Hace poco más de un mes que mis hermanos jesuitas Javier y Joaquín , junto a Pedro y Osvaldo , fueron asesinados. Este asesinato poco a poco va dejando de ser noticia, se vuelve asunto añejo; en México se comienza a integrar al paisaje de casos sin resolver, de impunidad, se vuelve una nota más al clamor de justicia de nuestra patria.
Con el paso de los días, las víctimas son re victimizadas de nuevo con el olvido. Las autoridades parecen recargarse en éste, como opción o como aceptación de su incapacidad de cumplir con su tarea de garantizar justicia, seguridad y paz .
En lago del olvido, madres, padres, hijas, hijos, hermanos, amigos, nos resistimos a hundirnos en sus aguas oscuras, nos aferramos a la memoria, al memorial de aquellas y aquellos que nos fueron arrebatados de nuestro lado, celebramos su vida y con ello nos mantenemos a flote, no para buscar venganza, sino para exigir verdad y justicia, para construir paz.

Hace unos días, los obispos de México, junto a las y los superiores mayores de congregaciones religiosas en México y nosotros, los jesuitas, convocamos a la Jornada de Oración por la Paz; una respuesta eclesial a la crisis de violencia que ha agudizado la indignación y el reclamo social en México, una indignación que desafortunadamente encuentra motivos semanales para aumentar.
En el marco de la Jornada por la Paz , la Iglesia en México, hace un llamado que me atrevo a calificar profético, evangélico: Portar a las Iglesias, hoy domingo 24 de julio, las fotografías de seres queridos desaparecidos, o que han perdido la vida a consecuencia de la violencia en México. Hoy Doña María Herrera, -caso acompañado por el Centro Prodh- madre de cuatro hijos desaparecidos, será una voz que llame a no callar y seguir su luchando con dignidad en esta jornada por la paz.
“La paz social es trabajosa y artesanal”, reconocen los convocantes en su carta fechada el 18 de julio, haciendo suyas las palabras del Papa Francisco . Para que la paz se construya hemos de tener memoria, nunca se debe proponer el olvido (FT 246), no se avanza sin memoria (FT 249), escribe el Papa en su encíclica social Fratelli Tutti . Tener los rostros presentes de nuestras hermanas y hermanos, desaparecidos o asesinados, es hacer presente con nosotros aquellos que han sido arrebatados, esas y esos que estaban a nuestro lado y ya no están, que fueron arrancados de nuestro lado y eso, ha desgarrado a nuestra sociedad, ha roto el tejido social.
Los obispos de México hacen un llamado a los sacerdotes de México a abrir sus templo y catedrales, para recibir, como lo hace una madre, a sus hijas e hijos que necesitan consuelo y compañía, para clamar junto con ellos por la verdad y la justicia; hacer memoria de a quienes les fue arrancada la vida. Ojalá otras Iglesias y religiones se sumen a esta iniciativa contra el olvido y a favor del fortalecimiento de la construcción de paz.
Hace tiempo que no sentía en la Iglesia el Espíritu tan vivo, los pasos de esta Jornada van surgiendo de las iglesias particulares y de un profundo deseo de ser Iglesia en salida, abierta, madre y hospital de batalla que acoge a los heridos.
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