Otra masacre en el catálogo de nuestras horas negras

Desconocidos dispararon contralas personas. Más de 50 detonaciones de arma larga retumbaron en la esquina de Azalea y Fresno

Héctor De Mauleón
Nación 25/05/2022 03:00 Actualizada 03:01
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Solo unas horas después de que la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana presumiera una baja en los homicidios cometidos en Guanajuato, la ciudad de Celaya se convirtió en noticia internacional. 

El lunes en la noche once personas fueron asesinadas por un comando que, luego de acribillarlas, le prendió fuego a un hotel y dos bares en la colonia Valle Hermoso. 

A las diez de la noche, hombres armados y encapuchados, que llegaron a bordo de tres camionetas, se detuvieron a las puertas del Hotel Gala y los bares contiguos. 

Según testigos y sobrevivientes del ataque, los desconocidos abrieron fuego contra las personas que se encontraban ahí. Más de 50 detonaciones de arma larga retumbaron en la esquina de Azalea y Fresno. 

La mayor parte de las víctimas eran mujeres que trabajaban en esos sitios o se hallaban entre los clientes. Cayeron siete en total y una más murió en el hospital. 

Entre el reguero de cuerpos, la policía encontró los de tres hombres también acribillados por las balas. De acuerdo con fuentes estatales ellos eran el verdadero objetivo del ataque, y estarían relacionados con el Cártel Jalisco Nueva Generación. 

Entre charcas de sangre, los agresores abandonaron en el lugar una cartulina de color verde: “Esto me pasó por apoyar a las Jaliscas y estar involucrado con los 3 embolsados. Atte: CSRL”. 

Esa madrugada, a pocos metros del sitio del ataque, habían aparecido en bolsas de plástico los cuerpos fragmentados de al menos tres personas. Sobre estos se hallaba una cartulina firmada por el Cártel Jalisco, con amenazas a integrantes del Cártel de Santa Rosa de Lima. 

El ataque fue la respuesta a la aparición de esos embolsados, según la secretaria ejecutiva de Seguridad Pública del estado, Sophía Huett, quien señaló que Valle Hermoso es una colonia con un fuerte pasado de homicidio y narcomenudeo. 

Los cuerpos embolsados son parte de los mensajes que los dos grupos criminales, en pugna por el narcomenudeo y el huachicol. se están intercambiando desde hace años. 

En julio de 2019, por ejemplo, Celaya se sacudió con el hallazgo de cinco “embolsados” en el río Laja. Desde entonces, los cadáveres metidos en bolsas no han dejado de aparecer. Algunos de ellos completos. Muchos otros no. 

El jefe criminal del Cártel de Santa Rosa, José Antonio Yépez Ortiz, El Marro, fue detenido a mediados de 2020. Su lugar fue ocupado por muchos otros personajes, entre ellos los apodados El Azul, El Panther y El Dalugas. 

Todos estos fueron aprehendidos.  La captura más reciente ocurrió en octubre pasado, cuando cayó el último líder, conocido como El Ruco o El M1. 

La violencia, sin embargo, no termina. En los días en que El Ruco fue aprehendido, en los municipios controlados por el Cártel de Santa Rosa fueron hallados siete “embolsados”. 

Las autoridades hablan de una pugna al interior del Cártel de Santa Rosa de Lima, dirigido hoy por una hermana de El Marro: Karem Lizbeth Yépez Ortiz, de quien llegó a decirse que la habían ejecutado y quien controlaba las finanzas del grupo criminal. 

Apenas el 9 de marzo pasado, las pugnas de la delincuencia organizada dejaron en Celaya diez asesinatos en un día. Entre los hechos de sangre sobresalió el ataque al bar Código 19, en donde sujetos armados acribillaron a tres hombres y lesionaron a otros dos. 

En los primeros cuatro meses del año se registraron casi mil homicidios en Guanajuato. En Celaya, este delito aumentó 25%. 

Según las autoridades, nueve de cada 10 asesinatos están relacionados con crimen organizado y narcomenudeo. 

El horror había visitado Celaya el pasado 23 marzo, cuando en un camino cercano a la comunidad de Rincón de Tamayo se reportó el incendio de una vieja camioneta Ford F-150 y dentro de esta aparecieron los cuerpos calcinados de siete integrantes del grupo musical Los Chuparrecio. 

Familiares lograron reconocer los cadáveres de dos de ellos. Durante el funeral, dos de los asistentes fueron secuestrados y ejecutados detrás de un autolavado. 

Una cartulina informaba que en el Cártel de Santa Rosa había ocurrido una ruptura. A esa escisión se suma el horror por la guerra que los remanentes de este grupo sostienen con el Cártel Jalisco, la cual encontró un nuevo capítulo el lunes pasado, cuando los agresores lanzaron contra los establecimientos bombas molotov y rociaron en ellos bidones de gasolina. 

Acribillados e incinerados: una masacre más en un país que iba a “serenarse” en seis meses. Once personas, entre ellas ocho mujeres, asesinadas en menos de un minuto por un grupo de sicarios que, según se desprende de las investigaciones, son manejados por un sujeto apodado El Zermeño. 

Un nombre más en el catálogo de nuestras horas negras. 

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