Un rompecabezas de horror y crueldad

Héctor De Mauleón

Aunque el tema de la violencia ha desaparecido prácticamente del discurso presidencial, sigue golpeando de un modo que desborda al narco y los cárteles

Los restos de un hombre descuartizado aparecieron en una bolsa de plástico en Chocamán, Veracruz. Tres niños de 8, 7, y 3 años fueron asesinados a golpes por su padre en Arenal de Reforma, Hidalgo. El cuerpo de una mujer con la cara desfigurada fue encontrado en un canal de aguas negras de Almoloya de Juárez, Estado de México. 

En Chihuahua, Chihuahua, se reportó el hallazgo de 15 cadáveres. En Celaya, Guanajuato, nueve personas que asistían a un velorio fueron masacradas y en Cosoleacaque, Veracruz, el cuerpo de una mujer fue hallado dentro de una maleta. 

Una mujer asesinó a sus hijos de 4 y 9 años e intentó suicidarse en la ciudad de Tijuana. En Sayula de Alemán, Veracruz, un hombre asesinó a su pareja enterrándole un cuchillo en la cabeza. En el bulevar Cuauhtémoc, de Tijuana, la policía encontró dos cadáveres calcinados. Seis cuerpos fueron hallados más tarde dentro de una fosa clandestina, en esa misma ciudad. 

En Cortazar, Guanajuato, tres personas fueron asesinadas: dos de los cuerpos, desmembrados, y abandonados en cajas. En Guaymas, Sonora, se reportó el hallazgo de restos humanos… triturados. En José María Morelos, Quintana Roo, una mujer fue quemada viva por su pareja. En la alcaldía de Cuauhtémoc, en la Ciudad de México, un niño murió de un disparo en un ojo, y en Culiacán, Sinaloa, se descubrió el cadáver semidesnudo de una mujer que había sido golpeada y estrangulada. 

Este listado incluye solo algunas de las atrocidades que ocurrieron en México en los primeros 5 de días de enero de este año. Siguieron ocurriendo, sin embargo, hasta sumar, el 28 de febrero, 895. 

Dos meses de horrores continuados, de actos de violencia extrema que dejaron registro en medios locales y nacionales, y fueron recogidos por Causa en Común en el informe “Galería del horror: atrocidades registradas en medios periodísticos”. 

El informe es escalofriante porque demuestra que, aunque el tema de la violencia ha desaparecido prácticamente del discurso del presidente, la violencia sigue golpeando de un modo que ya desborda por mucho “la mitología prevaleciente” sobre “el narco” y “los cárteles”. 

Estos son los números del horror: 

En los primeros dos meses de 2021 se reportó en México el hallazgo de 156 fosas clandestinas, de 115 cuerpos calcinados y 114 descuartizados. Hubo 83 masacres. Los medios informaron de la aparición de 158 cuerpos torturados. 

En ese bimestre, en solo 59 días, 72 niños, niñas y adolescentes fueron asesinados y 51 mujeres fueron aniquiladas con crueldad extrema –que incluyó lesiones o mutilaciones infamantes o degradantes. 

Se registró, además, el asesinato de 14 actores políticos y 12 funcionarios públicos. 

En enero, la atrocidad que más se reportó en la prensa fue la relacionada con la aparición de cuerpos torturados (86 casos); en febrero, con el hallazgo de cadáveres en fosas (83). 

Solo en el mes de enero ocurrieron en el país 51 masacres. 

Todos los hechos anteriormente enumerados dejaron un total de 963 víctimas. 

Cada estado tuvo su propia carga de atrocidades recurrentes. En Michoacán hubo más torturas que en el resto de México (26), en Guanajuato aparecieron más fosas clandestinas que en otros estados (25), y en Tamaulipas se dio el mayor número de calcinamientos (23). 

En Veracruz y Jalisco se detectó la cifra más alta de descuartizamientos y destrucción de cadáveres (20 en cada estado), y en Chihuahua y Guanajuato el número más grande de masacres (11 casos cada uno). 

El recuento es significativo. Por sus páginas desfilan estados gobernados por todos los partidos políticos y unidos por los mismos baños de sangre. Entre los estados en los que las atrocidades fueron cosa de todos los días, o de casi todos los días, están: Jalisco (52), Guanajuato (48), Veracruz (35), Guerrero (35), Sonora (25), Sinaloa (25), Michoacán (25), Quintana Roo (24), Chihuahua (24) y Baja California (24). 

Un bebé de cinco meses fue asesinado a golpes por el novio de su madre en Montemorelos, Nuevo León; una mujer con múltiples mutilaciones en el cuerpo, bañada en sangre y degollada, fue encontrada en un vehículo en Nuevo Laredo, Tamaulipas. 

En Cuautla, una mujer fue asesinada por su hijo, que abusó sexualmente de ella antes de estrangularla. Una cabeza humana fue encontrada en León, Guanajuato: el cuerpo se localizó varios días después. En Coyuca de Catalán, Guerrero, un enfrentamiento en grupos armados dejó 15 muertos. 

“Madres buscadoras” de Sonora hallaron en Guaymas 19 fosas clandestinas con restos calcinados. En un inmueble de Tlajomulco de Zúñiga, en Jalisco, se avisó del hallazgo de 17 bolsas con restos humanos descuartizados. En Naucalpan, Estado de México, aparecieron las piernas cercenadas de una mujer. En Tonalá, Jalisco, un comando ejecutó a 11 albañiles. En Tizayuca, Hidalgo, cinco hombres fueron ejecutados en un bar… 

El informe, de 44 páginas, muestra el abismo que está detrás de las cifras de incidencia delictiva y del cual se prefiere no hablar. “Un mosaico de dolor y crueldad” o una galería del horror, en efecto, con las imágenes de un país que chapotea en la sangre no solo de su violencia criminal, sino –igual de atroz, según concluye el reporte--, en la de su violencia familiar, su violencia comunitaria, su violencia social

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