Cuando un jurado federal de la Corte de Brooklyn emitió el veredicto unánime de culpabilidad en contra de Genaro García Luna, el 21 de febrero de 2023, el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador celebró la decisión.

En su siguiente “mañanera” dijo que aquello era “apenas el inicio”. Afirmó que el juicio en contra del exsecretario de seguridad de Felipe Calderón “ayuda a seguir limpiando la corrupción en México”.

“Desde luego, falta más”, agregó. “Esto es apenas el inicio, es una buena contribución, pero podría ser mayor el aporte”.

AMLO vivía aquello como un triunfo histórico.

“Lo que debe quedarnos como enseñanza es que nunca más se deben repetir estos hechos. La no repetición de la actuación de gobiernos y funcionarios corruptos, el que no se vuelva a permitir la impunidad. Que podamos desterrar la corrupción”.

López Obrador pidió que García Luna le entregara a los fiscales estadounidenses más información, “independientemente de si le aminoran los años en prisión”.

“‘Magínense’ lo que ayudaría”, dijo.

En los meses siguientes volvió al tema una y otra vez. Cuando en junio de 2024 se pospuso la lectura de la sentencia porque la defensa ofreció presentar nuevas pruebas, AMLO dijo que “había pruebas suficientes” de que las organizaciones del narcotráfico se habían infiltrado en el gobierno. “En los hechos, prevaleció un narcogobierno”, dijo, y preguntó sobre el dinero acumulado por García Luna:

“Porque no solo son las acusaciones, sino la acumulación de dinero. No es posible que alguien que empieza muy joven (…) porque no estamos hablando de un heredero de fortuna familiar, estamos hablando de una persona que seguramente con el esfuerzo de sus padres termina una carrera, en relativamente poco tiempo llega a acumular tanto dinero”.

En agosto de ese año la lectura de la sentencia se fijó para el mes de octubre. “¿O sea que ya van a la sentencia? Pues está muy bien, se hizo mucho daño al país… y ojalá salga todo y se sepa todo”, celebró el entonces presidente.

En otra oportunidad, agregó: “Se tiene que ver el daño que se cometió a la sociedad, a nuestro país, también al pueblo de Estados Unidos, al gobierno de Estados Unidos… Y yo lo que creo que es muy importante es que no haya impunidad, para que no se dé la repetición de estos casos”.

El 16 de octubre García Luna fue sentenciado por narcotráfico a 38 años de prisión. Claudia Sheinbaum acababa de llegar a la presidencia del país. Dijo en su propia “mañanera” que la sentencia emitida por la Corte de Nueva York demostraba que el exsecretario “era un narcotraficante”: “No hay diferencia entre este personaje y El Chapo”.

Sheinbaum llamó “hipócrita” a Calderón cuando este declaró que nunca tuvo evidencia verificable de que García Luna hubiera colaborado con el Cártel de Sinaloa: “Esto nos debe llevar a una reflexión profunda de lo que fue ese periodo, de la degradación a la que se llegó”.

Hoy han terminado los días de celebración por la ayuda de Estados Unidos “para seguir limpiando la corrupción en México”. Los días de las solicitudes para que una mayor cantidad de información --que “magínense” lo que ayudaría--, sea entregada a los fiscales.

A solo unos semanas de la acusación contra el exgobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y nueve funcionarios y exfuncionarios; a solo unos años de la entrega de un general de cinco estrellas al gobierno de Donald Trump, y el mismo día en que Los Ángeles Times informa que las investigaciones de Estados Unidos en contra de funcionarios mexicanos presuntamente involucrados con el crimen organizado alcanzaron a otros dos gobernadores, el de Sonora, Alfonso Durazo, y el de Tamaulipas, Américo Villarreal, el ansia de justicia terminó.

Según la carta que dio a conocer ayer, al salir nuevamente de su supuesto retiro, al poderoso expresidente que dio por válidos los testimonios de narcotraficantes y avaló sin reservas los mecanismos del sistema judicial estadounidense en el caso García Luna, las investigaciones de Estados Unidos le parecen ahora prácticas intervencionistas y nada escrupulosas.

Ya no dice que falta más. Ya no dice que podría ser mayor el aporte.

Ha descubierto ahora que funcionarios de Estados Unidos a los que, con un sentido del insulto que termina por volverse humorístico, califica de “paleros, manipuladores, caciquillos, vividores, ladrones polizontes, tinterillos, especuladores, filibusteros, potentados, trepadores o malvados”, están tramando debilitar a Morena y fortalecer a la oposición de derecha.

Sostiene que esos “malvados” son los mismos que fabricaron un expediente contra el general Salvador Cienfuegos y lograron que la Secretaría de Marina se alineara a los intereses de Washington en el sexenio de Calderón. Llama a Donald Trump a que deje de depender “de sus inexpertos, resentidos y fanáticos consejeros, que no son precisamente hombres de Estado”.

El gobierno de Estados Unidos había anunciado nuevas acusaciones, que estarían llegando en oleadas. Ha sostenido que tiene en las manos evidencia abundante sobre los nexos de funcionarios con el Cártel de Sinaloa. Tras el mitin de Claudia Sheinbaum el domingo pasado, presentó al general Mérida Sánchez encadenado.

Y ayer se dio la filtración de las investigaciones en contra de los dos gobernadores, uno de los cuales fue secretario de seguridad de López Obrador durante la primera parte de su sexenio.

En los hechos, el otro López Obrador habría dicho que estamos frente a un narcogobierno. Ahora sale con un paraguas a tratar de frenar la tempestad. Qué tan grave será lo que saben, hasta dónde llegará lo que viene.

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