Hay un gesto que se repite en la historia de las industrias extractivas: alguien encuentra una manera de tomar lo que otro produce, procesarlo más rápido y venderlo como propio. El petróleo tuvo sus piratas, la música tuvo los suyos, ahora le toca al periodismo.
El 28 de mayo de 2026, CNN presentó una demanda ante el Tribunal de Distrito de Nueva York contra una startup de búsqueda con inteligencia artificial valuada en decenas de miles de millones de dólares. La acusación: haber copiado y distribuido más de diecisiete mil artículos, videos e imágenes sin autorización, usándolos para construir respuestas que los usuarios reciben sin necesidad de visitar la fuente original. CNN se convierte así en la primera cadena de televisión del mundo en llevar a juicio a una empresa de IA por derechos de autor, sumándose a una lista que ya incluye al New York Times, el Wall Street Journal, la Encyclopedia Britannica y varios medios japoneses y europeos.
La respuesta fue lacónica y reveladora a la vez: "Los hechos no tienen derechos de autor." Es una defensa técnicamente plausible, jurídicamente parcial, y culturalmente tramposa. Tiene razón en que un hecho aislado, un dato suelto, no pertenece a nadie. Pero un artículo periodístico no es una acumulación de hechos: es una jerarquía, una selección, un punto de vista construido con tiempo, fuentes, viajes, errores y correcciones.
El modelo de negocio que se pone en cuestión es elegante en su simplicidad: la plataforma rastrea la red, absorbe el trabajo de las redacciones, sintetiza las respuestas y las entrega al usuario sin que este tenga que salir de la aplicación. Las páginas vistas caen, los ingresos publicitarios caen, y el periodismo de investigación, que cuesta decenas de millones de dólares anuales, se vuelve progresivamente inviable. CNN lo formuló sin eufemismos en su demanda: el periodismo de calidad es "frecuentemente peligroso y caro de producir".
Lo que vuelve este caso más interesante que una simple disputa de copyright es la secuencia temporal que CNN documenta: la red intentó negociar un acuerdo de licencia durante 2025 y no llegó a ningún acuerdo. La empresa continuó usando el contenido de todos modos. Eso transforma la infracción en deliberada, una categoría con consecuencias legales distintas. No hubo descuido ni ambigüedad técnica: hubo una negociación que fracasó y una decisión de continuar de todas formas.
Otros medios eligieron el camino opuesto. Associated Press, Reuters, Le Monde y varias publicaciones más firmaron acuerdos de licencia con empresas de IA para monetizar el uso de su contenido. Es un modelo imperfecto y debatido, pero al menos reconoce que hay algo que vale dinero en el periodismo.
Queda una pregunta que los tribunales no resolverán: si los modelos de IA aprenden del periodismo para funcionar, ¿qué queda del periodismo cuando ya no haya redacciones que lo produzcan? La respuesta sería, previsiblemente, que siempre habrá contenido disponible en la red. Pero el contenido que alimenta a esos sistemas no cae del cielo: alguien fue a la conferencia de prensa, leyó el expediente judicial, esperó horas frente a la puerta del funcionario que no quería hablar. Esa persona cobra un sueldo. Cuando ese sueldo desaparece, también desaparece la materia prima.
herles@escueladeescritoresdemexico.com

