Corea del Sur ha sabido ganar en la época de Trump. La inversión extranjera totalmente nueva se ha incrementado, empujada por sectores de alto valor. Los coreanos son atractivos por su desarrollo de tecnología, inteligencia artificial, semiconductores y certidumbre en los negocios. Generan nuevas oportunidades mientras el resto del mundo se lamenta.

Los coreanos combinaron una diplomacia pública activa con un enfoque en industrias avanzadas. Aprovecharon las tendencias que impulsó Estados Unidos, en lugar permanecer pasivos. Esto derivó en capital fresco con números record para 2025 ($28.5 mil millones de dólares). La inversión desde cero (greenfield, IG) se tradujo en gran confianza entre las empresas extranjeras y la construcción de nuevas plantas de fabricación e infraestructura para Corea.

El gasto sudcoreano en política internacional (política exterior oficial y lobby privado) ya está dando resultados. La Unión Americana estuvo en la mira y el resto del planeta en los retrovisores. El compromiso de inversión coreana de julio de 2025 ($350 mil mdd) fue muy bien recibido en EU. Esta acción diplomática se alineó con el cabildeo gubernamental y el de las trasnacionales coreanas, con los servicios de firmas lobistas como Brownstein Hyatt Farber Schreck, Thomas Capital Partners, Quarvis, Mercury Public Affairs (MPA) y Arnold & Porter. Samsung, LG, Hyundai, y SK Hynix (AI Co., Solidigm) son conglomerados coreanos que han mejorado significativamente su imagen en un momento de nacionalismo estadunidense y consigo, la buena percepción de los trabajadores y migrantes coreanos. Han superado no sólo la marginación de sus empresas, sino incluso el racismo.

La confianza de los inversionistas en Corea del Sur ha aumentado gracias a mayores plataformas de promoción y posibilidades para participar en tecnología de punta. Abrir el foro de APEC en Gyeongju (octubre 2025) permitió concretar los ployectos de Amkor Technology (semiconductores), Amazon Web Services (IA), Sartorius (biofarmacéutica) y Siemens Healthineers (biotecnología).

Pese a los embates políticos y arancelarios de EU, Corea del Sur ha sido de los ganadores mundiales no sólo en términos cualitativos sino cuantitativos. La inversión extranjera directa (IED) proveniente de EU aumentó 86.6% en 2025, en relación a 2024. La Unión Europea le incrementó su IED 35.7%, también el 2025. En comercio exterior, la presión americana no los hizo achicar sus negocios con socios estratégicos, sino lo contrario. En 2025, el comercio de Alemania con Corea del Sur (€33 mil millones de euros) superó al que tuvieron los alemanes con India y México. Incluso en sectores sensibles para EU como defensa, alemanes y coreanos cooperan en desarrollo y comercio de armamento, drones, misiles y robótica; mientras compiten con submarinos.

En Corea del Sur, las inversiones greenfield son indicadores de confianza y certidumbre. Por un lado, confirman al país como un destino atractivo a largo plazo, de alto valor para el capital extranjero. Por el otro, exponen una estrategia nacional en tecnologías avanzadas. El objetivo no es sólo la promoción del país, sino las industrias del futuro. Los sudcoreanos demuestran que son una nación que supera tendencias y apuesta por una diplomacia pública activa, los que los confirma como uno de los triunfadores en la era de Trump.

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