El mundo que no le gusta al gobierno voltear a ver

Héctor De Mauleón

Un turista francés y un actor mexicano fueron secuestrados a fines de noviembre pasado en la parte alta del Nevado de Toluca. Los delincuentes se llevaron dos camionetas todo terreno y aprovecharon para pedir rescate por la liberación de las víctimas, quienes permanecieron en cautiverio alrededor de un día.

Desde hacía un par de años existían reportes que alertaban sobre el robo de camionetas en la parte alta del Xinantécatl. La manera de operar era la misma: una célula delincuencial, compuesta por al menos ocho hombres, interceptaba turistas en el camino de ascenso al Nevado –un paraje al que los medios locales consideran “un cementerio boscoso”, por la cantidad de restos humanos que se han hallado ahí–. Los criminales despojaban a las víctimas de sus vehículos y de sus pertenencias. Luego exigían rescates que podían ser pagados con relativa rapidez.

La detención de miembros de ese grupo, por parte de agentes de la Secretaría de Seguridad del Estado de México, apuntó a que las camionetas todo terreno eran entregadas a la Familia Michoacana en la parte sur del estado.

Aquellos vehículos servían a la gente de Johnny Hurtado Olascoaga, El Pez, y de su hermano José Alfredo, apodado El Fresa –líderes de la Familia Michoacana—, para incursionar –con placas sobrepuestas– en el estado de Guerrero, y sostener la guerra que este grupo criminal sostiene con el Cártel Jalisco Nueva Generación por el control de Arcelia, Totolapan, Apaxtla, Teloloapan, Ciudad Altamirano y Acapetlahuaya, entre otros municipios.

El gobierno federal ofreció desde 2014 una jugosa recompensa por El Pez. Ese año, el entonces procurador Murillo Karam, a cambio de que hablara sobre el destino de los 43 alumnos de Ayotzinapa, le propuso al líder de Guerreros Unidos, Sidronio Casarrubias, proteger a su familia de los ataques del Pez –que en aquel momento intentaba apoderarse de los municipios que rodean a Iguala.

Según narró el propio Murillo tiempo después, Casarrubias accedió a decir lo que sabía sobre la desaparición de los alumnos por temor al Pez.

Desde ese tiempo, Hurtado Olascoaga es uno de los principales causantes de la violencia desmedida que azota diversos municipios de Guerrero, y sobre todo, la parte sur del Estado de México.

El Pez fue enviado por uno de los jefes de la Familia Michoacana, Jesús María Chávez Magaña, El Pony –entonces, un líder con mayor poder incluso que Servando Gómez, La Tuta, por la cantidad de alcaldes y policías municipales que tenía en la nómina— a apoderarse de la región, limítrofe con Guerrero, que componen las alcaldías mexiquenses de Bejucos, Luvianos, Tejupilco y Tlatlaya.

El Pez llegó a la zona al frente de 18 sicarios e inició la “limpia” de rivales que hundió a esos municipios en una violencia inédita. En 2014, El Pony fue apresado por la Marina en Pénjamo, Guanajuato, debido a la delación de un colaborador cercano, y El Pez y El Fresa se convirtieron en jefes de La Familia Michoacana en Guerrero y el Edomex.

Fueron responsables, entre otras cosas, de la ola de secuestros que a principios de la década pasada se desató en Valle de Bravo. Se ha hablado varias veces de presuntas detenciones, y hasta de la muerte del Pez. En alguna ocasión, la prensa informó que el capo había sido abatido en un enfrentamiento con la Marina. Se reportó incluso que había gran movimiento de gente con ramos de flores en San Vicente Tlalchapa, pero las autoridades no hallaron rastro alguno de un velorio.

Informes recientes señalan que, en su lucha contra el Cártel Jalisco, El Pez se ha aliado con José Rodolfo Maldonado Bustos, alias Don José o El JP, cabecilla de un poderoso grupo criminal que controla zonas de Michoacán y Guerrero –acusado de la muerte del alcalde de Pungarabato, Ambrosio Soto Duarte.

Reportes de inteligencia ubican su zona de operación en Tejupilco, Luvianos, Amatepec, Tlatlaya, Almoloya, Zacualpan, Tenancingo y Sultepec. Desde noviembre de 2019 se ha identificado, sin embargo, un “considerable” desplazamiento de su grupo hacia el estado de Guerrero, donde le disputa al Cártel Jalisco la zona amapolera y el control de las minas. El robo de vehículos, la extorsión y el secuestro, entre otros delitos de alto impacto, tienen como objeto financiar la disputa del grupo criminal en aquel estado.

En su zona de confort, El Pez y su hermano se mueven, en efecto, como peces en el agua: cuentan con protección institucional, así como de la población.

Hace poco, el capo apadrinó una graduación de secundaria en la Tierra Caliente. Una foto obtenida por las autoridades muestra una lona junto a la que posan los egresados: “Hoy refrendamos nuestra amistad (y) respeto, y le pedimos a Dios que nos siga apoyando para vivir en un ambiente de paz, armonía y buena convivencia. Saludamos al ciudadano Johnny Hurtado Olascoaga, en agradecimiento por haber aceptado apadrinar a la generación”.

El Pez se mueve, incluso se pasea con impunidad, desde hace una década. Lo que deja tras de sí: cuerpos metidos en bolsas de plástico: el mundo que no le gusta al gobierno voltear a ver.
 

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