De gran apoyo ha resultado el trabajo que realiza Ricardo Peralta Saucedo, subsecretario de Gobierno, para la Secretaría de Gobernación, que encabeza la ministra en retiro Olga Sánchez Cordero. A últimas fechas Peralta Saucedo se ha constituido como el bombero emergente del gobierno federal.

Es innegable que el país se encuentra sumido en diversos conflictos y que la seguridad pública o la inseguridad se han posicionado como uno de los temas más relevantes; es comprensible pensar entonces que si este flagelo es producto de una descomposición social acumulada a lo largo de décadas, ¿por qué entonces no habrían de presentarse problemas relacionados con el orden evolutivo social?

Casos como las pugnas entre plataformas como Uber y Cabify, por mencionar algunas, y taxistas; así como los conflictos del transporte público federal, el magisterial y autodefensas, son algunos, de los muchos que habrán de acumularse a otros tantos que estarán por venir, nada que sorprenda, son parte de la ya referida dinámica evolutiva que todo país debe asimilar.

Todo eso le ha tocado atender al subsecretario. Trabajo nada sencillo que requiere de destreza y habilidad para consolidar y construir acuerdos, que permitan la mayor estabilidad posible en el país y, por supuesto, en la CDMX, que, como consecuencia de ser esta la sede de los poderes, es natural que sea la capital el espacio más representativo y emblemático de todo el territorio nacional, en donde todos los sectores que conforman nuestra sociedad se puedan hacer escuchar, en apego al derecho a la libre manifestación; sin embargo, es denostable y antisocial cuando estas manifestaciones se hacen ver y escuchar como lo hicieran en días pasados integrantes de organizaciones de taxistas, quienes agredieron de forma innecesaria la movilidad de esta ciudad y que, con sus bloqueos, atentaron contra otro derecho primordial que es el del libre tránsito.

Este tipo de hechos parece quedaron enquistados en algunos sectores que no ven una nueva etapa y evolutiva en el orden social.

En fin, la tarea que le corresponde a Ricardo Peralta está relacionada nada más y nada menos que con buscar la gobernabilidad. Él es responsable no solo de atender con diálogo, en algunos casos, los justos reclamos de diversos sectores de la población y, en otros tantos, a grupos a los que sólo les mueve el interés político o económico.

El subsecretario está obligado a conocer, de forma clara, el mapa geográfico social y político de todo el país, para saber efectivamente cómo actuar y con quién hablar, para evitar desinformación que lo lleve a acuerdos fallidos ante las muchas expresiones de protesta que se han venido presentando a lo largo y ancho de país.

La desinformación o una incorrecta apreciación no sólo lo llevaría a actuar de forma injusta hacia algún sector o actor social y político. La desinformación restaría posibilidades de armonizar la vida cotidiana o lo que es más grave aún, provocar confrontaciones innecesarias con sectores y actores que, por muy modestos que sean, en suma, pueden aportar y favorecer la tan referida armonización social, a la que en tan repetidas ocasiones ha aludido el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, y a fortalecer el trabajo de este.

Tarea nada fácil, el objetivo: buscar la gobernabilidad, usando el instrumento del diálogo y la concertación, de acuerdo con el principio que ha marcado el Ejecutivo federal: evitar en todo momento los instrumentos de coacción que legalmente tiene el Estado, que incluyen una posible represión social.

Un buen gobierno enfoca su fortaleza y se fortalece aún más cuando de forma objetiva atiende los conflictos sociales inherentes a su función. Un buen gobierno no traslada culpas, ni mucho menos fabrica culpables para justificar su inefectividad o incorrecta acción. Un buen gobierno deja a un lado las venganzas y solo utiliza la pasión a la hora de buscar el bien de la patria, espacio de todos y cada uno de los mexicanos.

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