La masacre de Reynosa

Héctor De Mauleón

Los sucesos de Reynosa desmienten que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador tenga sobre el país el control territorial que dice tener

Fue El Maestrín, lugarteniente de uno de los jefes del Cártel del Golfo a quien se conoce como Miguelito 56, quien dio las órdenes: entrar en Reynosa, bastión de Los Metros, y abrir fuego contra quien fuera: provocar una masacre que obligara a las autoridades a aplastar a Los Metros.

En al menos tres vehículos, un grupo de sicarios recorrió los 20 kilómetros que separan Río Bravo de Reynosa, Tamaulipas.

A esta última ciudad los sicarios entraron por una brecha —se dice que la brecha a la que llaman El Berrendo— y se aproximaron al sector donde se hallan las maquiladoras.

Entre los atacantes había gente de Matamoros —del grupo Los Ciclones—, enviada por José Alfredo Cárdenas Martínez, El Contador, sobrino de Osiel Cárdenas Guillén. Había también gente de la organización conocida como Los Escorpiones, que opera en Río Bravo.

Estas organizaciones disputan desde hace años el control del Puente Internacional Pharr, así como del torrente de negocios ilícitos que transcurre a lo largo de este: contrabando, tráfico de migrantes, paso de drogas, de armas, de huachicol.

Tras apenas pisar Reynosa, la caravana divisó a un muchacho que al lado de sus padres se disponía a abordar una camioneta Murano. Los sicarios decidieron quedársela. Lo acribillaron a él, y luego a sus padres. Metieron en la cajuela del vehículo a dos hermanas del joven y avanzaron por zonas de marginación y bajo ingreso.

Eran aproximadamente las 12:45 del sábado 19 de junio, un día de horror.

El comando atravesó calles de la colonia Almaguer, una de las ocho más inseguras de la ciudad, y apareció de pronto en General Rodríguez. Ahí, los asesinos tiraron contra unos albañiles que hacían reparaciones. Los conteos son contradictorios y confusos. De acuerdo con los testigos, mataron a tres e hirieron a dos de los trabajadores.

En la misma avenida acribillaron, metros más adelante, a un taxista que quedó doblado sobre el volante de su Nissan. Luego balearon al conductor de un Jeep: también él perdió la vida.

El grupo recorrió tres colonias más —Lampacitos, Unidad Obrera y Bienestar—. Esa tarde, según las autoridades, ocurrieron en total “11 eventos”. El saldo fue de 15 civiles muertos. La policía recogió casquillos de .222, “cuernos de chivo” y .9mm.

En un enfrentamiento con estatales que les dieron alcance en las cercanías del Puente Pharr, uno de los agresores murió y otro quedó herido. Según fuentes de seguridad, este último reveló que quien había “bajado” la orden era “El Comandante Maestrín”.

Existe poca información sobre este operador del Cártel del Golfo (CDG), aunque hace unos meses la decapitación de tres sujetos enviados por él a Reynosa fue grabada por sicarios de Los Metros.

Las profundas divisiones que el Cártel del Golfo sufre a consecuencia de sus luchas de poder —hice referencia a ellas en la entrega de ayer—, arreciaron en noviembre del año pasado cuando un sobrino de Osiel Cárdenas Guillén, José Alfredo Cárdenas Martínez, El Contador, fue liberado mediante artilugios legales, tras pasar casi dos años en un penal de Durango.

El Contador volvió a Tamaulipas e inició una recomposición del CDG. Datos de inteligencia indican que ordenó que Los Ciclones tomaran control pleno de Reynosa.

Se cree que él mismo dio instrucciones para que sus hombres les pusieran a Los Metros “la plaza” en llamas.

La información proporcionada a cuentagotas por las autoridades indica que, en un segundo enfrentamiento con la policía, suscitado horas después del primer ataque, murieron otros tres agresores, entre ellos una mujer.

Reportes de medios locales indican que cuando la Guardia Nacional y elementos de la Sedena barrieron Río Bravo y Reynosa, a los atacantes ya no se les veía ni el polvo. Se informó, incluso, que un helicóptero de la Defensa había sido tiroteado desde tierra.

Los sucesos de Reynosa, ocurridos luego de que el gobierno federal retirara a miles de elementos de la Guardia Nacional, enviados a cuidar las elecciones, desmienten que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador tenga sobre el país el control territorial que dice tener. No solo eso, al ocurrir a solo unos metros de la línea fronteriza, podrían llevar al gobierno a una nueva zona de tensión con Washington, en donde está la tentación de emplear un término —terrorismo— que el gobierno mexicano no quisiera escuchar.

Según analistas consultados, el hecho de que un grupo criminal se atreva a salir a cazar gente inocente por las calles, es también un aviso: un aviso que dice que Francisco Cabeza de Vaca ya no gobierna Tamaulipas.

Por donde se le mire, fue un sábado atroz.

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