Tras el abatimiento de Nemesio Oseguera, El Mencho, Audías Flores Silva, El Jardinero, no apareció en los reportes de inteligencia de la Marina y el Departamento de Justicia de Estados Unidos como candidato fuerte en la línea de sucesión.
Esa lista la encabezaban Juan Carlos Valencia González, El 03, hijastro del extinto líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, Hugo González Mendoza, El Sapo, y Abraham Jesús Ambriz Cano, El Yogurt.
Se mencionaba también a Julio Castillo Rodríguez, El Chorro, yerno del extinto líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, entre los jefes regionales más importantes de esta organización criminal.
Inteligencia Naval había anticipado la posibilidad de que, a falta de consenso, estos líderes empezaran a actuar de manera semiautónoma. De modo que se iniciaron labores de rastreo en busca de posibles indicadores de que el Cártel Jalisco hubiera acordado una sucesión.
No solo se monitorearon cuentas que en las redes sociales suelen funcionar como oficinas de prensa del crimen organizado. Se analizaron posibles cambios en los flujos de metanfetamina y fentanilo en corredores controlados por el CJNG, y se revisaron los patrones de violencia en estados controlados por este grupo delictivo.
Se monitorearon incluso narcocorridos, en busca de señales de una posible sucesión.
En esa investigación apareció Audías Flores Silva, El Jardinero, moviendo hombres, armas y dinero, a fin de quedarse al frente de la organización.
Según los reportes de la Marina, El Jardinero coordinaba operaciones criminales a gran escala en una inmensa franja del Pacífico: desde Nayarit a Guerrero, pasando por Jalisco y Michoacán. A través de grupos operativos extremadamente sanguinarios, había llevado la violencia incluso a Zacatecas, con la intención de meter al Cártel Jalisco al estado de Durango.
El gobierno de Estados Unidos ofrecía cinco millones de dólares por él. Desde octubre de 2024, cuando López Obrador se llevó sus “abrazos, no balazos” a su finca de Palenque, y el gobierno de Claudia Sheinbaum dio un giro radical a la estrategia de seguridad, la Marina se lanzó tras su rastro en colaboración con agencias de Estados Unidos, en el marco del llamado Entendimiento Bicentenario, que implica “acciones conjuntas en contra de amenazas comunes”.
El Jardinero había comenzado a crecer dentro del cártel tras su salida de la cárcel en 2019. Su ascenso coincidió con el sexenio de AMLO. Tras el abatimiento del Mencho buscó quedarse con el liderazgo del grupo criminal. Sus movimientos se fueron precisando, especialmente a partir de ese acontecimiento.
Desde los primeros meses de 2026, la Marina propinó una serie de golpes significativos al Cártel Jalisco Nueva Generación. Estos golpes incluyeron el aseguramiento de armamentos, buques pesqueros y semisumergibles en Colima y Nayarit, así como una cadena de detenciones y decomisos en los estados de Nayarit, Michoacán y Jalisco.
Tras el abatimiento de El Mencho, un reporte de la Semar recomendó ofrecer beneficios a integrantes del Cártel Jalisco Nueva Generación de niveles bajos e intermedios, con la intención de que pudieran ofrecer información sobre las finanzas, las rutas y los movimientos del cártel. En vista del “exitoso operativo” que había permitido ubicar a El Mencho en Jalisco, se recomendaba estrechar el intercambio de datos con las agencias de inteligencia de Estados Unidos.
Sostiene el secretario de Marina que se desató un seguimiento “sistemático, discreto y sostenido” que permitió establecer las rutas de El Jardinero, así como sus puntos de entrada y salida en 45 ubicaciones. “Se entendió no solo dónde estaba, sino cómo se movía, con quién interactuaba y bajo qué esquemas de seguridad”.
Lo que no se hizo en seis años se logró en 19 meses. El 25 de abril se obtuvo la ubicación precisa de El Jardinero, en las inmediaciones de Santa María del Oro, en Colima. Con más de 300 elementos y 10 aeronaves se inició el operativo.
El Jardinero viajaba en una Suburban. Al verse rodeado abandonó el vehículo y echó a correr. Pero las condiciones accidentadas del terreno no estaban de su parte. Tampoco, su precaria condición física. Se quiso ocultar en un drenaje, debajo de la carretera. Agentes navales saltaron de uno de los helicópteros que lo seguían y lo sometieron con facilidad.
Habían ensayado durante 100 horas y lograron detenerlo en unas cuantas: esas que el gobierno que lo dejó crecer, no quiso invertir para quitarles su bota de encima a las poblaciones de Nayarit, Jalisco, Michoacán, Guerrero y Zacatecas.
Estados Unidos solicita desde hace años su extradición.
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