El ojo de Salgado

Herles Velasco

Es 1973, un economista brasileño empieza a encontrar el sentido a la vida al tomar la cámara fotográfica de su esposa, un sentido mayor al que obtenía a través de los informes y números a los que está acostumbrado; su ojo innato  percibe con una mezcla de belleza y brutalidad la realidad de los invisibles del mundo: los trabajadores más explotados del planeta, los desplazados, los sin voz ni rostro que hacen llegar el azúcar hasta los más elegantes, asépticos (y fuera de aquella realidad) cafés Parisinos. Así fue el nacimiento de Sebastiao Salgado como fotógrafo.

A los poquísimos años de haber iniciado su carrera, el artista entra a la más prestigiada agencia de fotografía documental, Magnum, y es a mediados de los noventa que decide trabajar para su propio sello: Amazonas Images.

Ha ganado prácticamente todos los premios de fotografía relevantes en el mundo, la obra documental de Salgado rebasa al documento, adquiere el valor de obra de arte y sin embargo a final de cuentas regresa a su motivo de creación. Ser espectador de una imagen de Salgado mueve y transforma conciencias de una manera más rápida y clara que con la simple y fría estadística. A Salgado acaban de darle el galardón honorífico Visa pour l´image, en un ceremonia que emocionó visiblemente al fotógrafo de 77 años.

El ojo y trayectoria de Salgado ha despertado, desde ya un tiempo, el interés de organismos como UNICEF, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), la Organización Mundial de la Salud (OMS), Médicos sin fronteras, y Amnesty International, que lo han nombrado colaborador y representante especial en varias de éstas. Nuestro país ha pasado por su lente en más de una ocasión y el 24 de octubre, la Academia de las Artes Visuales (AAVI), estará exhibiendo una selección de su obra. Invitamos a estar pendientes en la página del Centro de la Imagen.

Salgado, como premisa de su trabajo, defiende la dignidad del ser humano hasta en las condiciones más deplorables creadas por un sistema mundial que sus detractores, dicen, utiliza a su favor, creando la "estética de la pobreza", que el trabajo de Salgado es moralmente cómplice de aquello que denuncia; pero es precisamente esa mezcla de belleza y horror la que dan por resultado que por todo el planeta se logre sacudir en mayor o menor medida ese "statu quo" que es exhibido desde la retaguardia. "Que la persona al salir no sea exactamente la misma que entró a ver la exposición" es una frase que Salgado repite y que remarca el papel de cualquier artista comprometido con su tiempo.

Es curioso cuantas cosas despierta en nosotros una simple imagen (en mi caso, un libro de imágenes). Ver el mismo México a través de otros ojos puede llegar a ser revelador, muchas veces doloroso, pero algo tiene Salgado que despierta a la esperanza, aun a conscientes de nuestras terribles realidades.

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