El 8 de enero, tres agentes de la Secretaría de Seguridad Pública del estado de Chihuahua fueron emboscados en una gasolinera de la colonia Los Nogales. Los agentes se habían detenido en ese lugar para entrar al baño. Una camioneta GMC de color negro, con placas de Colorado, se les emparejó y los tripulantes abrieron fuego en su contra.
Uno de los elementos perdió la vida al instante. Los otros dos, a pesar de los impactos que habían recibido, respondieron los disparos y solicitaron ayuda por radio. La policía municipal recibió la alerta. La GMC fue detectada calles más adelante. Comenzó la persecución por tierra y a través de drones.
Según la versión oficial, una camioneta de la empresa Izzy aguardaba a los atacantes para facilitar su huida. Pero no lograron llegar. Cercados, bajaron de la GMC e intentaron escapar a pie, brincando bardas y atravesando patios. Al final, cinco agresores fueron detenidos. De acuerdo con la investigación, un Nissan Sentra había seguido a los agentes hasta el sitio del ataque.
El ataque fue atribuido al grupo criminal conocido como La Empresa, brazo armado del Cártel de Juárez. Durante la búsqueda de vehículos que presuntamente habían estado vinculados con el ataque, las autoridades del estado localizaron el 10 de enero, en la colonia Nuevo Hipódromo, el Nissan Sentra que días antes había sido abandonado. En ese sitio detectaron la presencia de un hombre sospechoso. Se trataba del ecuatoriano Wilson Fabian “T”, cuyos tatuajes (la leyenda One y una corona) lo identificaron como integrante de la organización de origen venezolano El Tren de Aragua, vinculada con otro grupo criminal que opera en la frontera al servicio del Cártel de Sinaloa como enlace en el tráfico de migrantes: La Línea.
Wilson Fabian fue entregado a autoridades estadounidenses porque se descubrió que tenía orden de aprehensión vigente por tráfico de drogas. Su detención confirmó la presencia en Ciudad Juárez de un grupo que lleva operando en Chihuahua desde 2022, y que disputa con otros grupos criminales el tráfico de personas, en el segundo estado con mayor número de carpetas de investigación abiertas por ese delito.
Los integrantes del Tren de Aragua han lucrado con la tragedia y el éxodo venezolanos como ninguna otra organización delincuencial. Su presencia en más de una decena de países sigue un patrón claramente definido: los miembros de esa pandilla llegan a los países siguiendo la ruta de los migrantes, casi siempre confundidos con ellos, y comienzan a operar en los barrios donde estos se asientan.
Desde ahí extienden su control: extraen información de víctimas que serán llevadas a casas de seguridad, desde donde se extorsiona a familiares; se vinculan a la distribución de drogas, el robo, el secuestro, el lavado de dinero y el sicariato. La explotación sexual y llamado préstamo “gota a gota” son otras de sus actividades.
Según las investigaciones, pagan piso a grupos locales para poder operar, y terminan por establecer alianzas con estos.
En menos de una década, el Tren de Aragua ha invadido Perú, Colombia, Chile, Panamá, Costa Rica, Ecuador, Bolivia y Brasil. A donde el dolor ha llevado a los venezolanos, descuella la presencia del Tren de Aragua.
Fueron ubicados primero en Frontera Comalapa, ofreciendo alojamiento y protección a migrantes. Hace un año, en Ciudad Juárez, le prendieron fuego a un campamento en el que había 150 personas para evitar la detención de Jesús Bait “N”, uno de sus miembros.
Operan ya en Tamaulipas, Baja California y la Ciudad de México.
Su presencia en la capital había sido negada por la Secretaría de Seguridad Pública federal. El año pasado, sin embargo, la notoria presencia de venezolanas en la calle Sullivan, uno del principales corredores del sexo servicio en la capital del país, desató un operativo que condujo a las autoridades hasta una serie de departamentos de la colonia Guerrero desde los que operaba el Tren de Aragua.
Una serie de ejecuciones de venezolanos en las colonias Buenavista, Anáhuac, Morelos y Narvarte no dejó dudas de su expansión y de sus pugnas y alianzas con grupos criminales locales.
El pasado 12 de enero otros seis miembros de la organización fueron aprehendidos en la Ciudad de México.
El gobierno de Donald Trump designó al Tren de Aragua como una organización terrorista internacional. Las medidas de endurecimiento contra la migración, por parte del gobierno estadounidense, han dificultado su margen de maniobra en la frontera norte, pero no ha detenido su actividad: apenas el 7 de enero 12 migrantes privados de la libertad fueron rescatados en una colonia de Ciudad Juárez.
Dichas restricciones le han abierto al Tren de Aragua las puertas de actividades criminales más violentas. La crisis de seguridad que desde el año pasado se vive en el norte de Chihuahua está vinculada con la fragmentación del Cártel de Sinaloa, con la reconfiguración de grupos y alianzas, y con la pugna por las rutas, en la que este grupo criminal suelto en México está sirviendo, por medio de la violencia, como una más de las herramientas de control.

