¿Bastará una foto con Sheinbaum, gobernador Cuitláhuac García?

Héctor De Mauleón

Dos hombres bajaron de una moto y caminaron hacia donde estaba Raúl Castillo Cruz, exdirigente panista, abrieron fuego en su contra e hirieron a otra persona

 

Llegaron a su negocio, un autolavado en el centro de Yanga, Veracruz, y lo asesinaron a tiros. Ayer, al mediodía, dos hombres armados bajaron de una moto y caminaron hacia donde se encontraba Raúl Castillo Cruz, exdirigente panista, excandidato a la presidencia municipal y exdelegado de Tránsito estatal: abrieron fuego en su contra e hirieron a otra persona. 

En julio de 2019 el político había sufrido otro atentado al lado de su hija. Logró salvarse porque se refugió en la comandancia municipal. 

El gobernador del estado, Cuitláhuac García, envuelto en una crisis política por el escándalo del encarcelamiento del exdirigente de Movimiento Ciudadano en la entidad, José Manuel del Río Virgen, por el hallazgo de nueve cuerpos desnudos y torturados y por la difusión de un video en el que se involucra a su secretario de gobierno, Eric Cisneros Burgos, con las actividades de un grupo criminal, se hallaba en la capital del país, a punto de recibir el espaldarazo de la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum

“A ambas administraciones las une la lucha por la democracia y la igualdad”, escribió Sheinbaum, luego de la firma de un convenio signado por ambos mandatarios, y de la exhibición de fotografías que los muestran –una de ellas, sonriendo ampliamente– en el Antiguo Palacio del Ayuntamiento. 

Más de 55 homicidios habían ocurrido hasta ese momento en Veracruz, durante los primeros 15 días del año. 

El hermano de Castillo Cruz, de nombre Israel, fue asesinado en junio de 2021 en la comunidad de Los Mangos, cuando el auto del candidato panista a la alcaldía de Yanga, Gerson Morales, fue acribillado “por desconocidos que se dieron a la fuga”. 

“Mi querido Manito –escribió Castillo Cruz en sus redes sociales, siete meses antes de ser acribillado él mismo–, no hay una palabra que pueda describir lo que siento por tu irreparable pérdida en esta cobarde agresión (…) Eras el hermano pequeño y siempre eras la mente maestra”. 

En esos días, de cara al proceso electoral, Veracruz registraba el mayor número de eventos de violencia política: 51 casos. 

La inmersión en el dantesco infierno veracruzano de esos días enchina la piel. Según un reporte de Lantia Intelligence, la violencia político-electoral en el estado fue sobre todo “un mecanismo empleado por las organizaciones criminales para controlar carteras clave de la administración local” (jugaron también intereses políticos, y de caciques de la región). 

En esa sangrienta turbulencia tomaron parte los ánimos de expansión del Cártel Jalisco Nueva Generación y de grupos como los Zetas Viejas Escuela y el Cártel del Golfo. 

El espacio de esta columna no alcanza para consignar la serie de agresiones, producto de la violencia criminal y política, que sacudió Veracruz antes y después de pasado proceso electoral. 

Dos días antes de la jornada, en las puertas de su domicilio, fue acribillado el candidato de Movimiento Ciudadano a la alcaldía de Cazones, René Tovar Tovar. Los agresores intentaron secuestrarlo. Se resistió. Le hicieron ocho disparos. Tovar había recibido amenazas para que se retirara. No las atendió. 

El 23 de junio la historia dio un vuelco. El presidente López Obrador señaló que el jefe de campaña de Tovar era “uno de los posibles involucrados” en el homicidio, “para quedarse él como candidato y ganar”. De ahí se habría derivado la extraña detención de José Manuel del Río Virgen, en cuya defensa salió el senador Ricardo Monreal: “Pobre Veracruz, tan lejos de la justicia”, y de donde, en medio de la pugna que se vive actualmente en Morena, se habría tomado la decisión de arropar al cada vez más cuestionado gobernador del estado. 

Con el asesinato de Tovar cerraba el proceso más violento de la historia veracruzana, con candidatos o aspirantes ejecutados, y con servidores públicos en funciones, amenazados, secuestrados, agredidos. 

El 2 de abril de 2021 se hallaron los cuerpos de la candidata priista a la alcaldía de Mixtla de Altamirano, en Zongolica, y de su esposo, y exalcalde del municipio, Gonzalo Elías Zopiyactle. A su lado había un mensaje del crimen organizado dirigido a narcomenudistas: “Esto apenas empieza”. 

En Cosoleacaque fueron asesinadas la exalcaldesa Gladys Merlín Castro y su hija Carla: la mujer estaba en pláticas para lanzarse por Morena como aspirante a la alcaldía. Una semana antes habían cazado en una carretera a otro aspirante de ese partido, Gilberto Parra Ortiz. 

También el precandidato del PRI a la alcaldía de La Perla, José Vázquez Lucas, fue asesinado. Dos hombres en moto lo acribillaron a las afueras del palacio municipal. 

La madre de un alcalde, Octavio Pérez Garay, fue secuestrada. Lo mismo ocurrió con el candidato de Morena a la alcaldía de Emiliano Zapata, Daniel Orozco, y con el dirigente municipal de Todo por Veracruz, Rafael Higareda (uno de sus colaboradores murió durante el secuestro). En un ataque a su casa de campaña, el jefe de prensa del candidato de Podemos, José Castillo, fue acribillado. El cuerpo del candidato a la alcaldía de Misantla, José Gaspar, fue hallado en un camino. 

El 18% de los asesinatos políticos ocurridos en México en el proceso electoral de 2021 se dio en Veracruz, en donde ayer fue asesinado Raúl Castillo. 

¿Bastará una foto con Sheinbaum para calmar el polvorín en que se halla parado Cuitláhuac García? 

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