Hoy, adentro del gobierno de AMLO hay una guerra

Héctor De Mauleón

Desde mediados de 2019, el gobierno federal, a través del Centro Nacional de Inteligencia, obtuvo noticias de que el Cártel Jalisco Nueva Generación estaba preparando un atentado en contra de Omar García Harfuch.

Un equipo al servicio del CJNG operaba en la Ciudad de México intentando reunir información que le permitiera establecer las rutas, los horarios, los lugares en que se movía el entonces titular de la Agencia de Investigación Criminal, AIC.

En aquellos días, García Harfuch andaba especialmente activo. Logró aprehender en la misma semana a Pedro Ramírez Pérez, El Jamón, líder de la Unión Tepito, a Jorge Flores Concha, El Tortas, jefe del grupo conocido como Fuerza Anti Unión, y a Aldo Jesús Azcona, El Chucky o El Enano, cabecilla de una célula criminal enviada a la Ciudad de México con la intención de abrir camino al Cártel Jalisco.

Sin embargo, en junio de 2019, a los pocos días de lograr estas detenciones, García Harfuch renunció al cargo. La versión, en los pasillos de la AIC, era que había tenido serios desacuerdos con los encargados de conducir la estrategia de seguridad del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Es probable que la abrupta salida de García Harfuch le haya salvado la vida. En todo caso, el Centro Nacional de Inteligencia no volvió a obtener señal alguna sobre aquel primer atentado.

El 4 de octubre, García Harfuch fue nombrado por la jefa de gobierno Claudia Sheinbaum como nuevo titular de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, en sustitución de Jesús Orta. Ocho meses más tarde, en la segunda semana de junio, el Centro Nacional de Inteligencia recabó nueva información, gracias a una intercepción telefónica, y pasó la alerta: se encontraba ya una célula del Cártel Jalisco Nueva Generación en la ciudad. En un primer momento se determinaron como objetivos del grupo delictivo al titular de la Unidad de Inteligencia Financiera, Santiago Nieto, y al secretario de Seguridad Ciudadana de la ciudad de México, Omar García Harfuch.

La información fue presentada ante el gabinete de seguridad, que encabeza el presidente López Obrador, según reveló, en estas mismas páginas, el columnista Raúl Rodríguez Cortés.
De acuerdo con los datos del CNI, en la ciudad se hallaba ya un sujeto conocido como El Vaca. Era el encargado de coordinar el ataque en contra del secretario.

Un equipo de inteligencia comenzó a trabajar para desactivar el atentado. Entre esa fecha y el 26 de junio no hubo resultados significativos: se obtuvieron solo algunos avances.

Vino el día del golpe. Según la información disponible 19 personas fueron detenidas aquel día. Ocho procedían de Jalisco, dos de Michoacán, una de Guerrero, una de Chihuahua, una de Oaxaca y cuatro de la ciudad de México. Entre ellas había también un colombiano.

La mayor parte de los sicarios había llegado a la capital dos semanas antes. Fueron concentrados en una bodega de Acueducto de Guadalupe. Les habían ofrecido cien mil pesos. Antes de salir rumbo al atentado les repartieron nueve mil a cada uno. Las autoridades creen que eran carne de cañón: tras disparar más de 400 tiros, algunos huyeron corriendo, otros en taxi y hubo algunos que abordaron un micro.

Las cámaras registran a otros participantes del ataque que no fueron detenidos (se calcula que, en total, hubo 35 los involucrados). A uno de ellos se le vio desprenderse de una chamarra o una sudadera, que arrojó al suelo. Muchos de ellos tenían en la ropa o en las gorras el logo del zorro de Fox: el mismo que se empleó luego en los videos donde encapuchados vestidos de negro volvieron a amenazar al secretario.

Juan Miguel Torres Linares, El Vaca, huyó del lugar del ataque en una camioneta que abandonó en la calle de Florencia. El seguimiento de las cámaras, los “avances” que ya se habían obtenido (supuestamente había ya información sobre su esposa) y tal vez datos arrojados por los 12 detenidos en flagrancia, permitieron su detención horas más tarde en una casa de la colonia Santa Catarina, en Tláhuac.

Él mismo reveló que es persona de confianza de Carlos Andrés Rivera, La Firma, y Julio César Montero, El Tarjetas, quienes forman parte de una estructura del Cártel Jalisco al mando Juan Carlos Valencia González, El 3, al que informes de inteligencia consideran hijastro de Nemesio Oseguera, El Mencho, líder de este grupo criminal.

Desde el mismo 26 de junio, versiones surgidas desde el propio gobierno federal han puesto en duda que el Cártel Jalisco se encuentre detrás del ataque, y han sugerido, incluso, que el propio secretario se fabricó un autoatentado para desviar la atención de las versiones que hablan de sus presuntos nexos con los Guerreros Unidos y los sucesos de Ayotzinapa.

Es imposible, de momento, saber la verdad. Pero lo expuesto en esta breve relación indica que los desacuerdos que un día sacaron a García Harfuch de la AIC siguen vivos, e incluso se han recrudecido.

Hoy, adentro del gobierno hay una guerra.

@hdemauleon
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