Que el remedio no sea peor que la enfermedad

Héctor Serrano

Hace poco explicábamos algunas de las causas que podrían provocar resentimiento social, amenazas como el desabasto y el aislamiento pueden enrarecer el entorno, aunque hay que resaltar que hoy, como nunca, la movilidad social a través de las redes es mucho más sólida, y eso puede ser un escape para liberar serias tensiones.

El pasado fin de semana se expuso en redes sociales, a través de un video, el caso de un hombre que fue detenido por elementos de la policía municipal de Tala, Jalisco, por el hecho de no portar cubrebocas. El hombre argumentaba que solo había salido para comprar alimentos para su familia, desconociendo las medidas implementadas por el gobernador Enrique Alfaro, ya que él provenía del estado de Veracruz.

En las imágenes se ve a un grupo de personas, entre ellas los propios comerciantes, defendiendo al ciudadano, y es que la actitud asumida por los oficiales jaliscienses fue verdaderamente severa y agresiva. El hombre se encontraba esposado a la muñeca de uno de los oficiales que argumentaba “cumplir órdenes superiores”. Es curioso que, aunque portaban cubrebocas, los oficiales los traían por debajo de la barbilla, mientras forcejeaban cuerpo a cuerpo con el supuesto transgresor, sin ninguna protección, generando ellos mismos un riesgo que supuestamente tienen que evitar. La mayor posibilidad de contagio se generó, precisamente, entre el trasgresor, los oficiales y el grupo de comerciantes, durante el momento de la detención.

Son imágenes verdaderamente absurdas. Primero, por la agresividad empleada por parte de los oficiales que lo trataban como un delincuente, y no como un infractor; segundo, evidentemente los policías no cumplieron con un protocolo adecuado, si es que este existe; tercero, valdría la pena saber si efectivamente la orden del gobernador Enrique Alfaro es ejercer el uso de la fuerza con tanta severidad.

Esas imágenes nos traen a la memoria el recuerdo aquel de nuestra infancia, cuando escuchábamos a algunos padres decir a sus hijos: “Te golpeo por tu bien, más adelante habrás de agradecérmelo. Me duele más a mí que a ti”. Parece que el gobernador Enrique Alfaro es precisamente de esa generación, quedando arraigado a este tipo de prácticas; sin embargo, el trato que se dio a ese ciudadano es bárbaro, descalificable, injustificado, no por el fondo, sino por la forma. La falta de sensibilidad y de capacitación del cuerpo policial, bajo las circunstancias actuales, lo hace altamente peligroso ante posibles contagios.

No se puede exigir lo que no se puede asistir. Se exige el aislamiento social, se exige equiparse con guantes, cubrebocas y cualquier otro accesorio que evite el contagio, pero es un hecho que existen personas, lamentablemente en su mayoría, cuyos recursos tal vez solo les permiten la compra de una modesta canasta básica, a los que se criminaliza de esa forma tan soez. Vale la pena que las autoridades observen de cerca el gran mercado, incluso artesanal, que hoy existe de cubrebocas, guantes, cachuchas con caretas, lentes, gogles; pero, partamos de que el precio mínimo de un cubrebocas en el mercado informal fluctúa entre los 15 y 50 pesos, dependiendo del material con que estén elaborados, y ahora parece que estos tendrán que agregarse a la canasta básica familiar.

Enrique Alfaro ha presumido sus resultados, presume haber evitado un contagio mayor en su entidad, incluso llegando a descalificar a otros gobernantes; sin embargo, no vaya a ser que, a la larga, sea peor el remedio que la enfermedad, por aquello de la violación a los derechos fundamentales de las personas. Enrique Alfaro, vía twitter, pretendió trasladar la culpa al presidente municipal de Tala.

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