El miércoles pasado se publicó en este diario el adelanto de mi libro Traición en Palacio: El negocio de la justicia en la 4T (https://is.gd/Xt4oeL), el cual ya está llegando a librerías. Me han preguntado algunos conocidos del espectro opositor si después de lo que revelo en esta investigación puedo seguir simpatizando con este gobierno. Me cuestionan cómo, después de estudiar el modus operandi de Julio Scherer Ibarra, el exconsejero jurídico de AMLO, todavía puedo creer que la 4T es distinta.

No dudo en mi respuesta: claro que es distinta. Indagar sobre la red de presuntos negocios judiciales encabezada por este personaje —que abusó de la confianza del Presidente, hay que recordarlo— me permitió confirmarlo.

Sujetos como Scherer existen en muchos gobiernos. En los anteriores, sin embargo, se consentía y alentaba su corrupción. Los propios presidentes de la República la conocían y permitían. Esos personajes duraban hasta el final, como ocurrió con Lozoya o García Luna.

López Obrador hizo algo distinto cuando tuvo conocimiento sobre los negocios de su exconsejero, cuyos tentáculos se extendieron a varios ámbitos.

El Presidente no denunció a Scherer —como algunos hubiesen querido y como probablemente sería lo correcto—, pero lo apartó de su administración y dejó claro (al decir que dejaba “su cargo y encargo”) que no debía volver a gravitar en la órbita de la 4T.

Había que disfrazar aquello de una salida amistosa, en gran parte para no darle una victoria a los adversarios. Aun así, AMLO claramente cortó cabeza.

Pero hay más: la forma en que Julio Scherer Ibarra se condujo en sus funciones —donde además de ser consejero jurídico fungió como una suerte de secretario de gobernación en la oscuridad, desde donde se involucró en múltiples negocios— generó mucha indignación entre un buen número de cuadros de la 4T, la mayoría de los cuales tienen un compromiso firme en contra de la corrupción y creen genuinamente en el ideario obradorista.

A todas ellas y ellos les agradezco que hayan aceptado romper el silencio. Porque el libro que escribí se nutrió en gran medida de los testimonios que ofrecieron funcionarios de la 4T en todos los niveles, incluso en los equipos de todas las corcholatas. Gente a la que le indigna lo que hizo el traidor de Palacio y no quieren que una historia como esta se repita.

De igual forma —y me disculpo por esta autorreferencia— no deja de ser un dato interesante que quien se decidió a contar esto no fue un periodista opositor, sino uno que desde el inicio ha simpatizado con esta administración. No será esa simpatía acrítica y dogmática que algunos obradoristas religiosos quisieran. Pero es la de alguien que cree en la esencia de la 4T y se toma en serio sus objetivos y valores.

Aun así, la mía no ha querido ser una lectura autocomplaciente, sino una crítica desde la izquierda. Digámoslo claramente: AMLO también se equivocó al no elegir mejores perfiles en algunas áreas clave de su gobierno (como las vinculadas al mundo de la justicia), al creer que la honestidad es hereditaria (porque de don Julio a Julito hay una distancia como la del Océano Atlántico), pero sobre todo al no reformar en serio nuestro disfuncional, putrefacto y corrupto sistema de justicia.

Al no hacerlo, uno de sus más cercanos colaboradores fue quien terminó por operar el negocio de la justicia en México… Esa historia no puede repetirse. Por eso escribí este libro. Los invito a leerlo.

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