Pocos jugadores logran dejar una huella tan profunda y, a la vez, tan significativa como la que ha marcado Álvaro Fidalgo en el Club América. Su reciente partida al Real Betis de España no es el final de una era, sino el inicio del capítulo más ambicioso en su carrera, un movimiento que subraya su importancia no sólo para el americanismo, sino también para el futuro de la Selección Mexicana.

En Coapa, Fidalgo fue —sin exagerar— el corazón que impulsó el juego.

Su etapa culminó con un histórico tricampeonato de Liga MX (Apertura 2023, Clausura 2024 y Apertura 2024), una gesta que lo consagra como una pieza central de la “etapa dorada” reciente.

En su paso por las Águilas, participó en 221 partidos, anotó 22 goles y dio 30 asistencias. Si bien, sus números son excelentes, su verdadero legado reside en cómo se consolidó como el eje y conductor innegociable del mediocampo, un faro de inteligencia en la cancha.

Ahora, el Maguito ha cruzado el Océano Atlántico y su inicio en el Real Betis es prometedor. Se le ve cómodo, respaldado por un cuerpo técnico que entiende su estilo de juego, uno muy parecido al que le permitió triunfar en México: La posesión de balón y la asociación constante.

Está contento, y esa confianza se traduce en resultados inmediatos.

Este regreso a una Liga de primer nivel es más que un paso natural, es una auténtica declaración de intenciones.

Pero la parte más apasionante de esta historia no está en Sevilla, sino en la posibilidad de verlo vestir la camiseta del Tricolor. Fidalgo no sólo se ha naturalizado mexicano, sino que ha dado el paso definitivo al usar el recurso del One Time Switch de la FIFA para elegir a México como su Selección.

Su ilusión por acudir al próximo Mundial es abierta y genuina.

Su rendimiento en la Liga española es, y será, el principal argumento para su convocatoria.

Jugar al más alto nivel europeo lo mantiene en el radar y eleva la calidad de la competencia interna en el Tricolor.

Su partida al Real Betis fue, por lo tanto, un paso audaz y necesario para acercar esa “ilusión” a la realidad.

El llamado final dependerá, por supuesto, del seleccionador nacional. Sin embargo, un mediocampista con el recorrido, la visión, la capacidad asociativa y la mentalidad ganadora de Fidalgo, además de su compromiso explícito con la bandera mexicana, es un activo que la Selección no debería darse el lujo de ignorar, de cara al certamen mundialista.

De eje americanista a desafiante europeo, el camino de Álvaro Fidalgo se ilumina ahora con la camiseta tricolor.

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