Los “gobiernos paralelos” de Guerrero

Héctor De Mauleón

Un Guerrero más fuera de control, más violento, está a punto de aparecer

“El Melesio”, jefe de sicarios de La Familia Michoacana, llegó el 8 de septiembre pasado a Ciudad Altamirano, Guerrero, en una camioneta Nissan Doble Cabina. Su visita tenía como fin sostener una reunión con empresarios y comerciantes de los ramos de la construcción y ferretero.

Además de un grupo de hombres armados, al jefe de sicarios lo acompañaba ArturoB”, quien fue presentado como dueño de una importante ferretería de la zona.

“Melesio” actúa bajo las órdenes de uno de los capos más sanguinarios de aquella región: Rodolfo Maldonado Bustos y/o José Pineda Pineda, líder de la Familia Michoacana en Guerrero.

La junta tuvo como fin recabar una lista de los materiales con que se surten las tiendas de Ciudad Altamirano e instruir a los propietarios de estas para que a partir de ese día hicieran sus compras exclusivamente en el negocio de Arturo “B”.

A los convocados se les ordenó, además, aumentar el 8% en el precio de cada producto: comisión que iría a los fondos del grupo criminal.

“El Melesio” dejó claro que tenía los nombres y los domicilios de cada negocio, así como los números telefónicos de sus propietarios. Antes de que despedirse, dejó un número de teléfono, “para cualquier cosa”.

Hace unos días EL UNIVERSAL informó que alrededor de 30 tortillerías del municipio de Taxco decidieron cerrar sus puertas debido a las extorsiones de dos grupos criminales: la Familia Michoacana y el Cártel Jalisco Nueva Generación.

Para poder hacer frente a las exigencias de los grupos criminales, según denunciaron los empresarios, les fue preciso aumentar a más de 30 pesos el kilogramo de este producto. Las nuevas exigencias de los delincuentes los llevaron a cerrar.

En este espacio se relató la manera en que la Familia Michoacana indujo el voto, durante las pasadas elecciones, en el municipio de Taxco. Lo hizo “levantando” a los líderes de las organizaciones rurales y urbanas que operan en el municipio, para obligarlos, a ellos y a sus agremiados, a votar por el candidato que finalmente se llevó el triunfo.

Pasada la elección, los miembros de la Familia informaron a los comerciantes que a partir de entonces iban a controlar la venta de cerveza, y que quien quisiera venderla tendría que comprársela a ellos.
Hace unos días se dio a conocer que a la lista de productos controlados por el crimen se habían agregado los refrescos.

Reportes semejantes llegan de los municipios de Tierra Caliente, La Montaña y la Zona Norte de Guerrero.

En el contexto del cambio de autoridades en los 81 municipios del estado, los grupos criminales que el 6 de junio operaron las elecciones, palomeando, promoviendo, bajando, secuestrando, amenazando o asesinando candidatos, y que brindaron apoyo de manera abierta o encubierta a Evelyn Salgado —hija del fallido candidato de Morena, Félix Salgado Macedonio—, han comenzado a exigir el pago de sus servicios.

No solo incrustando gente en el gabinete de sus “elegidos”, no solo adjudicándose concesiones y contratos de obra pública, sino estableciendo sin freno alguno el cobro de cuotas y consolidando su supremacía en cada región: estableciendo verdaderos “gobiernos paralelos”.

Mientras tanto, en las autoridades salientes “no hay ya voluntad ni recursos para enfrentar esto”, explica una fuente.

El incendio intencional de la discoteca más exclusiva del país, Baby’O, de Acapulco, y el recrudecimiento de la lucha por el control de Iguala, expresado en un video espeluznante que la gente de Onésimo Marquina envió al alcalde entrante, David Gama Pérez, de la alianza PRI-PRD —y quien presuntamente habría sido apoyado por Jesús Brito, El Marranero, del grupo criminal La Bandera— son otras señales de las convulsiones que sacuden y van a sacudir al estado.

Otro Guerrero, un Guerrero aún más sanguinario y violento; un Guerrero más fuera de control está a punto de aparecer o, mejor dicho, asoma ya la cabeza. Mientras, los encargados de detener ese horror prefieren cerrar los ojos, perseguir al cártel temible de los científicos.

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