AMLO y el narco

Héctor De Mauleón

El video ha circulado viralmente desde el fin de semana previo al Primer Informe de Gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador. Durante una gira por el sur del país, un grupo de ciudadanos se acercó a la camioneta del mandatario para pedirle que enviara al Ejército a detener la ola de violencia que desató el crimen organizado.

—No se dialoga con agresores. Se garantiza un derecho inmediato. Manden al Ejército inmediatamente. No tenemos armas… —le dijo al presidente un hombre desesperado. Una mujer lloraba detrás de este. López Obrador contestó:

—El Ejército no se usa para reprimir al pueblo.

—¡Carajo! —reviró el ciudadano escandalizado— ¿El narco es pueblo?

La respuesta de AMLO fue: —Sí, es pueblo, todos son seres humanos.

Habían pasado unos días desde el escándalo provocado por las declaraciones de la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, que revelaron que el gobierno federal había estado dialogando con supuestos grupos de autodefensa: “Hemos estado en zonas de Guerrero, de Tamaulipas, de la Huacana, Michoacán…”, dijo. Y agregó: “Estos grupos se han estado combatiendo unos a otros y han estado cometiéndose los homicidios de un grupo contra los otros y ya no quieren más muerte… no quieren seguir con esta violencia… quieren caminar hacia la paz”.

Sánchez Cordero no precisó si dichos grupos formaban parte del crimen organizado. En un tuit, la Secretaría de Gobernación le corrigió la declaración: se refirió a las “supuestas” expresiones, en relación a una “supuesta” intención de diálogo con bandas criminales y aclaró que el gobierno federal no dialogaba con ningún grupo del crimen organizado, sino “con auténticas autodefensas”.

El escándalo llegó acompañado de una revelación hecha por el gobernador de Tamaulipas. Francisco Cabeza de Vaca aseguró que el subsecretario de Gobernación, Ricardo Peralta, había tenido una reunión con Octavio Leal Moncada, líder de la Columna Armada Pedro J. Méndez —una organización que surgió en 2010 con el supuesto fin de defender de Los Zetas a la gente de Tamaulipas, y terminó convertida en un brazo activo del Cártel del Golfo.

Desde hace años, sobre la Columna pesan acusaciones de secuestro, homicidio, extorsión, robo, robo de vehículos y de ganado. Sus líderes tienen órdenes de aprehensión por delincuencia organizada. Cabeza de Vaca dijo que le había advertido al subsecretario “a dónde se estaba metiendo”, “que en Tamaulipas no existen grupos de auto defensa, sino grupos criminales”, y denunció que Peralta se había reunido con gente del grupo custodiado por elementos de la Policía Federal.

“¿Qué es están negociando a cambio, qué es lo que les van a dar?”, preguntó el mandatario estatal. Los gobernadores de Guerrero y Michoacán mostraron también su inconformidad. Advirtieron que los enviados de Gobernación estaban negociando con criminales.

El presidente negó que hubiera diálogo con bandas de la delincuencia organizada, dijo no estar de acuerdo con la decisión del subsecretario de reunirse con grupos armados y le pidió “ajustarse a la Constitución”. Peralta respondió que no se había reunido con grupos del crimen, sino con “luchadores sociales”.

En febrero, los “luchadores sociales” de la Columna Pedro J. Méndez candidatearon al exlíder de autodefensas, José Manuel Mireles, como jefe de la Guardia Nacional. A Mireles, como se sabe, se le acusa de haber permitido la infiltración del Cártel Jalisco en las autodefensas que combatían a Los Templarios.

Lo extraño es que el presidente ha contemplado, desde que era candidato, la idea del diálogo que hoy niega. Su propuesta de “amnistía” desató encendidos debates. En enero de 2018, en Yecapixtla, insistió que la propuesta era “para quienes quieran reincorporarse a la vida pública como gente de bien”. Un año más tarde declaró que “oficialmente no hay guerra” contra el crimen organizado.

En febrero visitó la tierra del Chapo, citó la Biblia, pidió “no hacer leña del árbol caído” y se condolió de la madre del narcotraficante.

En la Estrategia Nacional de Seguridad señaló que la amnistía era necesaria “ante la imposibilidad de derrotar las diversas expresiones delictivas por medios exclusiva o preponderantemente policiales y militares”. Todavía en julio de este año dijo que “si vemos que hace falta lo de la amnistía lo tratamos, pero está en espera… No está descartado, pero tenemos un plan y se está actuando”.

Ese plan se reveló a través de las declaraciones de Olga Sánchez Cordero. Tras el escándalo, decidieron guardarlo. Pero como dijo el presidente, está en espera.

 

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