionales.

El FEM de este año, como todos los años que llevo revisándolo, se reduce a esta frase de León Tolstoi: “la esclavitud existe con toda su fuerza, pero no la percibimos, al igual que en Europa, a finales del siglo XVIII, no se percibía la esclavitud de la servidumbre”.

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