“Señor presidente, deje de defender a los que se llevaron a nuestros hijos”

Con Calderón desaparecían 8 personas al día. Hoy la cifra se triplicó

Héctor De Mauleón-DESAPARECIDOS
Nación 19/05/2022 03:55 Actualizada 03:55
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En enero de 2022, Ceci Flores pidió a los jefes de los cárteles de Sonora, José Crispín Salazar, líder de los Salazar, y Rafael Caro Quintero, del Cártel de Caborca, que le permitieran seguir buscando a sus hijos. Hablaba en nombre del colectivo Madres Buscadoras de Sonora.

Flores había tenido que desplazarse, tras una serie de amenazas de muerte recibidas por teléfono y a través de Facebook, y acogerse al Mecanismo de Protección de Periodistas.

“Me amarraron de pies y de manos; me quitaron la posibilidad de seguir buscando a mis hijos y a los demás desaparecidos”, agregó.

Desde hace siete años, la fundadora del colectivo busca de manera incansable a sus hijos. Alejandro, privado de la libertad por hombres armados el 30 de octubre de 2015, cuando contaba apenas con 21 años, y Marco Antonio, de 31, arrancado por desconocidos que fueron por él a su propia casa el 4 de mayo de 2019.

Rogó Ceci Flores:

“Jefe del Cártel: no nos quites la oportunidad de regresar a nuestros desaparecidos, te pedimos nos ayudes a encontrarlos, dejándonos buscarlos; a traerlos a casa sin buscar culpables y sin buscar justicia”.

La búsqueda que Flores emprendió desde 2015 hizo nacer el más grande colectivo de madres buscadoras que hay en el país, compuesto por más de 600 personas. Solo en Sonora, el colectivo ha encontrado 900 cadáveres en fosas. Gracias a sus esfuerzos, 800 personas han sido localizadas con vida.

En los archivos de Madres Buscadoras de Sonora existen unas diez mil fichas de búsqueda: dos mil están relacionadas con migrantes perdidos en el desierto.

Muchos de los hallazgos realizados por el colectivo son producto de llamadas anónimas de miembros del crimen organizado. Flores dice que las realizan personas deseosas de limpiar su conciencia. La mayor parte de las veces, aquellos informes son brutalmente exactos.

En abril pasado un anónimo le informó que uno de sus hijos estaba en una fosa clandestina ubicada en el kilómetro 60 de la carretera Hermosillo-Bahía de Kino: “Ahí encontrará lo que busca”.

Flores y su cuñada acudieron armadas con picos y palas. Hallaron unos restos óseos que hicieron que la mujer se cimbrara. Le pareció reconocer la dentadura de Marco Antonio. “Siento que me derrumbo”, escribió en su cuenta de Twitter.

Después de realizar pruebas de ADN, la fiscalía del estado descartó que se tratara de su hijo.

“Volví a levantarme con este dolor que traigo, metida otra vez en esta muerte lenta que está hecha de angustia, dolor, impunidad, apatía, burocracia, ausencia de autoridad. Volví a levantarme otra vez con dos ausencias: la de mis hijos y la del Estado. A luchar otra vez con fiscalías que no hacen su trabajo y no investigan, con carpetas de investigación que siguen vacías… con esta forma de estar muerta en vida desde que los perdí”.

El 16 de mayo pasado México rebasó la cifra monstruosa de 100 mil personas desaparecidas. Solo diez entidades han aportado más de la mitad de esa cuota de horror (59,846 casos): Jalisco, Tamaulipas, el Estado de México, Nuevo León y Sinaloa encabezan la lista.

Siguen Sonora, Michoacán, Veracruz, la ciudad de México y Coahuila.

Durante el sexenio de Felipe Calderón, cuando la tragedia se desató, desaparecían, en promedio, ocho personas cada día. Hoy desaparecen 25: la cifra se triplicó.

“Nuestro viacrucis es eterno porque tenemos todo en contra”, sentencia Ceci Flores.
Tiene razón: en todo ese tiempo solo se han dado 35 sentencias condenatorias por desaparición.

Después de buscar en vano una reunión con el presidente López Obrador, el colectivo Madres Buscadores de Sonora Flores le dirigió un tuit lapidario:

“Él prometió por 18 años un gobierno de puertas abiertas para las víctimas del país. Pero una vez en el poder, nos dio un portazo en la cara. Nunca nos recibió”.
Le pregunto qué le diría al presidente si lo tuviera enfrente. Responde Flores:

“Le diría que no buscamos ni castigo ni justicia. Que solo queremos que nos digan dónde están nuestros hijos, para que ellos puedan descansar y nosotras también. Le diría que deje de defender a los que se llevaron a nuestros hijos y nos dé su apoyo para algo muy simple: que las fiscalías y las autoridades investiguen y las carpetas no se queden en blanco”

Más de cien mil desaparecidos: 25 diarios a lo largo de su sexenio, mientras tanto.

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