La batalla entre El Mencho y El Mayo

Héctor De Mauleón

Enfrentamientos, ejecuciones, descuartizamientos, decapitaciones: el horror del narco se despliega de forma constante

Un camino rural en la sierra de Bolaños: pobladores reportaron tiroteos que habían durado varias horas, más de diez. Los primeros tiros se escucharon a las seis de la tarde. Dejaron de oírlos hacia las cinco de la mañana.
A causa de la distancia, y las difíciles condiciones del terreno, el Ejército y la Guardia Nacional demoraron unas siete horas en llegar.

Al mediodía del viernes pasado, sobre el camino San Juan Capistrano-Tulillo, encontraron tres vehículos, dos ellos pavorosamente calcinados y con restos humanos adentro. A un lado de unidades y a lo largo de la vereda, cuerpos despedazados por el impacto de armas de alto poder.

Los cadáveres se hallaban vestidos con uniformes tácticos y chalecos con las siglas del Cártel Jalisco Nueva Generación, CJNG.

18 muertos en total. La quinta masacre registrada en México en menos de una semana, luego de las ocurridas en Reynosa (19 muertos), Salvatierra (siete víctimas), Fresnillo (otros siete) y Villahermosa (seis reos asesinados en un penal).

En ese camino desolado por el que se asciende a la sierra madre occidental, y conecta con los límites de de Nayarit, Jalisco y Durango, las fuerzas federales encontraron armas largas, “un número importante de casquillos percutidos”, e incluso de granadas de fragmentación. Antes de quemar las camionetas, los agresores –sicarios del Cártel de Sinaloa, al servicio de Ismael El Mayo Zambada– remataron con armas de fuego a los tripulantes.
La gente de las comunidades serranas ha reportado que las rutas de la montaña son patrulladas incesantemente por civiles armados que controlan el flujo de vehículos, extorsionan a los comerciantes y han hecho huir de las comunidades a numerosas familias: esos grupos han secuestrado desde hace años la sierra.

Esa es la zona que ha controlado tradicionalmente la gente del Mayo Zambada, y en la que hoy el Cártel de Sinaloa intenta detener la entrada a Zacatecas del Cártel Jalisco Nueva Generación: de hecho, en la masacre ocurrida en San Juan Capistrano, varias de las víctimas tenían dentro de las ropas identificaciones que acreditaban su lugar de residencia en uno de los bastiones del CJNG: el estado de Nayarit.

En 2019, un alto operador del CJNG, Gonzalo Mendoza Gaytán, El Sapo, envió a Zacatecas, al frente de un grupo poderosamente armado, a Audías Flores Silva, conocido como El Jardinero o El Mata Jefes.

El Departamento de Estado norteamericano acusa a Flores Silva de manejar laboratorios de metanfetaminas en Jalisco y Zacatecas, de operar cargamentos aéreos y pistas clandestinas, de participar en una red de tráileres y camiones de pasajeros que presuntamente transportan droga de Centroamérica a California, Texas, Illinois, Georgia, Washington y Virginia. Hay una recompensa de varios millones de dólares por información que conduzca a su captura.

En abril del año mencionado, al grito de “¡Puro señor Mencho!” (en referencia al líder máximo del Cártel Jalisco, Nemesio Oseguera, apodado de ese modo), una caravana formada por un centenar de sicarios entró en Valparaíso, Zacatecas, y recorrió las calles de esa cabecera municipal lanzando ráfagas al aire. El pánico se desató.

“¡Aquí estamos en Valparaíso pa’ lo que quieran!”, gritaban.

El convoy llegó a la plaza principal. Nadie se movió. El alcalde declaró más tarde que era imposible intervenir, que las escasas fuerzas municipales se hallaban superadas en número y en armamento.

Arreció la guerra de videos que mostraban sicarios recorriendo en “monstruos” los caminos y las calles de los alrededores de Valparaíso.

No tardó en llegar la respuesta. Aumentaron los descuartizados y los asesinados en forma dantesca. A algunos los quemaron vivos: “¡Zacatecas es del señor Mayo!”.

En el municipio de Calera, se avistó un convoy armado hasta los dientes, encabezado por el propio Audías Flores Silva. De acuerdo con los reportes, más de un centenar de sicarios lo acompañaban.

A finales de febrero de 2021 el presidente López Obrador visitó la entidad. El día de su visita, o en las horas inmediatas, hubo 20 ejecutados. Días antes, un enfrentamiento entre civiles armados y elementos de seguridad dejó siete muertos. El presidente prometió “serenar” Zacatecas y al país”.

El gobernador de la entidad había declarado que “la policía estatal, las municipales, la ministerial, están al límite”. El presidente ordenó que se desplegara el Ejército y la Guardia Nacional: llegaron a la entidad unos 360 elementos.

Pero nada cambió. Los enfrentamientos, las ejecuciones, los descuartizamientos, las decapitaciones: el horror del narco se siguió desplegando de forma constante.

En el umbral de las pasadas elecciones, en las que el crimen organizado se portó “muy bien”, de acuerdo con el presidente, apareció medio centenar de narcomantas que acusaron al candidato David Monreal, de la alianza Juntos Haremos Historia, de permitir el acceso al estado del CJNG, “liderado por Audías Flores Silva, El Jardinero, quien secuestra y extorsiona para pagar su campaña a gobernador…”.

Monreal negó las acusaciones e interpuso una denuncia penal contra quien fuera responsable de estas. “Vamos a presumir Valparaíso”, prometió durante su campaña.

El viernes pasado, los sicarios de ambos grupos se encontraron. Diez horas de tiroteo. 18 muertos. Valparaíso es noticia internacional.

La respuesta: decir que el país está tranquilo y, por toda estrategia, enviar a Zacatecas más elementos del Ejército y la Guardia Nacional.
 

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