Una región perdida más

Héctor De Mauleón

El convoy, de al menos diez unidades, abrió fuego contra casas y vehículos. Las cámaras de seguridad registraron escenas propias de una guerra

 

Habían entrado hace un mes: verdaderos tanques, blindados de manera artesanal, los llamados “monstruos”, llegaron de madrugada a Villa Victoria, en el municipio de Chinicuila, municipio de Michoacán.

El convoy, de al menos diez unidades, abrió fuego contra casas y vehículos. Esa madrugada, las cámaras de seguridad registraron escenas propias de una guerra.

La agresión se repitió dos veces más, entre el 20 y el 29 de noviembre.

En esta última fecha, sicarios del Cártel Jalisco Nueva Generación, CJNG regresaron a Chinicuila, atacaron un vehículo policiaco en la plaza principal de Villa Victoria (una cámara registró al conductor acelerando para escapar y a los agentes saltando de la unidad, para esconderse), y luego balearon el cuartel de la Guardia Nacional.

El cuarto ataque en un mes se registró la noche del 7 y la madrugada del 8 de diciembre. En esta ocasión se reportó el uso de drones cargados de explosivos.

Desde el mes de octubre, pobladores advirtieron la presencia de civiles armados en las inmediaciones de Villa Victoria. Habían desplazado a la gente de las rancherías cercanas, como La Higuera y El Chico. Las casas fueron totalmente saqueadas.

Los sicarios del CJNG arrasaron con camionetas, motocicletas, herramientas, caballos, refrigeradores y, según un vecino de Chinicuila, “hasta los santitos que estaban en las paredes se llevaron”.

Desde aquellos días corría el rumor: “van a entrar, van a entrar”.

“Andaban en grupitos”, buscando autodefensas, policías comunitarios ligados a los Viagras.

“Andaban tras gente que para obtener armas y parque con qué hacerles frente, se relacionó con los grupos criminales de Tepalcatepec”, me explican.

Mientras el Cártel Jalisco merodeaba las rancherías de Chinicuila y entraba una y otra vez a Villa Victoria, la Fiscalía General de la República anunció con bombo y platillo la detención de José Luis Hernández López, alias el Bad Boy.

Este sujeto fue presentado como “el pionero” en la manufactura de drones con explosivos para el Cártel Jalisco Nueva Generación.
Según las autoridades, el Bad Boy se había integrado al grupo dirigido por Nemesio Oseguera, El Mencho, en agosto de 2020. Operó en Michoacán, Guanajuato y Jalisco y fue detenido con tres cómplices más en las inmediaciones del aeropuerto de la Ciudad de México.

A fines de noviembre se anunció también que el gobierno federal había identificado al responsable de un ataque con drones que el 10 de ese mes había cobrado la vida de seis militares y cuatro pobladores en Tepalcatepec.

Lo bautizaron como El Flaco Drones: su imagen apareció en videos asegurados por el Ejército durante un operativo de rastreo.
De acuerdo con las imágenes de video, los drones volvieron a aparecer ayer en Villa Victoria.

Esa madrugada los sicarios entraron caminando y disparando a las fachadas, en puntos específicos. Los drones estallaron en algunas casas. El refugio más seguro que encontró la gente fueron los baños.

Los agresores abrieron varias puertas a patadas y rafaguearon el interior de esos domicilios. “¡Está limpio, no hay nadie!”, se les oyó gritar.

Cuando personal del Ejército, la Secretaría de Seguridad Pública, la Guardia Nacional y la Fiscalía General del estado llegaron horas después “a resguardar Chinicuila”, el reporte oficial indicó que “únicamente se hallaron dos domicilios con impactos de bala” y que no hubo “indicios de un intercambio de fuego”.

Para entonces, decenas de pobladores habían abandonado la cabecera municipal para buscar refugio en Colima.
Apenas ayer relaté en este espacio la manera en que Los Tlacos se apropiaron de Huitzuco, Guerrero, convirtiéndolo en un pueblo fantasma después de las seis de la tarde.

Ahora, fantasma es también Villa Victoria y fantasmas son sus alrededores. Una región perdida más en la que, impunemente, el crimen avanza.
 

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