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09/10/2019
01:52
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El fomento a la lectura en nuestro país no ha dado, históricamente, resultados positivos. Comerciales poco atractivos en los que personajes de la farándula invitan a tomar un libro por 15 minutos no han producido el interés deseado; esta idea de que los jóvenes buscan emular a sus ídolos no resulta del todo cierta; o que un actor que aparece todos los días en la comedia nocturna tiene la influencia suficiente, entre quienes ríen y lloran con las historias que cuentan en el horario estelar, como para convencerlos de que leer es una buena idea.

México no es un país de lectores, por lo menos no de literatura, ya que estudios afirman que los jóvenes en edad escolar pasan más de ocho horas frente a la pantalla de los teléfonos inteligentes, la mayor parte de ese tiempo leyendo lo que piensan otras personas en muros o timelines. Esta veta la han explorado pocos, y hay que decir que en general ha provocado buenas impresiones: lecturas masivas de obras universales, narrativa por entregas, concursos de minificción, etc. Estos experimentos juegan mucho con la interacción y la visibilidad que aportan las redes sociales, juegan también con esta curiosa necesidad de querer ser visto por los demás, de formar parte de alguna nueva tribu (Michel Maffesoli tenía razón), y eso ha facilitado la experiencia. Pero leer suele ser sobre todo un acto íntimo, y ese es quizás el siguiente paso en está búsqueda de lectores entre los usuarios permanentes de Internet y las redes sociales. Hay un par de proyectos que dan cuenta de esto.

Hace un par de años nació la aplicación Hooked (enganchado) que ofrece historias en formato de diálogo a través de una app de mensajería, es decir: la narrativa de los hechos se muestra como una conversación en WhatsApp. Esta aplicación alcanzó en su momento una posición entre las 10 más descargadas de las tiendas. Con Hooked, los usuarios pueden buscar historias con bases en sus propios intereses, y también anima a crear las propias; la plataforma cuenta ya con algunos autores en lengua castellana. Lo “negativo” es que no es una opción del todo gratuita, y las quejas por los comerciales y los avisos de la opción de pago son frecuentes; en la versión libre de costos se detiene la lectura en algún momento y se reanuda minutos después, algo sin duda desmotivante. Amazon tiene por ahí una opción similar (aunque mucho más producida): Rapids, para lectores de cinco a 12, todavía no disponible fuera de Estados Unidos.

A la Biblioteca Pública de Nueva York (NYPL) se le ocurrió aprovechar una opción gratuita a través de Instagram y sus stories, publicaciones visibles sólo 24 horas, y crearon Insta Novels. A través de la cuenta de la biblioteca, NYPL, el lector joven tiene acceso a clásicos como Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll; o La Metamorfosis, de Franz Kafka. Si bien, el grueso de las stories se presentan en texto plano, la Biblioteca incluye de pronto alguna maravillosa ilustración o animación para estimular al lector joven, además es gratis.

Hay pues, un campo de oportunidad tanto para emprendedores privados como instituciones públicas en el ámbito del fomento a la lectura con el apoyo, indispensable e inmejorable, de las nuevas tecnologías.

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