El Cártel Jalisco ya está en el Centro Histórico

Héctor De Mauleón

Denuncian varios comerciantes: “Esa gente llegó en coches, en camionetas. Llama la atención porque no se mueven como lo hacen los de la Unión: en motonetas. No ocultan, además, que traen armas largas”

Gente nueva llegó al Centro Histórico. Traían bajo la chamarra camisetas negras con las siglas del Cártel Jalisco Nueva Generación.

“Ya compramos la calle”, les dijeron a los comerciantes de Manuel Doblado, Circunvalación y Peña y Peña.

La cuota para negocios establecidos: cinco mil pesos por cada metro lineal.

Además, un “derecho de piso” de mil pesos a la semana, y otra “aportación” de diez mil para que el grupo criminal impida que se coloquen puestos ambulantes delante de los establecimientos:

“Van a comenzar a pagar a partir de ya”, informaron.

Un comerciante que vendía maniquíes, cerró su tienda. “Ahí se ven. Yo no puedo con esto”, se despidió.

Sus compañeros dicen que los nuevos dueños de las calles del centro le habían exigido una cuota inicial de 300 mil pesos. Su negocio estuvo cerrado durante medio año. El propietario se rindió.

Muchos otros no pueden hacerlo, sin embargo: “Estamos obligados a seguir”, explican.

A esas calles llegaron también “franeleros” nuevos. Varios testigos dijeron haberlos visto trabajando en calles de la alcaldía Venustiano Carranza. Aparecieron de pronto en la zona y comenzaron a desplazar, con amenazas de muerte, a los que antes antes trabajaban ahí. “Es como si estuvieran limpiando la zona”.

Denuncian varios comerciantes:

“Esa gente llegó en coches, en camionetas. Llama la atención porque no se mueven como lo hacen los de la Unión: en motonetas. No ocultan, además, que traen armas largas”.

Febrero de 2017: una caravana fúnebre formada por más de 30 vehículos rueda por la calle Manuel Doblado.

Hombres que van a la vanguardia y la retaguardia del cortejo realizan disparos al aire. Ocurre a unas cuadras del Zócalo, en la ciudad que gobierna Miguel Ángel Mancera.

En el ataúd va Jaime Vázquez, El Ronco, el hombre que cobró durante más de una década el “derecho de piso” en Manuel Doblado.

El 24 de ese mes lo asesinaron en la lonchería “Lolis”, en Platino y Congreso de la Unión, delegación Venustiano Carranza.

Cuentan que El Ronco cobraba cuotas de hasta 1,600 pesos semanales a los ambulantes. Para los negocios establecidos la tarifa era de hasta dos mil pesos. Quienes se negaban a pagar amanecían con los fierros de un puesto ambulante delante de su establecimiento. Eran acosados, amenazados, golpeados.

Los comerciantes denunciaron que el problema creció durante la gestión del entonces delegado Ricardo Monreal: fueron los años dorados de la Unión Tepito, los años en que el delegado les dijo que no podía hacer nada al respecto, porque se trataba de crimen organizado, un delito federal.

Rodolfo González, el sucesor de Monreal, acordó con la Marina y la Policía Federal una serie de operativos destinados a detener al grupo criminal que había desbordado Tepito, y había desbordado la delegación Cuauhtémoc, y operaba ya en siete delegaciones capitalinas.

Pero El Ronco siguió extorsionando hasta que lo asesinaron a las puertas de la lonchería “Lolis”. Un medio ironizó: “Ni siquiera tuvo tiempo de ordenar”.

En su lugar quedó otro Jaime: El Chino. “Con El Ronco se podía dialogar. Con El Chino no había modo”, cuentan.

El Chino llevó el terror a esas calles. El nuevo delegado de Morena, Néstor Núñez, contestó lo mismo que Monreal; “Tengan cuidado, es un delito federal, nosotros no podemos hacer nada”.

Pero se encargó de repartir las calles que el operativo federal había más o menos limpiado.

Al Chino lo detuvieron el año pasado. Pero en el Centro Histórico nada cambia. Solo cambia el nombre de los jefes, de los sicarios, de los extorsionadores.

Los comerciantes admiten que el gobierno de Claudia Sheinbaum ha tenido una voluntad política, para cambiar todo esto, que no tuvieron otros gobiernos.

Pero en el Centro Histórico nada cambia.

Solo cambia el nombre de los jefes, de los sicarios, de los extorsionadores.

El 14 de septiembre de 2020, Arturo “R”, conocido como “El Laureano”, fue detenido por autoridades capitalinas. Lo sorprendieron comercializando drogas en la calle Aluminio, en la colonia Nicolás Bravo.

Era el encargado del “cobro de piso” a lo largo de la calle Manuel Doblado. Comerciantes lo ubican como operador de la diputada María Rosete, cuyos nexos con la Unión se explican, según dicen, a través de un sujeto apodado El Tun Tun, quien funge como su chofer y guardaespaldas.

Para nadie es un secreto aquí que la diputada es la representante popular “de los intereses de líderes y malandros”: “La Unión es la punta de lanza de los ambulantes que maneja Rosete. Donde entra Rosete entra la Unión”, explican.

Extremadamente violento, “El Laureano” imponía a los comerciantes establecidos cuotas de hasta 10 mil pesos por metro lineal y tenía a su cargo el cobro de tarifas a los ambulantes (desde 500 pesos por semana a cada uno).

En la esquina de Manuel Doblado y Peña y Peña funcionan al menos dos cuarteles generales de la Unión. “Surgen muchas cosas ahí: muertes y ejecuciones”. Los comerciantes temen que con la llegada de “la gente nueva” venga “una matadera” y que al final el grupo más sanguinario y violento sea el que los extorsione.

El secretario de Seguridad Ciudadana, Omar García Harfuch, afirmó hace unos días que no ve al Cártel Jalisco Nueva Generación como una amenaza para la Ciudad de México.

Los comerciantes ven a supuestos integrantes del CJNG midiendo las calles, presas de la inseguridad, la corrupción, la extorsión, el cobro de piso, la venta de espacios públicos y el secuestro.

“¿Quién negoció las calles y a quién se las van a entregar antes de que comience la temporada de fin de año, momento en que la extorsión aumenta?”, se preguntan.

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