El Covid llena de fantasmas la noche de Iguala

Héctor De Mauleón

El Covid va llenando de sombras, de vacíos, de fantasmas, todo lo que sucedió aquella noche en Iguala

La Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia en el Caso Ayotzinapa informó del fallecimiento por Covid-19 de Mario Salgado Casarrubias, El Sapo Guapo, quien fuera máximo líder del grupo criminal Guerreros Unidos: la organización involucrada en la desaparición de 43 estudiantes normalistas la noche del 26 de septiembre de 2014.

Salgado Casarrubias se hallaba recluido en el penal del Altiplano desde abril de 2014, fecha en que fue detenido por la Marina durante un operativo realizado en Toluca, Estado de México. Se le acusó de delitos contra la salud, delincuencia organizada, portación de armas de uso reservado, homicidio, extorsión y secuestro.

En 2017 fue condenado a 10 años de cárcel. Desde que sus hermanos Sidronio, Adán y José Ángel Casarrubias cayeron en manos de las autoridades. lntercepción de comunicaciones efectuadas por el gobierno federal durante la pasada y presente administración revelaron que El Sapo Guapo y sus hermanos seguían dirigiendo las actividades del grupo, a través de sus esposas.

Dichas actividades incluían un intento de compra de funcionarios del Poder Judicial, con un pago de hasta dos millones de dólares, a fin de lograr la liberación de al menos uno de los hermanos.

En mayo pasado, poco antes de contagiarse, Mario Salgado Casarrubias interpuso un amparo “contra actos privativos de la libertad” que fue desechado. Según la comisión, el 8 de junio pidió ser trasladado del Centro Médico López Mateos de la ciudad de Toluca al Hospital Central Militar ubicado en la ciudad de México.

El interno padecía diabetes tipo II e hipertensión arterial sistémica. Al arribar al hospital, en estado grave, presentaba “un diagnóstico de caso confirmado de COVID-19, neumonía atípica por virus SARS-CoV-2 e insuficiencia respiratoria aguda”.

El 21 de julio se decidió intubarlo, debido al deterioro que presentaba: “una saturación de 72 por ciento de oxígeno”. Finalmente, falleció el domingo pasado.

El Covid parece ir de la mano con la impunidad: él también va llenando de sombras, de vacíos, de fantasmas, todo lo que sucedió aquella noche en Iguala.

La noche de la desaparición de los estudiantes, 24 agentes municipales se estuvieron comunicando, “durante toda la noche”, al teléfono de un personaje identificado en algunas agendas como El Caminante.

El Caminante apareció también en la agenda de El Chango Ocampo, jefe de halcones de Guerreros Unidos.

Esa noche, el director operativo de la policía de Iguala sostuvo con El Caminante varias comunicaciones. Solo el agente municipal Rubén Alday le llamó esa noche 29 veces. Su teléfono “rebotó” en antenas ubicadas en el radio en el que ocurrió la mayor parte de los hechos.

El Caminante, capaz de movilizar desde un teléfono celular a cientos de agentes de Iguala, Huitzuco y Cocula, el misterioso enlace entre la policía de la entidad y los Guerreros Unidos, fue identificado por la Oficina Especial para el Caso Iguala de la CNDH como el general en retiro Marcos Esteban Juárez Escalera, quien había fungido como director de la Policía Ministerial en Guerrero. El GIEI coincidió con este dato, aportado por el grupo de investigadores a cargo de José Trinidad Larrieta.

En noviembre pasado, durante el ascenso de la segunda ola de contagios, El Caminante falleció por complicaciones derivadas del Covid-19. Amador Rodríguez Lozano, secretario general de gobierno de la administración de Jaime Bonilla Valdez, se lo había llevado a Baja California a trabajar con él.

Apenas un mes atrás había trascendido la noticia del deceso por Covid-19, en un centro hospitalario de Chilpancingo, de José Luis Hernández Rivera, director de la normal rural de Ayotzinapa en los días de la desaparición de los alumnos.

Hernández Rivera tenía mucho qué decir sobre el extraño e intempestivo viaje de los alumnos a la ciudad de Iguala, sobre la infiltración de Los Rojos en la escuela normal, sobre su relación personal con Santiago Mazari Miranda, El Carrete, sobre la venta de drogas en el plantel a manos de un grupo cobijado por La Parka, sobre las razones que le impidieron tomar medidas para preservar en la escuela un ambiente seguro, sobre las causas por las que permitió que los alumnos formaran un autogobierno “y la escuela quedara tomada por el narco”…

Hernández Rivera fue llamado dos veces a declarar. Según confesó él mismo, nunca le preguntaron sobre la infiltración del narcotráfico en la cúpula de la comunidad estudiantil: él también murió sin rendir cuentas, sin explicar por qué los alumnos fueron enviados de ese modo a la muerte.

La epidemia se lleva a personajes clave y cae la noche sobre esa noche de hace ya casi siete años.

 

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