La noche del 14 de octubre de 2023, las cámaras del Centro de Mando Municipal de Nezahualcóyotl, Estado de México, detectaron que dos patrullas de la CDMX, con número económico MX-121-D2 y MX-443-01 habían abandonado en la vía pública, frente al Hospital General de la Perla, a un hombre herido por arma punzocortante.

Un familiar informó que la víctima había sido agredida con un cuchillo dentro de su propio domicilio, ubicado en el Barrio San Miguel, en Iztapalapa. El hombre recibió cuchilladas en el costado izquierdo del cuerpo. Arribaron dos patrullas al lugar. El familiar pidió que se llamara de manera urgente una ambulancia. “Solo me dicen que no hay y que nos van a escoltar hasta el Hospital de la Perla”, declaró el familiar ante la Fiscalía General de Justicia del Edomex. Relató que los agentes le dijeron que ese hospital del Estado de México “era el más cercano y que ahí lo iban a atender mejor”.

Las patrullas se fueron del hospital antes de que el personal médico saliera a brindar atención al lesionado.

Elementos de la policía de Nezahualcóyotl, que se habían trasladado al hospital para investigar los hechos, presenciaron minutos más tarde el arribo de otra patrulla de la Ciudad de México: la MX-122-D2. La conducía el agente Enrique Lucero Balbuena. Llevaba a bordo a dos mujeres heridas por arma de fuego. Cuando las víctimas bajaron de la unidad, la patrulla intentó retirarse, “dejándolas tiradas sobre la vía pública”, según dice el reporte rendido al Ministerio Público.

Minutos más tarde arribaron al hospital dos patrullas más, la MX-444-D-1 y la MX-272-D2, tripulada la primera por los policías José Fernando Salinas y Brenda Barrón, y la segunda por Ricardo Mirafuentes Sánchez, jefe del Sector Oasis, ubicado en Iztapalapa, al que acompañaban dos de sus escoltas.

Llevaban a un hombre y dos mujeres con lesiones de arma de fuego.

La mujer explicó que seis delincuentes habían querido “rentearlos” en un puesto de micheladas de Santa Martha Acatitla, alcaldía de Iztapalapa, situada al oriente de la CDMX. Como se negaron a pagar la extorsión, fueron agredidos con armas cortas. El hombre tenía un tiro en la cabeza y otro en la pierna. Una de las mujeres, un disparo en el lado izquierdo del cráneo; la otra, un balazo en la mano y en una pierna.

Esta última explicó que los heridos eran derechohabientes del ISSSTE, “el cual estaba más cercano al lugar de los hechos”, pero que los policías, “de manera arbitraria”, decidieron trasladarlos hasta aquel hospital del Edomex, “cuando teníamos más cerca el hospital ‘José María Morelos y Pavón’ o el ISSSTE de Zaragoza”.

También estos últimos agentes pretendieron retirarse, “dejando a los heridos tirados en la vía pública”.

En lugar de solicitar apoyo de unidades médicas, los elementos capitalinos subieron a los heridos a las patrullas y no los trasladaron, como indica la queja de la mujer, al cercano Hospital Regional del ISSSTE “Gral. Ignacio Zaragoza”, ubicado a solo unos minutos del lugar donde ocurrieron los disparos, sino que los condujeron hasta La Perla, decenas de calles más allá de los límites de la CDMX.

Mandos policiales de Nezahualcóyotl ordenaron que los elementos capitalinos fueran detenidos por impedir que los lesionados recibieran atención médica inmediata y trasladarlos a un hospital que se hallaba fuera de su jurisdicción.

Esa noche, seis agentes fueron puestos a disposición del ministerio público en el Centro de Justicia Neza La Perla. Entre estos, se hallaba el jefe del sector Oasis, Ricardo Mirafuentes Sánchez. De acuerdo con versiones del personal del Centro de Justicia, no era la primera vez que elementos policiacos de la CDMX trasladaban a heridos graves a hospitales del Edomex.

Había reportes de que incluso, en vez de llevar a lesionados de gravedad a hospitales capitalinos, paramédicos de varias ambulancias habían solicitado atención en municipios colindantes.

Esa noche, el comisario Juan Hernández Vázquez, coordinador general de la Policía de la CDMX, y el director de investigación policial de asuntos internos, José Antonio Bautista, se presentaron ante autoridades de Nezahualcóyotl para exigirles que se desistieran de llevar a cabo la puesta a disposición de los agentes.

El jefe del sector Oasis, según el personal consultado, había indicado que sus agentes solo cumplían órdenes superiores. La orden era, según el personal del Centro de Justicia: “bajar la incidencia delictiva de la CDMX como fuera”.

Todos los elementos fueron liberados más tarde, “mediante intervención de sus superiores”.

Esto dio origen a una serie de acusaciones por parte de autoridades del Edomex, según las cuales, para maquillar las estadísticas de homicidios durante el gobierno de Claudia Sheinbaum, policías capitalinos habrían recibido la instrucción de trasladar a heridos y moribundos a hospitales del Edomex. La Secretaría de Seguridad capitalina negó en ese tiempo las acusaciones. Autoridades del Edomex sostuvieron que había diversos casos en los que cuerpos aparecidos en municipios mexiquenses correspondían a personas asesinadas en alcaldías capitalinas, que las disputas por el conteo de cuerpos abandonados en la vía pública eran el pan de todos los días entre las fiscalías capitalinas y del Edomex.

La noche que reseño, al menos seis heridos, algunos de ellos moribundos, fueron trasladados “de manera arbitraria” a un hospital a donde no debían ser llevados. Esa misma noche, todos ellos fueron internados en el sitio al que debieron llegar desde el principio: el hospital regional del ISSSTE de Iztapalapa.

En la carpeta NZ3/062/292551/23/10 está la crónica completa de esa noche.

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