El tema que más enrarece la agenda bilateral con Estados Unidos es el del fentanilo, en el que hay un evidente problema de salud pública que nadie pone en duda; pero que también fue y es utilizado como bandera electoral y arma política por el presidente Trump, quien responsabiliza en forma exclusiva a los carteles mexicanos de “envenenar a los estadounidenses”, que aparecen en su discurso como víctimas inocentes.
En la lógica de esta narrativa, una vez que las drogas entran a EU se transportan, distribuyen y venden prácticamente solas. En nada participan bandas como Crips, Juggalos, MS-13, Calle 18, Bloods, los Santos Poderosos, la Gorila Stone Mafia, los Mongoles, de entre más de 33 mil de acuerdo al FBI. Son solo pandillas callejeras violentas que no merecen la atención de la DEA. En tanto, los clubes de motociclistas que existen en toda la Unión Americana al estilo de los Hell’s Angels, Pagans, Sons of Silence, Bandidos, Gypsy Jokers, Cosacos, Red Devils, por mencionar algunos, son forajidos, renegados y rebeldes sin causa (outsiders), no narcotraficantes organizados bajo la forma de cárteles.
Los enemigos del pueblo norteamericano son narcos mexicanos (García Luna, el Chapo y el Mayo); chinos (Zhenli Ye Gon, Zhi Dong Zhang); o canadienses (Ryan James Wedding) porque, de acuerdo con la DEA, en EU no existen grandes capos del narcotráfico. John Gotti fue un invento mediático; la Mafia de Chicago (The Outfit) y las 5 familias de la Cosa Nostra Italo-Americana de Nueva York, son parte del imaginario colectivo, no organizaciones criminales domésticas que deben ser consideradas como narcoterroristas. La responsabilidad única de la epidemia de sobredosis por fentanilo es externa a los EU y hoy proviene de México.
Lo que esta narrativa en forma deliberada omite mencionar es que dentro de sus fronteras existen los pares de los carteles mexicanos, que no son ni sus socios ni sus peones y deben ser considerados causantes directos de la grave epidemia de sobredosis por fentanilo, junto con importantes sectores de la industria farmacéutica norteamericana.
Se trata de estructuras criminales consolidadas, independientes y propias de los EU (pandillas, clubes de motociclistas y mafias), dedicadas al narcotráfico que operan y funcionan como cárteles en todo su territorio, es decir: son responsables de producir drogas sintéticas (fentanilo, metadona, tramadol); transportarlas; garantizar la seguridad de los cargamentos; distribuirlas, fijar su precio y venderlas; proteger los puntos de venta; y ejercer violencia para mantener el control monopólico de toda actividad ilegal relevante sobre sus territorios. Sin embargo, EU oculta a sus narcos y a sus cárteles por razones económicas, de salud pública y políticas.
Los cárteles en EU no solamente recolectan el dinero producto de las ventas de drogas, sirven de puente para que los miles de millones de dólares que genera el mercado de las drogas fluyan desde las calles hacia “honorables” banqueros y empresarios, encargados de lavar el dinero y su reinserción en los circuitos financieros como un importante motor de la economía legal. Por obvias razones, invisibles e intocables por las leyes patrióticas, la DEA y los Departamento de Justicia y Seguridad Interior.
Recordemos también que la Unión Americana es la capital mundial del mercado de drogas; su consumo se ha convertido en parte de la cultura norteamericana y la guerra contra las drogas la mayor derrota desde el gobierno de Richard Nixon en los años 70’s, hasta la fecha. En este marco, la respuesta fácil es delegar la culpa del fracaso de sus políticas de salud pública en los cárteles mexicanos, a quienes utiliza como un saco de boxeo y chivos expiatorios, que aceptar que cada muerte por sobredosis es la expresión de políticas fallidas de prevención de adicciones, pues sería tanto como reconocer que la responsabilidad de todas las muertes por sobredosis es, en primera instancia, del propio gobierno americano.
Finalmente, designar a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas, sin considerar a sus cárteles domésticos; señalar al fentanilo como arma de destrucción masiva y afirmar que nuestro país está gobernado por organizaciones criminales, no son meras ocurrencias del presidente Trump. Detrás de esta narrativa hay una estrategia de poder para llevar un tema que claramente es de educación, salud y seguridad pública al ámbito de la seguridad nacional de los EE.UU. y con ello justificar sus pretensiones imperialistas. No importa que la narrativa se sustente en mentiras basta que, como decía George Orwell, en el lenguaje político las mentiras suenen a verdad para ciertos sectores de la población.
EU no va a armar Drones Predator y Reaper con misiles Hellfire para “neutralizar” narcoterroristas en suelo mexicano, como lo ha hecho en el Medio Oriente y en África, sería una pésima estrategia considerando que México es su principal socio comercial, pero eso no quiere decir que debamos quedarnos con los brazos cruzados y permitir que imponga, ante la opinión pública mundial y el concierto de naciones, su narrativa del fentanilo como discurso de verdad, en detrimento de la imagen de nuestro país. Comencemos por poner en evidencia sus omisiones.
Miembro de Número de la Academia Mexicana de Criminología
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